Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

17.8.14

Foco del cambio: ¿Cambiar los elementos o también las relaciones?

El cambio que insistentemente se proclama que ha sucedido en Venezuela en los últimos 15 años, parece fruto de aquel viejo adagio: "Que todo cambie para que nada cambie." Mucho más paradójico se torna al constatar el origen crítico de muchos de sus promotores. Venezuela ha cambiado, pero en el sentido de un viaje que comenzó en Guatemala para llegar a Guatepeor.

Henri Poincare, en uno de sus ensayos sobre divulgación de la Ciencia, afirmó hace más de un siglo, que a los matemáticos no les preocupa cambiar elementos o componentes de una ecuación, sino el cambio de las relaciones entre ellos. También este autor amplió ese concepto a la naturaleza del conocimiento científico como un todo, afirmando que: "lo cognoscible está en las relaciones entre objetos, no en los objetos en sí." Pueden distinguirse entonces dos tipos de cambio: el basado sólo en los elementos, manteniendo las relaciones intactas; y el que principalmente actúa sobre las relaciones.

Si tomamos esta reflexión de Poincare para aplicarla a nuestra realidad venezolana, observamos que quienes llegaron al poder en 1998, criticaban las relaciones de corrupción, entreguismo al imperialismo y desprecio hacia los venezolanos, en las que fueron supuestamente cayendo los partidos que dominaron la escena política del país. Digamos que en su crítica estaba, al menos implícita, un serio cuestionamiento de las relaciones que la clase política construyó con la administración gubernamental, con potencias internacionales y con la población venezolana. Fue difícil rechazar esa crítica y defender que se continuara con ese tipo de relaciones, ¿cierto?

Sin embargo, 15 años más tarde, observamos que el cambio no se enfocó en transformar las relaciones, sino que simplemente se concretó un cambio de los elementos:

  • Nuevos corruptos se encaramaron (y pareciera que además la corrupción es aún peor que la anterior).
  • Nuevas potencias extranjeras como China y Rusia sustituyeron a los nunca bien ponderados gringos, agregando un rosario de semi-potencias como Brasil, Argentina, Irán, Bielorusia y Cuba que, vergonzosamente vinieron a participar del festín de petrodólares que, por razones de mercado petrolero, llegaron al país sin que el gobierno tuviese otro mérito distinto al de estar debajo de la piñata cuando se reventó.
  • Nuevos represores, especialmente del estamento militar y de una delincuencia envalentonada, sometieron a la población venezolana, infundiendo un miedo aún mayor y más masivo que el que hubiésemos podido experimentar en épocas anteriores.
Ha habido un cambio en Venezuela, pero del tipo que no interesaría a Poincare, ni que promovería ningún gobernante decente. Sólo podemos aprender de este desastre y darnos cuenta de lo que ha ocurrido. Para ello, necesitamos plantearnos la siguiente pregunta: Si ahora queremos cambiar: ¿Qué tipo de cambio queremos? ¿Queremos otra vez cambiar solamente los elementos, o debemos esta vez cambiar también las relaciones?