Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

4.10.15

Desvíos (o desvaríos) éticos

La máxima "no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hagan a tí" es incuestionable. Nadie podría aspirar, en condiciones normales de convivencia social, a que otro ser humano merezca un trato peor al que uno espera para sí mismo. Sin embargo, esa máxima ética, esa regla de oro, no se cumple por parte de muchas personas, en la mayor parte de la cotidianidad de muchas ciudades y sociedades en general.

En el caso de Caracas y, quizás, en toda la Venezuela del siglo XXI, podemos relatar innumerables experiencias que confirman la avasallante implantación de otra regla: "hago a los demás cosas que no me gustaría que me hiciesen a mí y hasta no me importaría que se sepa que soy así de descarado e incongruente." Por ejemplo, en el tránsito por calles y avenidas: a) No respeto luces de semáforos ni demás normas de límites de velocidad, uso de luces de cruce, etc.; b) Si conduzco un vehículo no le doy paso a peatones o, si soy peatón o motorizado, me atravieso repentinamente a riesgo de dañar mi propia vida; c) Abuso de los demás, atropellándolos en salidas y entradas de los vagones del Metro o en busetas de transporte público.

En el terreno político la cotidianidad es también demasiado vergonzosa. Por ejemplo, la mayoría oficialista en la Asamblea Nacional le pasa aplanadora a cualquier iniciativa opositora y, de paso, aprueba leyes que habilitan a un Poder Ejecutivo (todavía más antidemocráticamente abusador) para que legisle en múltiples materias de interés nacional.

Ese mismo Ejecutivo, establece absurdos controles a las libertades económicas, mientras ampara y protege a quienes invaden terrenos, a quienes ocupan viviendas alquiladas sin pagar arrendamiento o pagando cantidades ridículamente bajas y a quienes importan de cualquier país "amigo" rubros que podrían ser producidos acá en Venezuela, creando empleos y seguridad de suministros hechos por y para los venezolanos.

Pero esos "empresarios" importadores se enriquecen y plagan de prebendas y comisiones a funcionarios corruptos, quienes a su vez son protegidos por un sistema judicial especializado en fabricar impunidad para el mejor postor; que además se presta para cualquier manipulación que termine en persecución de dirigentes políticos de comprobada honradez y probidad.

A ninguno de esos infractores de tránsito, invasores, diputados oficialistas, importadores y jueces les gustaría que les hicieran lo que ellos han estado hacíéndole a tantos venezolanos de manera cotidiana. Ellos han creado una sociedad abusadora en la que ellos mismos se sentirían mal si pasan de ser mayoría dominante, a minoría dominada. Un cambio político necesario es aquél que recobre las bases éticas sobre las que toda sociedad debe crecer y desarrollarse.

Rescatar la regla de oro no garantiza que todo el mundo la cumpla, pero sí nos permitirá que podamos de nuevo distinguir claramente, cuando alguien hace algo que está mal, algo que es reprochable, deplorable, condenable y así que nadie vuelva a salir tranquilamente a aplaudir abusos y demás desvaríos desde una ética torcida y desviada como la que impera en Venezuela.