Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

22.10.05

Representación proporcional y latifundio político

El irrespeto a la representación proporcional de las minorías ha quedado oculto tras el uso de un término peculiar: morochas. Estar a favor de las morochas significa apoyar algo que podemos llamar latifundio político. El latifundista político es aquél que quiere adueñarse ilegítimamente (inconstitucionalmente) de enormes extensiones del territorio político.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) ha actuado en este tema como una especie de Instituto Nacional de Tierras (INTI) pero a la inversa. Es como si en lugar de ocupar los predios de una gran hacienda para convertir a un “latifundista malo” en un “pequeño o mediano productor agropecuario bueno,” ocupara conucos para desalojar a campesinos y pequeños productores y entregarle esas tierritas al gran latifundista. Ese es el efecto de las morochas: el gran latifundio político del MVR recibe, gracias a la aplicación de las morochas, territorios adicionales de distintos conuqueros políticos como pueden ser tanto los partidos de oposición como los movimientos afines al gobierno, léase Tupamaros, Podemos, PPT, etc. Depende de la Fedenaga política (Tribunal Supremo), la decisión que consagre o no el irrespeto que el INTI político (CNE) impone actualmente a los conuqueros políticos (Partidos Minoritarios) cuando ocupan las tierras políticas más productivas (Democracia).

Otra vez no reflexionamos sobre la manera como enmarcar la lucha en contra de las iniciativas anti-democráticas del gobierno. Al aceptar el curioso término “morochas” y su aplicación en las elecciones municipales y estadales, se ha fortalecido al lado del gobierno porque no aflora lo que está en juego. Pocos venezolanos han comprendido que las morochas son una mordaza o una mano negra que baja el volumen del micrófono cuando nos toca expresar nuestros planteamientos políticos. Las morochas son un filtro que convierte el arco iris político en una nubezota gris.

Avalar las morochas es colocar el territorio político en manos de un solo latifundista. Un rico que cree que representa tanto a los pobres que optó por no escucharlos más, a menos que sean su espejo, que repitan su mismo discurso vacío de originalidad y pleno de resentimiento. La política como escuelita alfabetizadora en la que masas infantilizadas no van más allá de ondear banderitas.

Rechazar las morochas es oxigenar la participación de muchos y diferentes actores políticos. Es distribuir la responsabilidad en la toma de decisiones públicas, uniendo corazones y mentes para equilibrar el rumbo del país. La política como actividad adulta y plural de ciudadanos libres.

Construyamos una nueva mayoría a favor de la democracia en todos los terrenos (político, económico, etc.) y a favor de la libertad, el respeto y el imperio de la ley, comenzando por respetar nuestra Constitución. Es poco menos que absurdo que la lucha contra el latifundio y los monopolios sea en todo terreno excepto el político.

Es totalmente absurdo que guardianes de nuestra Constitución sean quienes avalen su violación. Si es así, no merecen continuar como magistrados.

14.10.05

Escenarios pragmáticos para la reunión Chávez-Fedecámaras

¿Qué objetivos estratégicos puede estar planteándose el gobierno y los capitanes de empresa, respectivamente, al decidir sentarse en una mesa de diálogo? ¿Cuáles consecuencias pueden derivarse de un encuentro entre Chávez y Fedecámaras, luego de la prédica socialista del siglo XXI y el todavía recordado paro indefinido de Diciembre de 2002? ¿Tenemos chance el resto de los venezolanos de salir beneficiados de un encuentro de esta naturaleza?

Imaginemos tres escenarios posibles en orden de balance de fuerzas a favor de Fedecámaras: 1. Señor, déjenos producir para que el país prospere; 2. Señor, sentémonos a negociar las expropiaciones con tranquilidad; y 3. Señor, esa vacuna está muy alta pero si la baja un poquito se la pagamos.

Señor, déjenos producir para que el país prospere
En este caso dominaría el objetivo estratégico de los empresarios de mantenerse como tales y buscarían en el diálogo que el gobierno se comprometa con el objetivo común de generar más empleos y estabilizar el clima para la inversión. La argumentación por el lado de Fedecámaras abundará en referencias a España, Chile, Brasil y otros casos de Socialismo del Siglo XXI en los que el empresariado cumple un papel muy importante como fuerza para generar inversión, empleos y prosperidad. Se evitará atacar la experiencia cubana o cualquier otra que pueda herir los sentimientos del Presidente.

Por su parte Chávez colocará también su discurso en la necesidad de crear mucho empleo y en una justificación “endógena” para que haya más inversión y los empresarios se interconecten con redes productivas de cooperativas y demás unidades de producción en la que el pueblo organizado será cada vez más próspero. Dirá que los conflictos son clavo pasado y que ahora a Venezuela unida no la para nadie.

Una consecuencia de un escenario así puede ser la desmoralización de los extremos más radicales del chavismo y la oposición, creando una paz social para 2006, año en el que Chávez se juega otra vez la posibilidad de extenderse 6 años más en el poder. Si esta es la ambición de Chávez, es una excelente oportunidad para exigirle medidas concretas (cambios de ministros, liberación del régimen cambiario, recuperación de la autonomía del BCV, etc.) y sabiamente debilitar algunos de sus pilares fundamentales de poder... ¿Quieres paz y prosperidad? Entonces entrega poder y descentraliza. Dando y dando.

Señor, sentémonos a negociar las expropiaciones con tranquilidad
Si hay el temor en Fedecámaras de que el plan socialista es indetenible y que hay poco margen de maniobra, su objetivo estratégico es probable que sea el de “agarrando aunque sea fallo.” En este diálogo, abundará lo legal pero sólo en apariencia… en el fondo de lo que se tratará es sobre cuánto es lo que evitaré perder si conducimos como empresarios una “retirada ordenada” hacia Florida.

Por su parte Chávez no dará sorpresas. Será más de lo mismo con su discurso revanchista y por debajo de la mesa buscará el camino menos caótico para irse adueñando del sector privado corporativo. El carómetro indicará la derrota de los grupos económicos, aunque en el discurso quieran dar otra impresión.

Una consecuencia previsible de algo así es que en un tiempo, quizás uno o dos años, el poco sector privado de pymes que quede estará trabajando directa o indirectamente para el Estado. Una casta de gerentes públicos (sobre todo militares) vivirá al estilo del jetset, como ocurre con los de la Nueva PDVSA, en un país languideciendo entre los colmillos de una burocracia vampirezca.

Señor, esa vacuna está muy alta pero si la baja un poquito se la podemos ir pagando
Esta no se llamaría reunión sino emboscada. Con nombre y apellido se entregarán las “vacunas” o compromisos de contribución a la campaña electoral del comandante que a cada empresario le corresponde dar sin chistar. No es opcional. Si se niega, lo paga con una expropiación que cobrará en el Siglo XXIII, o peor, se expone a recibir amenazas directas por parte de funcionarios hamponiles a quienes no se les agua el ojo para ir de la amenaza al hecho.

Chávez les dirá claramente que seguirán allí en sus empresas en tanto la revolución lo considere necesario. Que lo que allí se dice, allí se queda, porque revelarlo a la opinión pública resultaría materia de seguridad nacional y quien lo haga se le hará un juicio por golpista y traidor a la patria. Quedarse sentado y escuchar será igual a ser secuestrado, aunque después salgan caminando y sonrientes en las fotos. EL carómetro no servirá. Grabar lo dicho, aunque peligroso, es una de las pocas posibilidades de salvación.

El país ya no tendría que esperar más por el comunismo. El paredón estará ahí mismito y la sed de revancha y el resentimiento infinito se desahogaría por un rato… hasta que le toque a camaradas traidores o a seguidores incómodos que son demasiado respondones y habladores de pistoladas… porque con eso hacen que se debiliten la reserva y el glorioso ejército, nada menos que los responsables de ganar la más espectacular guerra asimétrica de los seis días, porque eso será suficiente para que el comandante derrote a los cobardes EEUU.

Evitar los escenarios indeseables por parte de Fedecámaras depende de acciones previas a la reunión. Si se crea la matriz de opinión para favorecer el escenario 1, al gobierno se le puede complicar el asunto al querer desviar la reunión hacia los otros escenarios. Si junto con la matriz de opinión se invitan observadores, aunque sean de parte y parte (como por ejemplo sindicatos o gremios), también se colocará otra traba al gobierno para que no incline tan fácil y obscenamente la balanza de fuerzas hacia su lado. A esta reunión no deben ir todos los empresarios importantes. No poder amenazar a todos los claves de un solo golpe y tener que hacerlo por partes debilitará los escenarios más amenazantes del gobierno. Incluír una sorpresa o algo inesperado (como por ejemplo que se presente Gustavo Cisneros en la reunión) ayudará a restarle potencia a posibles agendas amenazantes.

No hacer nada antes y simplemente ir a dialogar de lo más tranquilos con Chávez es caminar la milla verde (*).
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(*) The Green Mile (1999). Película de Warner Bros. basada en un libro de Stephen King y protagonizada por Tom Hanks. La milla verde le decían al recorrido que hacían en una cárcel estadounidense los condenados a muerte.

29.9.05

Valorar el Pragmatismo

Considero conveniente aclarar dos conceptos antagónicos que buscan definir el Pragmatismo, uno más utilizado que el otro, con la intención de optar por el menos común y comenzarlo a difundir hasta que desplace al otro… y se imponga para beneficio de la mayoría.

El término surge originalmente en Estados Unidos a finales del siglo XIX para nombrar una corriente filosófica inscrita en la tradición anti-metafísica, tradición que tuvo mucho más vistosidad en Europa con pensadores como Nietszche y Heiddegger. El brillante filósofo norteamericano William James lo utilizó como título de uno de sus libros, luego de que otro filósofo compatriota, menos cosmopolita que James pero tanto o más profundo, Charles S. Pierce, hiciera uso de ese término con desenfrenada pasión. Justamente, partiendo de sus genuinos orígenes, el Pragmatismo podemos definirlo como una aproximación a situaciones, problemas, ideas, etc. basada en las consecuencias o resultados a los que nos pueden llevar nuestras acciones. El Pragmatismo podemos entonces definirlo como una particular sensatez o inteligencia en el actuar, que nos hace concientes de hacia dónde nos pueden llevar nuestros actos. Pragmático es quién se pregunta: “¿Esto que pienso, digo o hago me ayudará a obtener lo que realmente quiero?”

Nótese que originalmente se trataba de una filosofía-alerta, de un movimiento cuestionador. No se planteaba que necesariamente se debían perseguir sólo los intereses mezquinos y egoístas. Pero es así como derivó el uso del término para nombrar exclusivamente las actitudes más interesadas y torcidas que sólo busquen el beneficio individual, sin importar los otros. Y lamentablemente este es el concepto más difundido.

Tengo la tesis de que se puede ser, por ejemplo, pragmático y altruista simultáneamente; o pragmático y espiritual; o pragmático y capitalista, así como pragmático y comunista. El conjunto de principios y valores que cada quien tenga no tienen por qué impedir una aproximación pragmática a la vida. Son las actitudes dogmáticas y reduccionistas las que entran en contradicción con un enfoque pragmático. Por ejemplo, recientemente líderes venezolanos han antepuesto sus “verdades” como bastiones a ser defendidos, despreciando el terreno concreto de la lucha política y el sentido que ésta tiene para la mayoría del país.

Necesitamos líderes pragmáticos. Necesitamos líderes que escuchen al país, que capten nuestras ambiciones como pueblo y nos las muestren en sus discursos como  efectivamente las quiere la mayoría, y que, estando claros con lo que más valoramos y queremos, actuemos juntos y organizados para alcanzarlo pragmáticamente. Con líderes así, cada una de nuestras marchas, protestas, elecciones y demás acciones no ocurrirán porque “nos asiste la razón” o por cualquier otra creencia principista, sino porque tendrán relación con lo que queremos construir… porque las haremos de tal manera que sus consecuencias apoyarán el logro de objetivos políticos, sociales, económicos y ambientales que nos planteemos los venezolanos.

22.8.05

El socialismo es sumisión

Las modas ocurren. Y cierto tipo de modas ocurren bajo el formato retro. Por ejemplo, los jeans campana y la imagen del Che reaparecieron, recientemente, 30 y pico de años después de sus primeras apariciones.

Aunque se le llame “del Siglo XXI,” al socialismo no se le puede quitar el tufillo de moda retro. Mucho menos si quien lo proclama es un oficiante del militarismo. Nada positivo puede quedar del militarismo. La posesión de armas, la vida disciplinada de los cuarteles y el exhibicionismo en uniforme no alcanzan para mucho más que desfiles y unas cuantas funciones, pocas, pero importantes entre las cuales se encuentran: la defensa de la soberanía y de la constitución. En otras palabras, los militares tienen la honrosa y respetable misión de derrotar a enemigos externos e internos de nuestra sociedad; y para lograr esa misión podemos tener con ellos todo tipo de alianzas cívico-militares.

Pero el militarismo busca extender la esfera de acción de los militares más allá de sus límites naturales. El militarismo busca colocar, en posiciones de autoridad, a personas que por su condición de militares garanticen lealtad absoluta al “máximo jefe,” y no porque sean aptos y competentes para el cargo. Eso se ha presenciado en Venezuela en distintas oportunidades pero ha ocurrido especialmente en los últimos años.

La estructura castrense implica disciplina y esta se basa en la obediencia, sinónimo de sumisión. Una sociedad plagada de militares en posiciones de autoridad, desde el Presidente hasta los alcaldes y jefes civiles, puede terminar en un oscuro período de sometimiento y opresión. La libertad es ofensiva para este tipo de autoridades. El control y el mando son su método. Eso es exactamente un régimen de derecha, desde el punto de vista social. Pero si al militarismo se le combina con una retórica socialistoide, el control y el mando gubernamental afectan también al ámbito económico, a la producción de bienes y servicios, al mercado y sus libertades. Eso es exactamente un régimen de izquierda, desde el punto de vista económico.

Ese tipo de combinación de régimen ambidiestro es la que típicamente podemos observar en muchos regímenes socialistas o comunistas del siglo XX: Líderes militaristas; pueblos sometidos a un eterno susto de que “ya viene el lobo”; sociedades enteras sometidas, como si fueran ejércitos, para que produzcan sólo a niveles de subsistencia; países pobres que siempre necesitan ayuda; pueblos poco capaces de valerse por sí mismos, excepto para vigilarse entre ellos, para asegurarse de que todos estén sometidos, de que todos cumplan su misión: el socialismo es sumisión.

No hay prosperidad posible en el socialismo y mucho menos si es militarista y todavía menos si es endógeno. Ni siquiera enormes cantidades de petrodólares la pueden generar. No ocurrió en el Iraq del Baas y el Comandante Saddam. No ocurrió en la Libia de la Revolución Verde del Coronel Gaddafhi. Los principales beneficiados en esos regímenes son las autoridades que administran los botines petroleros: el Líder Supremo y sus funcionarios escogidos a dedo.

Llamar “imperio” a sociedades democráticas donde hay libertades civiles y económicas, donde los ciudadanos deciden cómo producir y llevar sus vidas sin tener que pedirles permiso a funcionarios fanatizados y pseudofascistas, no es sino una proyección de la propia condición imperialista de quien usa su poder petrolero circunstancial para concentrar más poder y llevar sumisión más allá de sus descuidadas fronteras.

¿Esperaremos a que pase la moda retro del “socialismo del siglo XXI” o nos organizamos ya para construir una sociedad próspera para todos los venezolanos?

Los enemigos no son los que se hayan puesto o que todavía tengan puestas franelas y boinas rojas. La prosperidad para cada uno de nosotros es un objetivo que une a todo el pueblo venezolano. Y la condición necesaria para que esa unión de los venezolanos se dé es el respeto que debemos tener a las diferencias, a las distintas maneras como podemos generar prosperidad: empresas, cooperativas, inversiones bursátiles, seguridad social, apertura comercial, apoyo a las exportaciones, etc. Plantear el tipo de sociedad que queremos para todos los venezolanos es necesario. Escuchar lo que la gente quiere es indispensable. Toda persona civilista (no-militarista), sea o no partidaria del actual gobierno en Venezuela, es un aliado para construir un país próspero para todos. Los únicos enemigos son los pocos militaristas que, estando o no en funciones de gobierno, lo único que quieren es administrar al Estado en su propio beneficio, sin arriesgar nada, controlando todo y por eso les cuadra tan perfectamente el discurso ambidiestro socialistoide o uno totalmente de derecha.

El enemigo de una Venezuela próspera es el militarismo y la sumisión. Es necesaria la rebeldía y unión de todos los civilistas (sean civiles o militares, porque también puede encontrarse el caso de militares civilistas, aunque suene raro). De lo civil nace la civilización. Del militarismo surge la barbarie y el atraso.

Solamente los países civilizados han sido y son los más prósperos del planeta.

9.3.05

5 Líneas Pragmatégicas para Venezuela

Pragmategia es a lo civil lo que estrategia es a lo militar. El desafío civilista que estamos enfrentando en Venezuela demanda una orientación pragmática y orientada a logros sostenibles. Esta nueva orientación reemplazará a la que condujo a los venezolanos hasta el callejón donde nos encontramos.

1. De la lucha contra personas y principios a la lucha contra conductas y resultados
Comunicacionalmente y militarmente es más fácil presentar al enemigo como alguien de carne y hueso a quien, no importa lo que haga, se debe derrotar. Es, por el contrario, muy difícil identificar como enemigo a algo tan abstracto como un conjunto de conductas y sobre todo un conjunto de resultados perjudiciales, mediocres o decepcionantes para el país. La lógica implacable de los medios de comunicación hace inevitable ese reduccionismo de proyectar en una persona o en grupos de personas todo lo que no nos gusta, conduciéndonos hacia la fantasía en la cual la eliminación de un chivo expiatorio nos salvará del infierno que nos espera por todos nuestros pecados como país. Igualmente, desde la acera de enfrente, se cultiva hacia esa persona o grupos de personas la fantasía en la cual la exaltación de un héroe nos llevará a la tierra prometida que nos merecemos por ser los elegidos como país. Esta manera de entender la política como una guerra más que como una interacción, ha impedido que nos unamos para atacar juntos la irresponsabilidad que hunde al país y apoyar logros institucionales que nos fortalezcan a todos. La mentalidad militar entiende por victoria al sometimiento del enemigo y entiende por enemigo a personas de carne y hueso. De lo militar sólo queda militarización. De lo civil, en cambio, puede surgir civilización.

2. Del esquema Oposición vs. Gobierno al esquema Prosperidad vs. Saqueo
En la primera etapa de la lucha contra el autoritarismo en Venezuela, no solamente se vivió en ambos bandos la fantasía mítica de estar en un conflicto entre hermanos, sino que se descuidaron las instituciones de tal manera que muchas han terminado en manos de saqueadores o fuerzas de ocupación. Estas son personas cuyos intereses individuales o grupales son totalmente ajenos al país, aunque puedan disfrazarse muy bien con vistosos ropajes patriotas. Que el salario mínimo esté hoy por debajo de donde estuvo hace seis años, en medio de una bonanza petrolera; que haya tanto desempleo, subempleo y buhonería, en medio de la retórica del desarrollo endógeno; que se haya agravado la inseguridad y la falta de justicia, etc., son todas razones suficientes para que la gran mayoría de los venezolanos queramos que las cosas cambien, independientemente del bando político en el que nos ubiquemos. Esos resultados no pueden sino haber sido la consecuencia de un saqueo contra el cual todos debemos hacer algo para que no continúe y para que se revierta lo antes posible.

3. Del inmediatismo espectacular a la labor disciplinada para alcanzar objetivos a corto, mediano y largo plazo
Siempre pareció que los únicos objetivos políticos claros de los bandos en conflicto eran: a) Se va, se va, se va; y b) Uh ah… no se va. En lugar de plantear una contradicción más relevante, como la de Civil vs. Militar, el sentido de la lucha anti-autoritaria se desdibujó completamente, tanto en Abril 2002, como en la posterior toma “pacífica” de la Plaza Altamira. Aquí cabe reiterar la distinción entre ir contra personas o ir contra conductas. La militarización es la imposición irresponsable e interesada de una conducta o proceder; mientras que los militares son personas que pueden (o no) estar a favor de implantar esas conductas inconvenientes y perjudiciales para cualquier país en paz, así como pueden (o no) estar a favor personas civiles. El espectáculo de las fuerzas inmediatistas fue además amplificado y reverberado a través de los medios de comunicación, con el resultado de que la gran mayoría de los venezolanos perdimos la orientación como país, como sociedad, y nos quedamos temporalmente sin norte. Solamente una minoría, la que saquea sistemáticamente, la que en la práctica no se comporta como integrada por venezolanos sino como formada por fuerzas de ocupación, tuvo la claridad para perseguir sus objetivos y hacer cosas como subvencionar grupos similares en cualquier parte del planeta. Éstos parecen tener objetivos claros, llámense revolución, socialismo o bolivarianismo. El gran objetivo no es sino crear otra secta más en el mundo, con respecto a la cual (como en todas) sólo hay dos posibles ubicaciones: dentro o fuera (tal como sucede con la Santa Madre Iglesia del Fidelismo Cubano) y resulta que además “dentro” es aplicable  desde el ámbito de una finca hasta el país como un todo. No hemos valorado lo suficiente la consigna de los mal llamados “light”: aquí cabemos todos y hasta la más oficialista ahora Venezuela es de todos. Son señales de los venezolanos del bando gobiernero hacia los venezolanos del otro bando. A ninguno de los saqueadores de ambos bandos les interesa que eso se cumpla de manera literal y completa. Por eso, esas consignas deben asumirse, entre otros, como objetivos de mediano y largo plazo.

4. Del foco en el Poder al foco en elevar nuestros niveles de Energía
Venezuela es el país de la Energía. No solamente por el petróleo y el sol tropical que nos regala generosamente la naturaleza. Sino además por la energía de su gente joven, saludable y brillante. Ya algunos saqueadores le echaron mano al petróleo y al gas, y como Saurón, el del Señor de los Anillos, buscan echarle mano a muchas otras fuentes de energía y cubrir de sombras las instituciones con una cada vez más obscena borrachera de poder absoluto. Cada acción que emprendamos los venezolanos en contra de ese saqueo y a favor de un país próspero y con instituciones fuertes, debe dejarnos con un nivel de energía igual o mayor al que teníamos antes de iniciar dicha acción, y ese nivel superior de energía nos ayudará a ejecutar nuevas acciones exitosas. Llegamos como país a una especie de callejón porque muchos se empeñaron sólo en ganar, en ganar como si se tratase de una simple caimanera. Permaneceremos arrinconados por los saqueadores en la medida en que tengamos bajos niveles de energía, o sea, bajos niveles de entusiasmo para movernos y salir.  En la medida en que cuidemos y aumentemos nuestros niveles de energía, en esa misma medida podremos vencer al poder absoluto, al despotismo, al autoritarismo, comenzando por el autoritarismo que nosotros mismos podamos estar practicando en diferentes sitios y con diferentes personas.

5. Del impedir cambios a propiciarlos y buscarlos
Hay resistencia al cambio en muchos venezolanos y las razones para que ocurra esa resistencia son por lo general miedos: miedo a lo desconocido, miedo a perder lo que tenemos, miedo a cometer errores, miedo a hacer el ridículo, etc. Durante la primera etapa de lucha anti-autoritaria en Venezuela, la lucha estuvo muy influenciada por muchos miedos que nos hicieron reactivos ante los cambios (algunos genuinos y necesarios, otros no) que planteaba el Gobierno. La situación actual del país requiere cambios y para querer que las cosas cambien hace falta tener esperanza en que los cambios serán para bien de la gran mayoría e idealmente para bien de todos. Sólo los gobiernos muy conservadores no quieren cambios. Por ejemplo, los gobiernos de derecha como el de Fidel, no les interesan cambios porque generan incertidumbre y temen perder lo que hasta ese momento han logrado. Todos los venezolanos queremos y necesitamos cambiar unas cuantas cosas. Solamente a los saqueadores no les interesa cambiar, porque pueden llegar a exponer el botín y encontrarse en situación de perderlo.

Unos amigos míos proponen convertir a Venezuela en un país de primera. Ese es un objetivo que implica construir, resolver problemas, mejorar incesantemente, tener éxitos… implica de todo menos saquear. Apliquemos inteligencia pragmática para lograrlo.