Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

14.12.10

El ciudadano funcionario

Esteban es sólo un funcionario público. Está desempeñando un trabajo y está, por ahora, empleado en el gobierno. Pero pareciera que le preocupa mucho quedarse desempleado y dejar de ser funcionario. La solución según él: que todos nos convirtamos en ciudadanos funcionarios, que se sienta que no existe la posibilidad de que alguien no sea funcionario y sobre todo de que fuese factible que exista algún ciudadano que lo pudiese reemplazar a él.

Esa angustia de quedarse desempleado, comprensible por lo demás, esa neurosis podría explicar todo el cuento de las leyes express, las habilitantes, las expropiaciones, las misiones y el socialismo del siglo que sea. Si él lograra destruir la distinción público/privado o funcionario/ciudadano y todos nos convirtiéramos, como es típico del comunismo, en funcionarios o empleados públicos y nadie pueda más ser simplemente un ciudadano, ni pueda más existir el sector privado o el no gubernamental en general, entonces (sueña Esteban que) él siempre podría ser, mientras viva, el funcionario principal y, en todo caso, podría inventar nuevos nombres para su cargo para dar la impresión de que habría hasta algo de movilidad que podría afectarlo también a él (el Presidente sería, por ejemplo... Julián Isaías, mientras que su cargo ahora sería el de Benemérithumilde Soldadomáximo, Jefe de los Ejércitos Libertadores) metiendo la coba de que existe una democracia popular o algo así que permitió un cambio en la Presidencia.

En países serios, a diferencia de Corea del Norte, Cuba, Bielorusia o Irán, las leyes distinguen claramente al sujeto de ley y determinan sobre todo el significado de hacer algo incorrecto y sus consecuencias. Cuando se trata de los ciudadanos libres, que actúan como individuos o como asociaciones de individuos (empresas o instintuciones de diferente índole), la ley los obliga a NO HACER lo incorrecto, estableciendo castigos pecuniarios o penales para quienes incumplan tal obligación. Si no están prohibidas por ley, los ciudadanos son libres de desarrollar iniciativas que estimen convenientes o necesarias y justamente por eso son... libres.

En los mismos países serios, cuando se trata de funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones, las leyes los obligan a HACER lo correcto, estableciendo sanciones administrativas o penales para quienes incumplan tal obligación. A diferencia de los ciudadanos, los funcionarios no tienen libertad para hacer lo que se les dé en gana porque sencillamente son empleados de todos los ciudadanos, quienes les delegan temporalmente la autoridad para administrar recursos colectivos y poder conducir las instituciones que, entre otras funciones, velan por el cumplimiento de cualquier tipo de ley, tanto las que los afectan a ellos directamente como funcionarios, como las que afectan a todos los ciudadanos.

Una manera que existe para reducir resistencia e inducir a un estado de trance en el que la persona pueda ser controlada, es provocando confusión (ver técnicas de Milton Erickson). Al ir desdibujando la clara división entre ciudadano y funcionario, así como otras divisiones que naturalmente existen entre gobierno, estado y partido, o entre distintos poderes públicos, o entre lo cívico y lo militar... los estebanistas van creando desconcierto y confusión hasta ir llevando al país como un todo a una especie de trance en el que ellos, los funcionarios, pasan de ser controlados a ser controladores de lo que hacemos y a convertirnos en sus empleados, o peor, en sus esclavos como han convertido a los pobres cubanos que tienen que pedir permiso a sus 'jefes socialistas' para hacer o decir cualquier cosa.

A diferencia de Esteban, no creo que pertenecer a una determinada clase social convierta automáticamente a cualquiera en bueno o malo. Hay pobres malos y hay ricos buenos, y viceversa. Hay pobres de origen rico y ricos de origen pobre, y viceversa. También hay militares civilistas y civiles militaristas, así como combinaciones: por ejemplo, funcionarios, ricos, de origen pobre, malos, civiles, militaristas... y focas, que legislan muy mal, complaciendo a un gobierno que gobierna muy mal y que ya se les acabó el contrato como empleados en la AN.

Lo que queremos los ciudadanos es tener en el gobierno (y en todos los poderes públicos del Estado) a funcionarios capaces, con leyes claras que determinen sus competencias para que como empleados trabajen eficientemente en beneficio de todos los venezolanos y no en beneficio de cubanos, argentinos, iraníes, etc., y, además, que no obstaculicen el libre desarrollo de todas nuestras iniciativas económicas, sociales, ambientales, culturales y políticas para que así, entre todos, convirtamos juntos a Venezuela en un país de primera: plural, pacífico y próspero.

2 comentarios:

  1. Quizá podríamos aspirar a un poquito más, y esperar que esos funcionarios eficientes ayuden al libre desarrollo, etc. Es posible que si nos salimos de este marco de "lowered expectations" al estilo de Saturday Night Live, podamos encontrar un par de cositas más que antes hacían los funcionarios -o se esperaba que hicieran- que podrían hacer de nuevo.
    Un abrazo, Moisés!

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  2. Gracias viajero del Sur! Es verdad... ante tanto desastre se va uno volviendo como más básico y pareciera que nos conformamos con un combo BigMac, en vez de algo más como Le Petite Bistro de Jacques...
    Un abrazo!

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