Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

29.4.09

Antivalores socialistas

Disfrazados de ángeles portadores de una ética digna de maestros ascendidos al cielo de la santidad y la justicia divina, los revolucionarios predican un conjunto de valores para que los demás los practiquemos obedientemente como niños y niñas ejemplares. No solamente quiero denunciar que no cumplen con lo que predican, sino además  referirme a la inconveniencia de aplicar esos mejor llamados antivalores.

IGUALDAD: Muy lejos de vernos iguales ante la ley y darnos igualdad de oportunidades, los revolucionarios no solamente aplican las leyes caprichosamente y manipulan las oportunidades en contra de quienes piensen distinto, sino que predican a favor de seguir igualando precios, homologando sueldos y uniformizando a la población para que todos pensemos y seamos obligatoriamente iguales, repitiendo las vacías consignas concebidas por sus dogmáticos sacerdotes marxistas.

SOBERANIA: Muy distinto a la creación de un país libre que trabaje con entusiasmo en la creación de un futuro propio, los revolucionarios invocan este valor para apertrecharse con armamento de guerra, agredir a productores e industriales favoreciendo la importación de todo tipo de bienes e ir controlando la infraestructura vial, puertos, salud y educación, llegando incluso a colocar en manos extranjeras la conducción de programas educativos del Estado.

INFORMACIÓN VERAZ: En el extremo opuesto a una sociedad transparente, crítica y consciente, los medios controlados por los revolucionarios se dedican a repetir descripciones parciales y parcializadas de la realidad, muy poco representativas del país, con los voceros del gobierno revolucionario en cadena mintiendo descaradamente con tal de evadir responsabilidades o atacar a quienes consideran sus enemigos, siendo en todo caso mentiras dobles porque además las presentan falsamente “certificadas” como veraces (o creíbles en un 70% como lo afirmó un ex-Fiscal).

DEMOCRACIA PARTICIPATIVA: Paradójicamente y contrario a lo esperado por el pueblo y lo establecido en la constitución vigente, sólo un dedo es el que, apuntando al próximo privilegiado, nos participa que esa persona será la autoridad a quien debamos obedecer sin poder exigirle nada, ni revocarla, porque no se debe a nuestros votos y por ello no tendrá una buena razón para respetarnos.

MISIONES SOCIALES: En franca contradicción con el sentido social del Estado como un todo, y excusándose detrás del lograr una mayor efectividad, los revolucionarios desarrollan operativos paralelos que terminan fracasando sistemáticamente y que al mismo tiempo  desmantelan el ya precario funcionamiento de las instituciones públicas especialmente creadas para atender esos mismas áreas como salud, educación, ambiente, etc.

No nos convienen esa igualdad, soberanía, información veraz, democracia participativa ni misiones sociales proclamadas por los revolucionarios. Son antivalores que sólo producen injusticia, dependencia, engaño, sumisión y caos en Venezuela o donde sea que se apliquen.

21.4.09

¿Caridad democrática?

La democracia es el sistema que la inmensa mayoría de los venezolanos ha escogido y está establecida claramente en nuestra constitución vigente. Ante el sistemático ataque por parte de los revolucionarios... ¿Vamos a esperar a que por caridad nos dejen “alguito” de democracia, o vamos a defender dignamente al país democrático que queremos la mayoría?

Si la intención de salir a las calles es hacer que los “poderosos revolucionarios” se sientan culpables y decidan ser caritativos con los “necesitados democráticos”, entonces no estamos reconociéndonos en toda nuestra dignidad y potencialidad como ciudadanos. La idea no es que  lancen “moneditas democráticas” a nuestro destartalado sombrero de mendigos marchando. El asunto es que no sólo en la calle, sino en nuestros sitios de trabajo, en las instituciones, o en cualquier rincón del país, defendamos letra y espíritu de la constitución vigente la cual es, indiscutiblemente, democrática.

La democracia beneficia a todos, incluyendo a los chavistas que hoy ocupan temporalmente cargos altos, medios o bajos en el gobierno. Mientras exista la democracia, todo venezolano tendrá la posibilidad de recibir un trato justo, digno y respetuoso como ser humano con todos sus derechos. Pero la falta de democracia sólo beneficiará a unos pocos poderosos que aprovecharían sus posiciones como autoridades para acumular más y más privilegios ante la ley. La famosa “guerra asimétrica” para la cual se ha venido preparando el actual régimen militarista, no es otra que la de crear asimetrías en muchas áreas: justicia asimétrica (juicios a opositores pero impunidad para leales al “jefe”), dólares asimétricos (cupos para los ciudadanos pero gastos sin límites para altos funcionarios), ciudades asimétricas (áreas inaccesibles para opositores pero donde les dé la gana se agolpan oficialistas), referendos asimétricos (gana el NO a la reforma pero de todos modos se busca imponerla por cualquier vía, irrespetando el voto popular), etc. Tan asimétrica es esa guerra que su objetivo es reducir la mitad del país a la más mínima expresión, imponiendo una hegemonía revolucionaria.

El tribunal supremo y el sistema judicial en general le deben el más riguroso y absoluto respeto a la constitución. La construcción de una hegemonía revolucionaria, como la que se pretende imponer aceleradamente, no es constitucional. Eso viola al pluralismo, uno de los principios establecidos en la constitución, y si no existiera pluralismo la democracia no tendría sentido. El respeto a ese principio y a toda la constitución no debemos esperar que se produzca por razones caritativas. Todo violador de la constitución debe correr con las consecuencias de sus actuaciones ilegales. Urge que exista una ley que prevea sanciones administrativas y penales para aquellos que se empeñan en uniformar al país, destruyendo la diversidad, eliminando el tejido plural que enrriquece nuestra sociedad democrática.

No pidamos caridad. Denunciemos los actos de violación a la constitución y participemos en acciones concretas para defenderla. Quien no respete la constitución que se prepare porque no va a poder seguir actuando impunemente.

14.4.09

No te dejes uniformar por dentro

La Naturaleza, el Universo, combinan armoniosamente uniformidad y diversidad. La vida  nos regala el contraste entre especies e individuos y las fuerzas naturales se despliegan maravillosamente mostrando regularidades interrumpidas por anomalías. En nosotros los humanos eso tiende a expresarse culturalmente en la posibilidad de ser uno y diverso, excepto cuando surge un corporativismo enfermizo dirigido a uniformar a grupos o a toda una sociedad.

Somos testigos de una creciente intención de uniformar a Venezuela. El verde oliva no solo tiñe a todo componente de la Fuerza Armada, sino que se pasea por las calles en el cuerpo de miembros de las ahora llamadas Milicias. Los barrenderos y los ministros se tiñen de rojo, informándonos vistosamente que perciben sueldos y salarios provenientes del tesoro público (o sea, de todos los venezolanos) pero que obedecen a un solo patrono, una especie de rey modisto especialmente sensible al oficio de uniformar.

Con un Estado tan recrecido, los uniformes públicos de rojo o de verde oliva los terminan llevando por un tiempo cientos de miles de personas. Por eso este mensaje forma parte del camino hacia un profundo cambio democrático: ¡No te dejes uniformar por dentro! Si sucede que trabajas en el sector público o que incluso militas en el partido de gobierno: ¡No te olvides que tienes el derecho humano a tener tu propia manera de ver las cosas!

Hacerse parte de una masa adoctrinada y dogmática es convertirse en una carga para el resto de los venezolanos que utilizan su creatividad y flexibilidad para resolver de la mejor manera la gama de problemas que se presentan día a día. Un pensamiento único es lo mismo que decir que existe un único que piensa y, como humano, ese ser sólo tiene una limitada cantidad de neuronas y unas capacidades que le pueden permitir resolver cierta cantidad de problemas, pero con las que jamás podrá abarcar la variedad y la profundidad de lo que implica la vida en el siglo XXI.

Por éso países que han caido en las garras del corporativismo son sometidos a una castrante simplificación de la realidad, que le facilita la tarea al militar-dictador pero que a la gran mayoría de la población la condena a ocuparse sólo de sobrevivir. ¿Donde hay pollo, café, cebollas, dólares...? ¿Qué me puede regalar un turista, un vecino, o un simple desconocido? Es el final de la política, de la economía, del progreso cultural. Sólo existirá lo que el jerarca admita dentro de su limitada realidad (por ejemplo si “Bodies” no le gusta, entonces nos prohibe a los demás admirar esa exposición del cuerpo humano).

¿Me refiero solamente a una crítica al actual gobierno venezolano? No. También es válido aplicarla a cualquier “cultura corporativa” que se empeñe en uniformizar a personas por dentro, además de hacerle llevar por fuera un determinado uniforme. Ciertos elevados valores, como los religiosos, podrían auto-justificar la uniformidad total a través de dogmas pero, democráticamente hablando, no hay dogma que justifique renunciar a la diversidad y la pluralidad de pensamientos, creencias o puntos de vista que hacen resiliente y, al mismo tiempo, agradable vivir libremente en una sociedad democrática.

La pluralidad y la diversidad corren el riesgo de convertirse en bienes más escasos si sus defensores claudicamos ante el reclamo de una unidad total de la oposición influenciado por corrientes corporativistas de índole gerencial. Existen consultores que manejan en el terreno de la empresa privada los temas de Visión/Misión/Valores y demás rudimentos de cocción de una “cultura corporativa” que podrían secuestrar desde sus dogmatismos la libertad por la que luchamos. En todo caso, quizás podamos acordar uniformarnos por fuera, para facilitar el mensaje hacia esa vasta población que ya aprendió el código de los uniformes.

No nos dejemos, tampoco nosotros, uniformarnos por dentro.