Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

27.9.10

Más allá de los números

La parte cuantitativa de los resultados electorales y en especial los de ayer, 26S, atrae mucho la atención. Pero detrás de los números hay resultados cualitativos que pueden ser aún más importantes, porque constituirían la base sobre la que se soportará la acción política a realizar desde la AN y desde la calle con miras a las presidenciales de 2012. ¿Qué dicen esos números?

Comencemos por la relación entre discursos y resultados. Esteban lanzó en la campaña un claro discurso anti-imperialista. Pregunta: ¿Son anti-imperialistas los 5 millones y pico de venezolanos que votaron por el estebanismo? Respuesta: Yo diría que no.

Ese grupo de venezolanos no es homogéneo. Ideológicamente hablando son como tres subgrupos: uno reune a los fanáticos; otro a los light; y el otro a los que no siendo estebanistas decidieron votar nuevamente por esa opción. Si asumimos que los fanáticos conforman la porción más pequeña y que las encuestas indican que no existe un rechazo masivo de los venezolanos a la propiedad privada, las libertades democráticas, etc., la conclusión es que esa mayoría debe haberse sentido atraída por otra característica distinta de Esteban: el populismo. El estebanismo recibe una importante cantidad de votos por populista, no por anti-imperialista, y la mayor parte de su electorado espera de él que siga repartiendo reales a diestra y siniestra con la chequera petrolera.

Por otro lado, la MUD celebra en su discurso el supuesto apoyo que los votantes le dieron a la democracia, al pluralismo, a las libertades económicas, etc. Pregunta: ¿Son profundamente demócratas los 5 millones y pico de venezolanos que votaron por la oposición? Respuesta: Yo diría otra vez que no.

Quienes votaron por la MUD tampoco son un grupo homogéneo. Ideológicamente hablando podríamos definir tres subgrupos: los militantes de partido, los simpatizantes de esos mismos partidos y los independientes que se decidieron por la oposición. Si asumimos que militantes y simpatizantes son una minoría porque las encuestas indican que los venezolanos rechazan mayoritariamente identificarse con tendencias políticas específicas, la conclusión es que la mayor parte de estos votos ocurren por un fenómeno quizás no tan políticamente elevado: son expresión del tradicional voto castigo, estimulados por la emergencia este año de tanta Pudreval, tanta Inseguridad, tanta Inflación, etc.

Podemos estar ante una incongruencia enorme entre lo que los políticos de ambos bandos quieren que digan los resultados y lo que más allá de los números pueden haber dicho el grueso de los votantes. Los resultados de ayer parecen indicar que si apareciese un populismo eficiente, éste contaría con el 80% del apoyo popular. No parece haber calado el fanatismo de ninguno de los extremos.

La inmensa mayoría de los venezolanos siguen pidiendo políticos que resuelvan problemas reales además de redistribuir la riqueza petrolera del país. Si la MUD asume desde ya un discurso que incorpore ambos temas (soluciones efectivas con redistribución e inclusión), triunfará un nuevo gobierno en 2012. Por lo que han declarado los estebanistas, no parece que estén dispuestos a aprender la lección. Hasta Fidel ha salido a decir que fue el imperialismo lo que nos hizo ir a votar por la Unidad. El estebanismo va a seguir por su callejón ideológico y eso los seguirá debilitando.

Ojalá la MUD impida que la oposición se meta en su propio callejón ideológico. Eso le daría más oxígeno al cada día más escuálido estebanismo.

19.9.10

Niniología 101

Lo primero que debemos aprender es que los NINI no son abstencionistas. Hay abstencionistas militantes y abstencionistas por flojera. Los primeros creen que son muchos y que son NINI, pero no lo son; mientras que los segundos sí son muchos pero no saben ni dónde están parados.

La primera característica de un NINI es que sale a votar y por eso tiene el poder de inclinar la balanza hacia una opción determinada. La segunda característica es que su voto no lo anima ningún fanatismo, sino cierto cálculo rentístico que lo lleva a votar por la opción que crea que más lo beneficia.

De allí la importancia de la campaña. Si se convenció a los NINI de que más pluralismo en la AN va a significar que haya menos inseguridad, menos apagones y menos comida podrida porque habrá más control y sanciones a los funcionarios irresponsables, etc., este 26S habrá un triunfo de las fuerzas democráticas. Si por el contrario, Esteban los convence de que una AN plural traerá mas caos y que él se pondrá 'como loco' (más?), etc., entonces los NINI podrían optar por malo (o 'loco') conocido y buscarán supuestamente no contribuir a empeorar un país que ya está mal, muy mal, pero sobre todo buscarán que no se les empeore a ellos su propia situación.

Esa racionalidad NINI espanta a quienes creen en ideales más allá de cálculos individuales y circunstanciales. La libertad o el pluralismo no son temas particularmente atractivos para un NINI, por lo tanto no son los mejores temas de campaña. Pero la propiedad privada y la prosperidad sí lo son. Eso es lo que más los atrae, aunque llegan a adaptarse a que ocurran expropiaciones siempre que no se les expropie nada a ellos y especialmente si luego de que expropian a otros, algo los termine beneficiando directamente. Por ejemplo, que CANTV o la Electricidad sean estatizadas les parece fantástico porque las tarifas serán super bajas; aunque luego, que se les vaya la luz o la línea a los demás no importa, siempre que no les ocurra a ellos... porque si no, se comienzan a sentir dispuestos a votar distinto!

Son así, fríamente racionales. Tienen sus razones para hacer lo que hacen. Y aunque los que pueden meter peor la pata son quienes caen en fanatismos, tanto cálculo individual de los NINI (buscando óptimos individuales) durante tantas décadas, ha llevado al país a donde está hoy (en unos pésimos colectivos): crisis institucional, impunidad desatada, deterioro en todos los órdenes, etc.

Políticamente el país se divide en 2 mitades, pero electoralmente se divide en 4 partes: Estebanistas, Democráticos, NINIs y Abstención. Cuando ganan los Estebanistas es porque logran 'vender' mejoras concretas a los NINI y movilizan a la mayor cantidad de votantes para reducir la abstención de los flojos. Si los Democráticos hacen lo mismo, pero mejor, ganarán las elecciones.

Aunque también los errores de un bando pueden terminar dando el triunfo al otro. Gráficamente el Estebanismo ha claudicado en la campaña a favor de una visión multicolor, aparentemente plural, pero el discurso sigue siendo de un rojo encendido. Poniéndome el sombrero de NINI, intuyo que esa contradicción entre lo visual y lo verbal puede mostrar debilidad y un débil defícilmente convence a nadie de poder brindarle beneficios tangibles y por lo tanto es un error de campaña.

Pero además éso puede estar reflejando una dura realidad. El gobierno se ha ido deteriorando con el país y los NINI parecen querer comenzar este 26S a corregir el rumbo quitándole su ya tradicional apoyo al Estebanismo. La abstención también golpeará al gobierno. El balance de poder puede voltearse este domingo y crear unas mejores condiciones para el gran cambio en 2012.

14.9.10

Full música, cero psicología

Saber algo de psicología es una carga. Me sirve para observarme a mí mismo, pero así me siento peor que como me sentiría si no tuviera ese barniz psicológico que me convierte en mi propio testigo. Sobre todo por aquello del concepto psicológico de proyección.

La proyección ocurre especialmente cuando a uno alguien le cae mal. Si alguien te cae mal, dice cualquier psicólogo, lo más seguro es que estés proyectando. Esto significa que hay una reacción ante lo que a uno no le gusta de uno mismo. De alguna manera, uno proyecta un autorechazo sintiéndolo como un rechazo por el otro (quizás porque se hace muy cuesta arriba sentir que uno se rechace).

Una ventaja de ese concepto es poder sacarle provecho a un mal rato. Uno se vuelve hacia (no contra) sí mismo y aprovecha para aprender algo. Si no supiese nada de ese rollo de la proyección, simplemente buscaría poner distancia entre esa persona que me cae mal y yo. Si trataran de convencerme de hacer lo contrario, la respuesta ideal a esa impertinencia sería la maracuchada de '¡Viví con él (o con ella)!' Pero el delgado barniz de psicología me empuja a empatarme en una de tolerancia y reflexión. No boto a nadie de mi casa y paso a revisar lo que ese espejo me dice. ¡Qué vaina!

Así estoy hoy, con unos audífonos que por lo menos me aportan cierta distancia auditiva, mediada primero por Eddie Palmieri y luego Miles Davis, que me aparta del foco perturbador tan inevitable dentro de este pequeño apartamento donde habito. Una de las cosas que al revisarme encuentro, es la siguiente: ¿Si tuviese burda'e billete me sentiría igualmente incómodo? ¿Es la prosperidad una especie de neurotransmisor, vitamina B o sedante que lubrica mis nervios y suaviza las reacciones que pueda tener ante alguien cuya presencia y discurso me fastidia? Mi respuesta preliminar es, ciertamente, afirmativa. Pero el barniz hace otra vez su trabajo y me critico por brindar una explicación basada en algo 'externo'. Es que de acuerdo al barniz ¡Soy supuestamente algo muy distinto a mi nivel de prosperidad! Por lo tanto esa respuesta no es válida. ¡Qué vaina!

Paso a comparar este aquí y ahora con cómo me siento cuando la persona que me cae mal no está presente. La respuesta es que estoy mejor sin mirarme en ese espejo. Evidentemente prefiero que nadie me recuerde lo que no me gusta de mí mismo pero... así quedo como un perfecto irresponsable.

Me rindo. Lo que normalmente proyecto es que no me gusta mi propia irresponsabilidad, irrelevancia, frivolidad, improductividad y vivalapepismo. Me quejo porque ya pasó el tiempo en el que no sabía que no sabía que existe éso de que uno proyecta sus propias miserias. Me quejo porque no vivo aislado en un hotel 5 estrellas, en contacto con seres evolucionados, en perfecta armonía con lo más elevado del universo. Me quejo porque no existe otro lugar aparte de este adentro que realmente habito, porque no existe otro dónde distinto. No existe ningún sitio, grande o pequeño, que garantice que no me sentiré perturbado, porque lo que finalmente sucede es que me dá por esperar que ocurran cosas distintas a las que a veces terminan ocurriendo a mi alrededor y éso no depende de dónde me encuentre físicamente.

No sé si pueda o quiera cambiar lo que no me gusta de mí mismo. Tampoco sé si agradecer que me tope con personas que sirvan de espejo a mis incómodas proyecciones. Saber tan poquito de psicología es, sin duda, una carga fastidiosa. Pero me salva escuchar a Eddie Palmieri o a Miles Davies. Me salva escribir para que me leas y de repente digas que te gustó o no. Me comienzo a sentir mejor. Pareciera que descubrí, hecho el loco, todo un método de autoayuda: full buena música, cero psicología barata y hacer algo (como escribir).

Full música, cero psicología

Saber algo de psicología es una carga. Me sirve para observarme a mí mismo, pero así me siento peor que como me sentiría si no tuviera ese barniz psicológico que me convierte en mi propio testigo. Sobre todo por aquello del concepto psicológico de proyección.

La proyección ocurre especialmente cuando a uno alguien le cae mal. Si alguien te cae mal, dice cualquier psicólogo, lo más seguro es que estés proyectando. Esto significa que hay una reacción ante lo que a uno no le gusta de uno mismo. De alguna manera, uno proyecta un autorechazo sintiéndolo como un rechazo por el otro (quizás porque se hace muy cuesta arriba sentir que uno se rechace).

Una ventaja de ese concepto es poder sacarle provecho a un mal rato. Uno se vuelve hacia (no contra) sí mismo y aprovecha para aprender algo. Si no supiese nada de ese rollo de la proyección, simplemente buscaría poner distancia entre esa persona que me cae mal y yo. Si trataran de convencerme de hacer lo contrario, la respuesta ideal a esa impertinencia sería la maracuchada de '¡Viví con él (o con ella)!' Pero el delgado barniz de psicología me empuja a empatarme en una de tolerancia y reflexión. No boto a nadie de mi casa y paso a revisar lo que ese espejo me dice. ¡Qué vaina!

Así estoy hoy, con unos audífonos que por lo menos me aportan cierta distancia auditiva, mediada primero por Eddie Palmieri y luego Miles Davis, que me aparta del foco perturbador tan inevitable dentro de este pequeño apartamento donde habito. Una de las cosas que al revisarme encuentro, es la siguiente: ¿Si tuviese burda'e billete me sentiría igualmente incómodo? ¿Es la prosperidad una especie de neurotransmisor, vitamina B o sedante que lubrica mis nervios y suaviza las reacciones que pueda tener ante alguien cuya presencia y discurso me fastidia? Mi respuesta preliminar es, ciertamente, afirmativa. Pero el barniz hace otra vez su trabajo y me critico por brindar una explicación basada en algo 'externo'. Es que de acuerdo al barniz ¡Soy supuestamente algo muy distinto a mi nivel de prosperidad! Por lo tanto esa respuesta no es válida. ¡Qué vaina!

Paso a comparar este aquí y ahora con cómo me siento cuando la persona que me cae mal no está presente. La respuesta es que estoy mejor sin mirarme en ese espejo. Evidentemente prefiero que nadie me recuerde lo que no me gusta de mí mismo pero... así quedo como un perfecto irresponsable.

Me rindo. Lo que normalmente proyecto es que no me gusta mi propia irresponsabilidad, irrelevancia, frivolidad, improductividad y vivalapepismo. Me quejo porque ya pasó el tiempo en el que no sabía que no sabía que existe éso de que uno proyecta sus propias miserias. Me quejo porque no vivo aislado en un hotel 5 estrellas, en contacto con seres evolucionados, en perfecta armonía con lo más elevado del universo. Me quejo porque no existe otro lugar aparte de este adentro que realmente habito, porque no existe otro dónde distinto. No existe ningún sitio, grande o pequeño, que garantice que no me sentiré perturbado, porque lo que finalmente sucede es que me dá por esperar que ocurran cosas distintas a las que a veces terminan ocurriendo a mi alrededor y éso no depende de dónde me encuentre físicamente.

No sé si pueda o quiera cambiar lo que no me gusta de mí mismo. Tampoco sé si agradecer que me tope con personas que sirvan de espejo a mis incómodas proyecciones. Saber tan poquito de psicología es, sin duda, una carga fastidiosa. Pero me salva escuchar a Eddie Palmieri o a Miles Davies. Me salva escribir para que me leas y de repente digas que te gustó o no. Me comienzo a sentir mejor. Pareciera que descubrí, hecho el loco, todo un método de autoayuda: full buena música, cero psicología barata y hacer algo (como escribir).

7.9.10

Color plural: pura pinta

El Estebanismo a través de su partido nacional y socialista ha reconocido gráficamente que los electores se cansaron del rojo y quieren llevar el Pluralismo a la Asamblea Nacional. Los afiches donde aparece Esteban, las vallas despersonalizadas y los banners en Internet muestran una intensa campaña caracterizada por usar distintos fondos, azul celeste, verde perico, azul grisáceo, marrón pupú, etc., a los que superponen el rojo pretendiendo comunicar una repentina conversión de los rojos-rojitos en chicos arco-iris. Pero no te emociones, esos mismos chicos tranquilamente siguen hoy afirmando cosas como 'O los liquidamos o ellos nos liquidan a nosotros', o sea, los colorsitos de la campaña son pura pinta, para nada auténticos.

El Pluralismo es uno de los principios constitucionales más crecientemente vapuleados. Una de las víctimas más recientes del sectarismo ha sido el PPT, reconocidos por su color azul y por ser cantera de ministros, embajadores y demás funcionarios claves, no precisamente demasiado diferentes al resto del Estebanismo. Pero ellos, al no ceder ante una fusión obligada que les eliminaría su identidad, fueron pateados por atrás con el típico 'no volverán', frase taaan democrática que le encanta gritar a los que ahora quieren mostrarse cromáticamente diversos.

Para hacer respetar el Pluralismo seriamente es necesario que exista una Superintendencia de la Libertad. Esa agencia deberá imponer sanciones a quienes discriminen a venezolanos por razones políticas y penas a quienes abusen de su poder al pretender convertir instituciones públicas en simples apéndices partidistas. Si algo así existiese, habría muchos altos funcionarios que estarían por un lado presos y por otro arruinados por las multas.

La oposición también debe cuidarse de contagiarse del virus dogmático. Con el acuerdo alcanzado en la Mesa de la Unidad Democrática ha dado muestras de tener buenas defensas contra ese virus. Sin embargo, el defender el principio pluralista constitucional debe blindarse institucionalizándolo, para que todos los venezolanos rechacemos juntos el sectarismo y trabajemos lo más integrados posible en la construcción de un destino común.

Una de las leyes que la nueva Asamblea Nacional deberá sancionar es una que aborde frontalmente este problema. Una Ley de Promoción y Protección del Pluralismo que comprenda un conjunto de normas que por un lado apunten a la integración de distintas perspectivas en los esfuerzos para desarrollar el país; y, por el otro, desincentive a quienes en su delirio sectario puedan caer en reiterados abusos de poder al utilizar las instituciones de todos, únicamente en función de sus intereses dogmáticos.

Nótese que aquí no se trata de un tema de corrupción. A los corruptos se les debe indentificar, capturar, enjuiciar e imponerles las penas que las leyes contemplen por estar robando o dejando que otros roben. El tema del Pluralismo se refiere a un asunto aún más grave porque al imponerse un pensamiento de color único, se crean las condiciones para creerse, como ocurre con todo fascista, con el derecho de atropellar al resto de la sociedad y, de paso, desatar la más podrida corrupción.

El 26S vota por el Pluralismo para que entre todos podamos construir una Venezuela libre, próspera, segura, decente y respetuosa de la diversidad.