Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

18.8.09

Venezolanos: ¡A discre...ción!

Los soldados mueven uno de sus pies firmes a un lado y bajan el fusil en aparente posición de descanso. Es un descanso rígido, una especie de “aquí estoy para que me ordenen”. Órdenes que pueden ser precisamente discrecionales, o sea, lo que se le ocurra al oficial que conduzca al batallón.

El uso metafórico de términos militares se hace cada día más literal en Venezuela. La relación de subordinación de los poderes Legislativo, Judicial y Ciudadano al Ejecutivo ha ido carcomiendo un principio clave del sistema democrático como lo es la separación de poderes. Así mismo, la subordinación ideológica a la que también se somete a PDVSA y toda la administración pública, viola principios básicos de la democracia como lo son el Pluralismo y la  participación de todos los venezolanos en la conducción del país.
Recientemente se ha hecho demasiado evidente que la visión guerrerista de la política ya no es una metáfora. Quienes no pertenezcan al ejército rojo-rojito son enemigos. El caso Ledezma epitomiza lo lejos que puede llegar el fanatismo de los revolucionarios al patear el resultado de una elección libre, civil y democrática.
En este contexto se proclama atropelladamente y de madrugada una nueva Ley Orgánica de Educación con una rara mezcla de intenciones “liberadoras” y represoras. Por un lado vocifera la independencia de criterio, pero al mismo tiempo amenaza discrecional y punitivamente a quien “se salga de la fila” sobre todo a docentes, colegios y universidades privadas. Consagra la autonomía universitaria, pero a las universidades le impedirá seguir decidiendo sus políticas de ingreso o su oferta de carreras. Ensalza a los estudiantes y el paradigma de la educación liberadora, pero no se les permitirá escoger libremente lo que deseen y donde deseen estudiar.

La LOE lo que busca en definitiva, sobre todo con su Artículo 6, es legalizar que se nos grite cotidianamente a todos y especialmente a nuestros niños y jóvenes un ¡A discre...ción! Esto sería normal si estuviésemos en Cuba, Corea del Norte o Irán, donde el fanatismo militarista se impone sobre cualquier movimiento de libertades cívicas. Pero aquí tenemos una Constitución Democrática que todos debemos respetar, comenzando por las máximas autoridades. Por eso las pretensiones de convertir al país en un cuartel chocarán siempre con los principios allí consagrados.

No sólo debe derogarse la confusa y contradictoria LOE por su pésima técnica legislativa, sino para promover una Ley de Educación verdaderamente basada en la Creatividad, la Diversidad y la Libertad de Pensamiento que transforme a la educación venezolana. La arremetida fanática que el militarismo hace a la sociedad venezolana con la LOE, se parece a esas escenas de cine en las que un grupo de bandidos borrachos secuestran a personas y las amenazan para que bailen y gocen a juro en una tremenda rumba que a ellos se les antoja tener. La LOE esta plagada de falsas loas a la libertad mientras se yergue como instrumento de la más conspicua dominación del Estado sobre la Sociedad.

Sobre todo se perdió un principio básico de sensatez democrática y plural: las leyes además de imponer límites a los ciudadanos, deben también impedir el ejercicio discrecional de la autoridad gubernamental. Esto no se cumple con la LOE, por el contrario, el Estado controlará y decidirá todo. Y el Estado actuará nada menos que a través de la discreción de funcionarios con un pésimo récord en logros... ¿Cómo está funcionando la educación pública luego de 10 años de revolución?

El fanatismo de un pensamiento único y mucho más si es incompetente termina, más temprano que tarde, en violencia. Lo ocurrido a los periodistas de Últimas Noticias la semana pasada es una muestra de lo que puede suceder en el seno de escuelas y universidades que se resistan a la conducción militarista y discrecional de la sociedad venezolana.

No se trata de que esté planteado un conflicto entre militares y civiles, a secas. El militarismo es un tipo de fanatismo fascista que puede ser promovido tanto por militares como por civiles. También de la misma forma el civismo democrático puede ser abrazado por cualquier persona, sea civil o militar.

Militares civilistas y civiles democráticos debemos unirnos para defender nuestra Nación, la  Constitución y sobre todo el derecho a vivir en una sociedad libre, protegiéndonos de la amenaza de un Estado que quiere controlar todo y a través de funcionarios actuando discrecionalmente desde su febril y trasnochado fanatismo.

11.8.09

Un país devaluado

Con cada devaluación drástica de la moneda todos nos empobrecemos. Si la devaluación se extiende hacia ámbitos distintos al económico, como el de la educación y el de las industrias de contenidos (radio, TV, telecomunicaciones, etc.), imagínese el impacto. Venezuela se convierte aceleradamente en un país profundamente devaluado.

Mantener una tasa de cambio sobrevaluada por 6 años sólo indica que inevitablemente vendrá una drástica devaluación. Tal como Gerver Torres lo explica brillantemente en su artículo del pasado domingo, Venezuela vive actualmente una ficción económica. Somos una economía fuerte, tenemos un buen nivel de salario mínimo y disfrutamos de una relativamente baja deuda externa si calculamos esas cifras con base en la tasa oficial.

Pero al recalcular esas mismas cifras con base en una tasa más realista, la “sensación” de bienestar se evapora y desaparece. La economía venezolana está siendo manejada irresponsablemente, tanto que se le miente abiertamente al país pretendiendo engañarnos a todos, todo el tiempo. Eso no será factible mantenerlo indefinidamente porque la devaluación ocurrirá, irremediablemente, con desastrosas consecuencias para todos.

Llegar a este punto ha sido el resultado de una creciente y desatinada intervención del Estado venezolano en la economía. Autoridades económicas y financieras han tomado decisiones que distorsionaron las lógicas más elementales implantando políticas como: a) El reverso de la sustitución de importaciones para que gastemos nuestras divisas, no en bienes de capital sino en bienes de consumo, favoreciendo el empleo en otros países; b) El reverso de la privatización de empresas productivas para que el Estado designe funcionarios que, con su poca capacidad y trasnochadas concepciones, terminan endeudándolas y ofreciendo pésimos resultados a trabajadores y clientes; c) El reverso de la flexibilización de mercados, imponiendo controles de precios y forzando una artificiosa estabilidad laboral que sólo auyentan inversiones sin impedir que aumente la inflación y el desempleo.

La devaluación en la economía proviene entonces de acciones devaluadas de políticas públicas, ejecutadas por personas sin la debida preparación y experiencia para ocupar dignamente las posiciones de autoridad que detentan.

Por si esto fuera poco, algo parecido se extiende hacia otros ámbitos. En paralelo a lo que ha venido ocurriendo en la economía, se adelanta desde la Asamblea Nacional una creciente intervención del Estado venezolano, a través de la Ley Orgánica de Educación, con la que se busca imponer un asfixiante control sobre cómo pensamos. No son precisamente las mentes más brillantes las que tendrán a su cargo el destino intelectual del país y es fácil prever que ocurra, al igual que con la economía, una profunda devaluación de los valores y destrezas de las futuras generaciones. Si nos basamos en conductas observables en muchos de los actuales funcionarios públicos serán la sumisión, la adulación, la mentira o la hipocresía las características dominantes de lo que pasará a considerarse una persona “muy educada”.

Así mismo desde la misma Asamblea y con intervenciones desde CONATEL, como brazo ejecutor, se busca reestructurar la industria de contenidos interviniendo sobre los distintos medios de comunicación, basados en la “genial” idea de que la Libertad de Expresión no es absoluta y por lo tanto debe ser regulada. Se pretende reformar la Constitución Nacional a partir de leyes inferiores para así devaluar a la misma Constitución, tal como se ha hecho con la devaluación de otros derechos humanos como es el de la vida (a través de la delincuencia aupada por la impunidad) y el de la propiedad (a través de expropiaciones, nacionalizaciones e invasiones, igualmente aupadas desde el gobierno).

El empeño en devaluaciones drásticas a todo nivel parece más el producto de una acción deliberada de las actuales autoridades, que un resultado fortuito. Pareciera que pudiésemos escucharlos gritar ¡Abajo la excelencia, la productividad y el criterio propio! ¡Arriba la devaluación del país!

En el país de los devaluados, el mediocre es rey.

3.8.09

¡Cállate, por favor!

Una amiga me contó que en una transnacional donde trabajaba, uno de los jefes, un mexicano muy peculiar, solía decirle a veces “¡Cállate, por favor!” y éso a ella le parecía una manera muy “graciosa” de ser maleducado (o autoritario) y, al mismo tiempo, educado (o sea, legal). Los procesos administrativos de Conatel a canales de TV y emisoras de radio parecen inspirados en ese oxymoron, porque con hipócritas cartas que comienzan con un “Tengo el agrado de dirigirme a Ud.” lo que realmente se busca es acabar con un derecho humano fundamental como lo es la Libertad de Expresión.

El Rey de España sigue siendo el rey y no fue hipócrita cuando mandó a callar al otro rey (pero de la pachanga). Lo hizo de manera muy directa y sin disimular. Total, las monarquías han sido tradicionalmente así y los reyes parten del principio de que ellos son los que mandan (a callar, a hablar, etc.). Por eso cuando se dice que existen “monarquías democráticas” aparte de ser otro oxymoron, de lo que en realidad se trata es de que existen “democracias reales” como la inglesa o la española, donde la reina o el rey y demás figuras del alto gobierno, deben someterse junto a todos los ciudadanos al imperio de la ley (aunque, a veces, a la realeza se les vea “el bojote” autoritario que han heredado de sus ancestros).

Pero en democracias irreales como la venezolana, las instituciones y las leyes son las que  terminan siendo esclavizadas o sometidas a los designios de algo que llaman Revolución. Al ser la Revolución algo esencialmente abstracto, como Dios, no puede hablar... Entonces ése ente abstracto se procura de vicarios que la representen y éstos canalizan (como mediums) el Verbo Revolucionario para que nos toque a todos. Así Fidel desde Cuba y su aprendiz por estos lares son quienes dictan (por eso se les llama dictadores...) lo que les manda a decir la Revolución.

Nos hemos enterado en las últimas semanas que la Revolución quiere que se regule la Libertad de Expresión porque se dicen muchas mentiras (léase verdades) inconvenientes, cosa que, argumentan los distintos poderes públicos, llega hasta poner en riesgo a la Nación y especialmente a la salud mental del pueblo. Dada tan grave situación, el instrumento del instrumento del vicario de la Revolución de aquí, que se llama Conatel, procede entonces a mandar a callar. Como se trata del oxymoron llamado dictadura democrática (del lumpen-proletariado) o Socialismo del Siglo XXI, los instrumentos del instrumento del instrumento llegan con “oficios” muy decentes a  televisoras y radios, avalados por otros instrumentos del Gran Vicario como son los poderes (jajajaja...) legislativo, moral y judicial, diciéndonos a los venezolanos en nuestra cara: ¡A callar todos, por favor!

Al final se resume en que se trata de todo un aparato estatal actuando agavillado para acallar críticas a la gestión gubernamental de turno y guardando una especie de cortesía hipócrita como la que el mexicano jefe le aplicaba a mi amiga. ¿Cuál es el parecido? En el caso del mexicano, una transnacional típica es una especie “dictadura privada” donde una Junta Directiva lanza directrices que los instrumentos de los instrumentos de los instrumentos deben ejecutar sin chistar. Y aquí lo que tenemos es un gobierno corporativizado peor que una transnacional, o sea, una Dedocracia donde el César tropical sube el pulgar para premiar a  seguidores, o lo baja para castigar a su antojo (sin importarle instituciones, leyes o voluntad popular expresada en votos) a quienes le adversen.

Mi amiga se fue de la transnacional y en eso también se parecen las dos situaciones. Las personas terminan naturalmente alejándose de ambientes hostiles, aunque la hostilidad la quieran hipócritamente vestir de legal o educada. El gobierno de turno en Venezuela seguirá perdiendo apoyo, tanto dentro como fuera del país, cada vez que pisotee los derechos humanos fundamentales consagrados en la Constitución de Venezuela.