Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

25.7.16

"Ventajas" de hablar y hacer la guerra

Cuando se hace una lista desordenada con actividades propias de la guerra, se puede obtener algo como esto:

  • Matar
  • Robar
  • Engañar
  • Apresar
  • Humillar
  • Desmoralizar
  • Someter
  • Ordenar
  • Etc.
Esa lista es, en gran parte, una lista de delitos. Pero en las guerras no tiene sentido hablar de delitos en el sentido convencional y civilizado del término. Se menciona la posibilidad de crímenes de guerra, pero quienes los cometen no siempre resultan condenados por ello, a menos que sean del ejército perdedor.

Cuando situaciones cotidianas como la producción, importación, venta y consumo de alimentos se enmarcan dentro del concepto de guerra; o cuando la política también se considera parte de una lucha, pero esta se entiende como una especie de guerra, ocurre que quienes lo promueven se podrían estar beneficiando de dos maneras: por un lado, pueden asumir que están autorizados para realizar actividades típicas de la guerra (véase la lista de arriba); pero además, por otro lado, asumen que ejecutar esas actividades no debería ser interpretado como delito y, por lo tanto, ellos como perpretadores no recibirían ningún tipo de castigo o, por el contrario, serían hasta premiados con reconocimientos y honores.

En Venezuela el gobierno está considerando la cotidinidad como una guerra. No sólo hablan de guerra, lo que podría tomarse como un ocurrente uso metafórico del término que no necesariamente tendría que acarrear consecuencias como efecto de hacerla de modo literal; si no que la semana pasada, el propio presidente ha nombrado al general, que es su ministro de defensa, como jefe plenipotenciario encargado de comandar a todos los ministerios. Imagínese usted lo que puede pasar.

Aunque con ese nombramiento no va a haber tanta novedad. Casi 20 años de un gobierno marxistoide ha ido naturalizando la lucha (guerra) de clases como algo inevitable y hasta deseable que ocurra. Las clases desposeídas han entendido ese discurso como la posibilidad de que se les cancele la "deuda" social. Lo que necesitan o lo que desean, si está a la mano, lo toman. Vía corrupción, o vía robo puro y simple, se trate de bienes materiales o de bienes intangibles (como posiciones de autoridad, estructuras y nombres de partidos políticos o atribuciones de poderes nacionales), la impunidad generalizada se ha justificado tácitamente, tal como se les permite a los soldados en las guerras frente a quienes sean sus enemigos.

Ciertamente, la vida en sociedad no es un puro "amor y paz" 100% total. Ni siquiera los niños en pre-escolar pueden alcanzar esa total armonía social, aunque pareciese que tendrían más posibilidades de lograrlo por no estar "contaminados" por intereses, como lo estamos los adultos, porque en toda sociedad existen conflictos entre individuos que luchan individualmente o en grupo por alcanzar sus metas.

Pero el militarismo es un juego sin reglas. Es un fútbol absurdo, en el que siempre gana el mismo equipo (y no precisamente porque juegue mejor). Venezuela es hoy un fastidio verde oliva, en vías de convertirse en el horror verde oliva que es Cuba o Corea del Norte.

No validemos ese discurso de guerra. Reconstruyamos al país sobre bases democráticas de libertad e igualdad de oportunidades, con la realización del Referendo Revocatorio en 2016, que no es otra cosa que despedir a un equipo de gobierno, a unos empleados, que por incompetentes (y algunos hasta delincuentes), han arruinado al país.

¡No al fastidio del control abusivo y violento de los militares!

6.7.16

Resignificación del concepto de Modernidad

Nociones tradicionales de la Modernidad

Ser moderno es algo que a la mayoría de nosotros le gusta, pero a otros no, y eso lo convierte en causa de conflicto, dolor o incluso, muerte. Todos creemos saber lo que significa la Modernidad y, desde nuestra concepción particular, luchamos a favor o en contra de ella. Contamos sólo con una cierta noción que nos deja encerrados en un espacio de confusión, donde los debates finalizan sin llegar a resultados claros y convenientes.


Se piensa normalmente que la ciencia, la tecnología y la vida en ciudades puede llevar a cualquier país a convertirse en uno moderno. También se piensa que el rechazo a costumbres podría conducir a crear una sociedad moderna. Sin embargo, lo que termina pasando es el surgimiento de culturas híbridas, hechas con piezas prestadas de Occidente y unidas a rasgos vernáculos de etnias no-occidentales. Al final se fabrican unos Frankensteins, con los que ni occidentales ni orientales pueden sentirse identificados y que, por lo general, tienen que ver poco con la Modernidad.


El Renacimiento y la Ilustración plantearon al hombre (el europeo, básicamente) la ambición necesaria para alcanzar el pico más alto. Desde entonces, cada vez más se hizo natural creer que todos los individuos son dignos de respeto, no sólo reyes, sacerdotes, militares o miembros de gremios. La modernidad nace cuando el mundo se abre a todas las personas para que se atrevan a ser activos en alcanzar lo que deseen.


Eso fue así al menos en teoría. Pero en la práctica...


¿Por qué se confundió el sentido de la Modernidad?


Muchos cambios se llevaron a cabo de forma simultánea y la Modernidad se convirtió en sinónimo de cambio en sí misma. Desde entonces, una ciudad grande y con rascacielos fue, sin duda, considerada moderna. Un ejército con equipamiento militar de alta tecnología fue, sin duda, considerado moderno. Un sistema político en el que la gente pueda votar fue, inevitablemente, considerado moderno. Pero nada de esto garantizaría la realización de la condición particular que distingue a la Modernidad: el respeto a la dignidad individual de cada ser humano.


Formas pre-modernas de pensar como el fascismo y el comunismo usaron la tecnología para ir en contra de los individuos. Ninguno de los sistemas pre-modernos quiere respetar a las personas en su dignidad como seres humanos. De algún modo, en la actualidad, ellos quieren permanecer en el Medioevo pero con la conveniencia de usar tecnología, mercados y elecciones.


La Modernidad como deshumanización


Todos los enemigos de la Modernidad tienen diversos grados de aversión hacia Occidente. Todos comparten la queja hacia las condiciones actuales en las que viven. Tienen que culpar a alguien o a algo por su situación y la Modernidad parece calificar como un excelente sospechoso. Es terrible observar que el mayor avance de las sociedades occidentales en la humanización de la humanidad puede ser considerado, por muchos, como una deshumanización. Casi ninguno de estos críticos se atreve a emigrar fuera de las sociedades occidentales. Incluso afirman su derecho a criticar y eliminar ese sistema que les permite criticar libremente lo que quieran, pero al mismo tiempo, se niegan a aceptar críticas hacia lo que estén proponiendo.


Los críticos de la Modernidad la han "diseñado" de tal manera que han intentado convertirla en una especie de enemigo a ser derrotado, pero en esa guerra la Libertad es la que puede terminar siendo la principal baja. Es importante poder distinguir aquellos críticos que tienen como objetivo mejorar la Modernidad, de aquellos que sólo quieren destruirla. Los partidarios del islamismo radical, neofascistas y marxistas básicos que todavía creen en la lucha de clases, deben seguir siendo derrotados por los ciudadanos genuinamente modernos.


Consecuencias de atacar a la Modernidad


Lo que distingue a la Modernidad, valorar la dignidad de todos por el simple hecho de ser seres humanos, se sigue atacando, cuestionando y despreciando en la actualidad. Si millones de personas se limitan a creer que la tecnología, las ciudades y los mercados pueden funcionar sin que sea respetado el supremo valor de la libertad individual, esta sin duda sucumbirá.


Pre-modernos o anti-modernos no sólo podrían lograr detener el avance hacia nuevas fronteras de la libertad (como la igualdad plena de las mujeres, el matrimonio optativo sin obligación a la heterosexualidad, la plena libertad de culto, etc.), sino que también, podrían hacer retroceder las libertades ya alcanzadas. El respeto por las decisiones individuales, y para todos los seres humanos, es un desafío cotidiano en todo el planeta.


Hay pocos desastres más grandes que los que un concepto mal entendido puede producir. Pensar que la Libertad en Occidente está tan firmemente establecida que podemos darla por segura, es un error peligroso. Europeos y americanos que han predicado contra de los valores occidentales de la Modernidad, han contribuido a abrirle las puertas a los enemigos más peligrosos de la Libertad. Puede parecer que estamos en la Speakers' Corner de Hyde Park en Londres, escuchando un discurso radical y dogmático. Pero no debemos dejar de afirmar que tenemos un ser pre-moderno dentro de cada uno de nosotros, el cual reacciona ante los eventos o comportamientos pre-modernos que nos rodean.


Ser pre-moderno es tan contemporáneo como ser moderno


Nuestro genoma y nuestro memenoma contienen todo lo que requerimos para desarrollarnos biológicamente y culturalmente. Por eso, cuando estamos ante una manifestación pre-moderna, nuestra respuesta (no importa si uno se considera moderno) tenderá a ser pre-moderna también.


Ante un conflicto, el pre-moderno reacciona contra la persona, no contra sus ideas o conductas. La respuesta moderna es, en cambio, contra las ideas, contra el comportamiento, no contra la persona. Ambos tipos de respuesta están allí, listas para saltar desde nuestro fuero interno. La Pre-modernidad y la Modernidad siguen presentes en cada uno de nosotros, como posibilidades meméticas de ser activadas.


Somos parte de una realidad diacrónica, en la que cualquiera de las reacciones puede emerger y los memes modernos podrían terminar mutando o ser desactivados epimeméticamente para las futuras generaciones. La selección natural y la selección artificial son válidas tanto para la biología y los genes, como para la cultura y sus memes. Es, por lo tanto, hora de entender bien cómo opera nuestro ADN cultural y actuar lo más pronto posible para rescatar la Modernidad en su sentido profundamente humanista.


¿Cómo se puede reparar un corazón moderno?


En caso de que usted no lo haya notado todavía, nuestra discusión aquí está íntimamente ligada a la vigencia de los Derechos Humanos. Proponemos que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en Naciones Unidas en 1948, sea tomada como la referencia más representativa de la Modernidad. Un rascacielos, un nano-robot, una máquina de votación, o un acuerdo de libre comercio, no compiten en Modernidad con los 30 derechos que constituyen dicha Declaración Universal.


No es cierto que los Derechos Humanos sean ya, en el presente, una práctica social en las sociedades occidentales y mucho menos en el resto del mundo. Sin embargo, cualquier progreso que se haya alcanzado desde que se firmó ese acuerdo, es digno de ser conservado y ampliado. La lista de derechos son una síntesis de los valores de la Modernidad: Todos nacemos libres e iguales / No discriminar / Tienes derecho a la vida / No a la esclavitud / No a la tortura / Tienes derechos donde quiera que vayas / Somos todos iguales ante la ley / Tus derechos humanos serán garantizados por la Ley / No a detenciones arbitrarias / Somos siempre inocentes hasta que se demuestre lo contrario... sólo por mencionar algunos.


Reiteramos: Las ciudades más modernas no son las que tienen rascacielos más altos, sino aquellas en las que todos sus ciudadanos son respetados como seres humanos, independientemente de sus características particulares y especialmente si tienen cualquier tipo de impedimento (visual, movilidad, etc.). El ejército más moderno no es el que tiene el equipamiento militar más avanzado, sino el que respeta los Derechos Humanos de sus conciudadanos, e incluso los derechos de los ciudadanos de países con los cuales están en conflicto. La organización empresarial más moderna no es la que tiene el más sofisticado sistema de computación, sino aquella en la que los empleados puedan alcanzar su pleno potencial como individuos.


Ser moderno es ser más humano con todos los seres humanos, a través de un estricto respeto a sus derechos.