Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

7.3.09

Cambio de Gabinete, Corrupción y Transparencia

A mayor dificultad y responsabilidad en la ejecución de determinadas actividades, mayor deberá ser la remuneración cuando éstas se ejecuten eficaz y eficientemente. Este es un principio lógico que estimula a que personas excelentemente preparadas se comprometan a ejercer altos cargos tanto en el sector privado como en el público. Supongamos que eso ocurre aceptablemente bien en el sector privado... ¿Qué haría falta para que también ocurriera en el sector público?

El Presidente de la República, por ejemplo, debería recibir el sueldo más alto del país por ser el responsable de decisiones y de proyectos que nos afectan a todos. Cada ministro debería también recibir una remuneración muy alta, aunque por tratarse de diferentes cargos quizás algunos deberían ganar más que otros. Sin embargo, todos esos sueldos deberían tener una parte fija y otra variable (o bonos de productividad) que aplique de acuerdo al logro de metas previamente estipuladas.

Por ejemplo, si un ministro gana actualmente Bs.F. 15.000 mensuales, pero su nivel de responsabilidad ameritaría que ganase tanto como un alto gerente que ganase Bs.F. 75.000, es posible que esos 50.000 de diferencia lo estimulen a rebuscarse unos churupitos extras... y aquí es donde aparece la corrupcion en escena, con personajes como testaferros, comisionistas, regalos, etc., asociados a la asignación de contratos de obras de distinta naturaleza, o simplemente a compras que van desde seguros hasta papel tualé. Al final esos “churupitos” pueden terminar convirtiéndose para ese ministro en, por ejemplo, Bs.F. 150.000 mensuales... por aquello de que “si vas a agarrar, agarra bastante para que puedas defenderte repartiendo o huir para salvarte”.

Si, por el contrario, a ese ministro se le asigna un sueldazo de Bs.F. 75.000 mensuales, entregandole 45.000 cada mes (3 veces su actual sueldo) y reteniéndole 30.000 hasta evaluar el cumplimiento de metas trimestrales, es posible que no tenga ni el estímulo ni el tiempo para armar complejos guisos de corrupción y se aboque en cuerpo, mente y espíritu a realizar sus actividades de manera impecable para no perderse sus bonos trimestrales.

Bajo un esquema de esta naturaleza, la transparencia no se limitaría a chequear procedimientos burocráticos tan enredados que los culpables se terminan yendo siempre con la cabulla en la pata, sino que se dedicaría a algo más relevante que sería velar por el cumplimiento oportuno de metas de gestión para que efectivamente el tal “fulanito” se merezca el diploma (con un super bono de Bs.F. 90.000) como “Ministro del Trimestre”.
Si a pesar de estas condiciones óptimas un funcionario incurre en hechos de corrupción, lo que provoca es que se le aplicara algo como la silla eléctrica... pero, no siendo tan radicales, debería ser destituido y llevado, él directamente, a juicio con la aplicación de todo el peso de la ley. Igualmente, si durante 1 año de gestión no logra cumplir sus metas, deberá ser reemplazado por uno entre numerosísimos venezolanos altamente calificados que estarán deseosos de demostrar sus destrezas y realizar una excelente gestión porque será, a su vez, excelentemente remunerada.

Hasta que algo así no ocurra, continuará la falta de rendición de cuentas, la poca transparente relación entre remuneración y resultados concretos... y el Presidente aplicando una especie de reelección indefinida del mismo rooster de ministros, cambiándolos de Primera a Center Field, de Right Field a Catcher de Catcher a Pitcher... etc., puros enrroques y reciclajes mientras el país se vuelve cada día más desorganizado, sucio, pobre y dolorosamente violento.

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