Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

29.9.05

Valorar el Pragmatismo

Considero conveniente aclarar dos conceptos antagónicos que buscan definir el Pragmatismo, uno más utilizado que el otro, con la intención de optar por el menos común y comenzarlo a difundir hasta que desplace al otro… y se imponga para beneficio de la mayoría.

El término surge originalmente en Estados Unidos a finales del siglo XIX para nombrar una corriente filosófica inscrita en la tradición anti-metafísica, tradición que tuvo mucho más vistosidad en Europa con pensadores como Nietszche y Heiddegger. El brillante filósofo norteamericano William James lo utilizó como título de uno de sus libros, luego de que otro filósofo compatriota, menos cosmopolita que James pero tanto o más profundo, Charles S. Pierce, hiciera uso de ese término con desenfrenada pasión. Justamente, partiendo de sus genuinos orígenes, el Pragmatismo podemos definirlo como una aproximación a situaciones, problemas, ideas, etc. basada en las consecuencias o resultados a los que nos pueden llevar nuestras acciones. El Pragmatismo podemos entonces definirlo como una particular sensatez o inteligencia en el actuar, que nos hace concientes de hacia dónde nos pueden llevar nuestros actos. Pragmático es quién se pregunta: “¿Esto que pienso, digo o hago me ayudará a obtener lo que realmente quiero?”

Nótese que originalmente se trataba de una filosofía-alerta, de un movimiento cuestionador. No se planteaba que necesariamente se debían perseguir sólo los intereses mezquinos y egoístas. Pero es así como derivó el uso del término para nombrar exclusivamente las actitudes más interesadas y torcidas que sólo busquen el beneficio individual, sin importar los otros. Y lamentablemente este es el concepto más difundido.

Tengo la tesis de que se puede ser, por ejemplo, pragmático y altruista simultáneamente; o pragmático y espiritual; o pragmático y capitalista, así como pragmático y comunista. El conjunto de principios y valores que cada quien tenga no tienen por qué impedir una aproximación pragmática a la vida. Son las actitudes dogmáticas y reduccionistas las que entran en contradicción con un enfoque pragmático. Por ejemplo, recientemente líderes venezolanos han antepuesto sus “verdades” como bastiones a ser defendidos, despreciando el terreno concreto de la lucha política y el sentido que ésta tiene para la mayoría del país.

Necesitamos líderes pragmáticos. Necesitamos líderes que escuchen al país, que capten nuestras ambiciones como pueblo y nos las muestren en sus discursos como  efectivamente las quiere la mayoría, y que, estando claros con lo que más valoramos y queremos, actuemos juntos y organizados para alcanzarlo pragmáticamente. Con líderes así, cada una de nuestras marchas, protestas, elecciones y demás acciones no ocurrirán porque “nos asiste la razón” o por cualquier otra creencia principista, sino porque tendrán relación con lo que queremos construir… porque las haremos de tal manera que sus consecuencias apoyarán el logro de objetivos políticos, sociales, económicos y ambientales que nos planteemos los venezolanos.