Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

25.1.17

¿Sustantivo o procedimental? (de las trampas del enemigo)

Los derechos humanos son esencialmente un tema sustantivo. Determinar si se están violando o no por parte de un funcionario público abusador es una tarea sencilla de realizar. Tal como lo afirmamos en mi post más reciente, en el terreno político (o en cualquier otro) si un adversario te viola tus derechos humanos, deja de ser tu adversario y se convierte en tu enemigo.

Cotidianamente el gobierno dictatorial que en la actualidad tiene a Venezuela sufriendo su peor crisis, viola sistemática e impunemente los derechos humanos de prácticamente todos los venezolanos. La trampa que este tenebroso "enemigo íntimo" ha utilizado es la de "procedimentalizar" los reclamos en materia de derechos humanos. Por un lado, enreda judicialmente los reclamos a través de medidas cautelares que en sí mismas son violatorias de los derechos de personas detenidas arbitrariamente o vejadas de alguna otra manera; pero por otro lado protege a los propios violadores y cómplices, por acción u omisión en sus actuaciones.

Por ejemplo, son públicas y notorias las violaciones de derechos humanos que ministros, diputados o demás voceros del gobierno perpetraron al amenazar a funcionarios públicos, y a venezolanos en general, que si firmaban para convocar el Referendo Revocatorio los iban a "castigar" botándolos de sus cargos. Esas son violaciones del tipo discriminatorio al derecho #2 de la Declaración Universal, han sido flagrantes y son sustantivamente incuestionables.

El enredo lo provocan al "pelotear" a las víctimas para que vayan a distintos sitios buscando justicia. Mucho peor cuando se trata de violaciones del derecho a la vida, las víctimas ya no están presentes y sus allegados pueden lógicamente cansarse del peloteo con más facilidad. Si bien lo procedimental podría servir para alcanzar un resultado firme legalmente, con el estado de derecho vigente sería iluso apostar a esa vía.

Ante la trampa de forzarnos a utilizar la vía procedimental, los venezolanos debemos invocar cada uno de los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. De esta manera podemos obtener resultados de justicia sustantiva que impacte ante la opinión pública nacional e internacional y que acarree consecuencias morales, sociales y políticas que debiliten a nuestros enemigos (los violadores de nuestros derechos humanos). Para ello debemos apoyarnos en el artículo 23 constitucional:
Artículo 23. Los tratados, pactos y convenciones relativos a derechos humanos, suscritos y ratificados por Venezuela, tienen jerarquía constitucional y prevalecen en el orden interno, en la medida en que contengan normas sobre su goce y ejercicio más favorables a las establecidas en esta Constitución y en las leyes de la República, y son de aplicación inmediata y directa por los tribunales y demás órganos del Poder Público.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos está suscrita y ratificada por Venezuela. La Sala Constitucional actual no tiene competencia para interpretar ese texto y como ha sido cómplice de abusos, si lo hiciese, lo haría en contra de las víctimas. Esta instancia está ubicada en el terreno procedimental, no en el sustantivo.

En el sustantivo estamos las víctimas y eventualmente podremos llegar a lo procedimental, cuando la justicia sea verdaderamente neutral e impecablemente decente.

El asunto entonces va más allá del tema político. Muchos funcionarios, civiles y militares, de distintos niveles violan los derechos humanos de los venezolanos, no solamente los de algunos dirigentes opositores y de estudiantes que protestan en las calles. Seguir enmarcando el conflicto con el gobierno como un problema de la "disidencia" es limitado.

Tenemos una dictadura que nos afecta a todos los venezolanos. Es prácticamente una fuerza de ocupación que ha colonizado casi todas las instituciones y mantiene secuestrado el país. Si no violaran derechos humanos serían sólo nuestros adversarios, pero lamentablemente no es así,

Por lo tanto, son nuestros enemigos y debemos estar conscientes de ello.

23.1.17

¿Adversarios o enemigos? (o cómo proceder estratégicamente en 2017)

Para leer este artículo es requisito conocer la Declaración Universal de los Derechos Humanos que fue aprobada por la mayoría de los países miembros de las Naciones Unidas en 1948. Si no conoces el contenido de dicha declaración, por favor haz click aquí y revísala antes de continuar...

La situación en Venezuela en estos comienzos de 2017 es complicada. Venimos de un 2016 que comenzó bien por lo esperanzador y mal por la actitud del madurismo hacia el triunfo de la oposición en las elecciones legislativas nacionales, con el cual obtuvo los 2/3 de los diputados a la Asamblea. Apenas declarada tan importante victoria, el madurismo procedió a controlar fraudulentamente la Sala Constitucional del TSJ y a obstaculizar la concreción de los 2/3, fabricando un juicio contra los resultados electorales del Estado Amazonas.

De allí en adelante, el madurismo fue saboteando inclementemente la labor legislativa de la AN, culminando el año con el asesinato del Referendo Revocatorio y con la estratagema de un diálogo engañoso que le permitiera llegar a 2017 sin correr el riesgo de salir del poder. El malsabor que queda luego de interactuar con un supuesto adversario que transgrede cuánta regla de juego crea inconveniente, es lo que sentimos en este primer mes del año.

Muchas veces he escuchado a líderes democráticos venezolanos decir que para ellos el actual gobierno madurista es un adversario político, no un enemigo, a pesar de las permanentes referencias del madurismo para enmarcar la controversia como si se trata de un asunto de guerra. Entiendo a los líderes democráticos cuando se empeñan en creer que la guerra es sólo una metáfora utilizada por el madurismo y que prefieren continuar pensando que esos son sólo adversarios, como ocurre cuando se enfrentan equipos de béisbol o fútbol para ganar un campeonato. Un Caracas-Magallanes es la imagen idílica que muchos en la oposición han utilizado para digerir lo que vivimos.

Pero cuando los árbitros (CNE, Fiscalía, TSJ y demás tribunales, así como la Policía y la Fuerza Armada Nacional) entran a la cancha a darle batazos o patadas a la oposición, ya no se trata de un enfrentamiento entre adversarios; es, lamentablemente, una situación de guerra.

Entiendo por guerra, en un sentido amplio, a lo que sucede cuando se violan los derechos humanos de las personas. Eso puede ocurrir dentro del hogar (violencia doméstica), en la calle (delincuencia), en las empresas (explotación de trabajadores o acosos de cualquier naturaleza) o en el ámbito de lo público, de la política. Obviamente que guerra en sentido restrictivo es cuando se viola impúnemente e intencionadamente el derecho a la vida, pero la violación de ese derecho no es la única posible.

Existen 30 puntos o derechos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que van desde la no discriminación por ninguna característica de la persona (color, sexo, edad, posición política, creencia religosa, etc.), hasta el respeto a poder votar, participar en el gobierno, circular por el territorio, asociarse con fines pacíficos, trabajar, tener una vida digna, etc. En 2016 hemos sido testigos de una violación sistemática y general de los derechos humanos de prácticamente todos los venezolanos. No es un asunto que compete solamente a quienes pensemos distinto al madurismo, el gobierno se ha dedicado a someter por la vía violenta y autoritaria a millones de venezolanos. Basta con traer a colación el abuso perpetrado con el anuncio sobre la salida de circulación del billete de Bs. 100, con el que se afectó absolutamente a todo el mundo y que luego se le ha dado marcha atrás, sin ofrecer disculpas, sin dar la menor explicación que de manera convincente justifique las razones reales de la medida. Fue un acto de guerra contra los venezolanos, con la idea de humillarnos y someternos aún más, como si las colas y la escasez ya no les parecía suficiente a los señores de la guerra, que necesitan mayor obediencia.

La violación de los derechos humanos es un tema sustantivo, no procedimental. Sin embargo, en la maraña de leyes y reglamentos que este gobierno se ha encargado de tejer, una solicitud masiva de elecciones o las elecciones pautadas constitucionalmente como la de gobernadores, se excusan con sentencias y medidas convenientes para quienes ya decidieron no seguir "jugando" a la democracia, sino guerreando.

El siguiente esquema ayuda a aclarar un poco la respuesta a la pregunta con la que comienza este artículo:


Es natural la controversia en la política. Es como un deporte de competencia. No es un juego para pasar el rato, sino que unos ganan, otros no, pero pueden ganar después si se respetan las reglas de juego y si juegan con pasión e inteligencia.

Lo normal en política es que existan entonces ADVERSARIOS. Es lo que la oposición siempre ha dicho y es quizás el supuesto sobre el que desarrolla sus estrategias. Lamentablemente, el madurismo no sólo no respeta las reglas de juego, sino que le viola los derechos humanos a quien les de la gana. Nos consideran a los venezolanos sus ENEMIGOS, bien sea porque los desafiamos políticamente o porque no seamos lo suficientemente sumisos para obedecer cualquier tipo de órdenes. El madurismo es una dictadura que ha colonizado distintas instancias del Estado, para mantenerse allí "como sea" (tal como les gusta decirlo).

Sin querer tenerlos como enemigos, pero luego de constatar durante 2016 que ellos definitivamente sí nos consideran como tales, como que no queda otra opción que cambiar nuestro supuesto: no estamos ante unos adversarios, sino ante unos enemigos. Considero estratégicamente clave que la MUD y la AN utilice las derechos humanos de todos los venezolanos, no sólo de los opositores, como el marco de referencia para la lucha política actual en 2017. Una alianza con todas las organizaciones que promueven y defienden el respeto a los derechos humanos va a darle un giro importante a las respuestas que la complicada situación actual reclama.