Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

9.3.05

5 Líneas Pragmatégicas para Venezuela

Pragmategia es a lo civil lo que estrategia es a lo militar. El desafío civilista que estamos enfrentando en Venezuela demanda una orientación pragmática y orientada a logros sostenibles. Esta nueva orientación reemplazará a la que condujo a los venezolanos hasta el callejón donde nos encontramos.

1. De la lucha contra personas y principios a la lucha contra conductas y resultados
Comunicacionalmente y militarmente es más fácil presentar al enemigo como alguien de carne y hueso a quien, no importa lo que haga, se debe derrotar. Es, por el contrario, muy difícil identificar como enemigo a algo tan abstracto como un conjunto de conductas y sobre todo un conjunto de resultados perjudiciales, mediocres o decepcionantes para el país. La lógica implacable de los medios de comunicación hace inevitable ese reduccionismo de proyectar en una persona o en grupos de personas todo lo que no nos gusta, conduciéndonos hacia la fantasía en la cual la eliminación de un chivo expiatorio nos salvará del infierno que nos espera por todos nuestros pecados como país. Igualmente, desde la acera de enfrente, se cultiva hacia esa persona o grupos de personas la fantasía en la cual la exaltación de un héroe nos llevará a la tierra prometida que nos merecemos por ser los elegidos como país. Esta manera de entender la política como una guerra más que como una interacción, ha impedido que nos unamos para atacar juntos la irresponsabilidad que hunde al país y apoyar logros institucionales que nos fortalezcan a todos. La mentalidad militar entiende por victoria al sometimiento del enemigo y entiende por enemigo a personas de carne y hueso. De lo militar sólo queda militarización. De lo civil, en cambio, puede surgir civilización.

2. Del esquema Oposición vs. Gobierno al esquema Prosperidad vs. Saqueo
En la primera etapa de la lucha contra el autoritarismo en Venezuela, no solamente se vivió en ambos bandos la fantasía mítica de estar en un conflicto entre hermanos, sino que se descuidaron las instituciones de tal manera que muchas han terminado en manos de saqueadores o fuerzas de ocupación. Estas son personas cuyos intereses individuales o grupales son totalmente ajenos al país, aunque puedan disfrazarse muy bien con vistosos ropajes patriotas. Que el salario mínimo esté hoy por debajo de donde estuvo hace seis años, en medio de una bonanza petrolera; que haya tanto desempleo, subempleo y buhonería, en medio de la retórica del desarrollo endógeno; que se haya agravado la inseguridad y la falta de justicia, etc., son todas razones suficientes para que la gran mayoría de los venezolanos queramos que las cosas cambien, independientemente del bando político en el que nos ubiquemos. Esos resultados no pueden sino haber sido la consecuencia de un saqueo contra el cual todos debemos hacer algo para que no continúe y para que se revierta lo antes posible.

3. Del inmediatismo espectacular a la labor disciplinada para alcanzar objetivos a corto, mediano y largo plazo
Siempre pareció que los únicos objetivos políticos claros de los bandos en conflicto eran: a) Se va, se va, se va; y b) Uh ah… no se va. En lugar de plantear una contradicción más relevante, como la de Civil vs. Militar, el sentido de la lucha anti-autoritaria se desdibujó completamente, tanto en Abril 2002, como en la posterior toma “pacífica” de la Plaza Altamira. Aquí cabe reiterar la distinción entre ir contra personas o ir contra conductas. La militarización es la imposición irresponsable e interesada de una conducta o proceder; mientras que los militares son personas que pueden (o no) estar a favor de implantar esas conductas inconvenientes y perjudiciales para cualquier país en paz, así como pueden (o no) estar a favor personas civiles. El espectáculo de las fuerzas inmediatistas fue además amplificado y reverberado a través de los medios de comunicación, con el resultado de que la gran mayoría de los venezolanos perdimos la orientación como país, como sociedad, y nos quedamos temporalmente sin norte. Solamente una minoría, la que saquea sistemáticamente, la que en la práctica no se comporta como integrada por venezolanos sino como formada por fuerzas de ocupación, tuvo la claridad para perseguir sus objetivos y hacer cosas como subvencionar grupos similares en cualquier parte del planeta. Éstos parecen tener objetivos claros, llámense revolución, socialismo o bolivarianismo. El gran objetivo no es sino crear otra secta más en el mundo, con respecto a la cual (como en todas) sólo hay dos posibles ubicaciones: dentro o fuera (tal como sucede con la Santa Madre Iglesia del Fidelismo Cubano) y resulta que además “dentro” es aplicable  desde el ámbito de una finca hasta el país como un todo. No hemos valorado lo suficiente la consigna de los mal llamados “light”: aquí cabemos todos y hasta la más oficialista ahora Venezuela es de todos. Son señales de los venezolanos del bando gobiernero hacia los venezolanos del otro bando. A ninguno de los saqueadores de ambos bandos les interesa que eso se cumpla de manera literal y completa. Por eso, esas consignas deben asumirse, entre otros, como objetivos de mediano y largo plazo.

4. Del foco en el Poder al foco en elevar nuestros niveles de Energía
Venezuela es el país de la Energía. No solamente por el petróleo y el sol tropical que nos regala generosamente la naturaleza. Sino además por la energía de su gente joven, saludable y brillante. Ya algunos saqueadores le echaron mano al petróleo y al gas, y como Saurón, el del Señor de los Anillos, buscan echarle mano a muchas otras fuentes de energía y cubrir de sombras las instituciones con una cada vez más obscena borrachera de poder absoluto. Cada acción que emprendamos los venezolanos en contra de ese saqueo y a favor de un país próspero y con instituciones fuertes, debe dejarnos con un nivel de energía igual o mayor al que teníamos antes de iniciar dicha acción, y ese nivel superior de energía nos ayudará a ejecutar nuevas acciones exitosas. Llegamos como país a una especie de callejón porque muchos se empeñaron sólo en ganar, en ganar como si se tratase de una simple caimanera. Permaneceremos arrinconados por los saqueadores en la medida en que tengamos bajos niveles de energía, o sea, bajos niveles de entusiasmo para movernos y salir.  En la medida en que cuidemos y aumentemos nuestros niveles de energía, en esa misma medida podremos vencer al poder absoluto, al despotismo, al autoritarismo, comenzando por el autoritarismo que nosotros mismos podamos estar practicando en diferentes sitios y con diferentes personas.

5. Del impedir cambios a propiciarlos y buscarlos
Hay resistencia al cambio en muchos venezolanos y las razones para que ocurra esa resistencia son por lo general miedos: miedo a lo desconocido, miedo a perder lo que tenemos, miedo a cometer errores, miedo a hacer el ridículo, etc. Durante la primera etapa de lucha anti-autoritaria en Venezuela, la lucha estuvo muy influenciada por muchos miedos que nos hicieron reactivos ante los cambios (algunos genuinos y necesarios, otros no) que planteaba el Gobierno. La situación actual del país requiere cambios y para querer que las cosas cambien hace falta tener esperanza en que los cambios serán para bien de la gran mayoría e idealmente para bien de todos. Sólo los gobiernos muy conservadores no quieren cambios. Por ejemplo, los gobiernos de derecha como el de Fidel, no les interesan cambios porque generan incertidumbre y temen perder lo que hasta ese momento han logrado. Todos los venezolanos queremos y necesitamos cambiar unas cuantas cosas. Solamente a los saqueadores no les interesa cambiar, porque pueden llegar a exponer el botín y encontrarse en situación de perderlo.

Unos amigos míos proponen convertir a Venezuela en un país de primera. Ese es un objetivo que implica construir, resolver problemas, mejorar incesantemente, tener éxitos… implica de todo menos saquear. Apliquemos inteligencia pragmática para lograrlo.