Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

16.12.09

Felíz Unidad y Próspera Asamblea Nueva en 2010!

La unidad entre los venezolanos democráticos no es un fin en sí mismo. Vivir en democracia es una realidad laica, donde quienes conformamos un país podemos competir, cooperar o simplemente decidir hacer nada, sin sentir sentimiento de culpa y con la más absoluta libertad. Pero la religión combinada con la política no ha sido una mezcla que históricamente haya resultado, digamos, beneficiosa y esa es la amenaza que juntos hoy debemos contrarrestar.

El asunto es que nuestra vida en democracia está en grave peligro. En distintos foros oficiales ya se proclama descaradamente que hay que acabar con el sistema político democrático que está establecido en nuestra Constitución. Los ayatollahs del gobierno braman enfurecidos a favor de su religión socialista y en contra de cualquier otra cosa. Plantean una especie de Reforma cual luteros o calvinos del Siglo XXI. Su apetito de poder no se sacia. Quieren todo y rápido.

Mientras tanto a los laicos, políticamente hablando, nos cuesta entender tanto alboroto. Típicamente nos preguntamos: ¿Es que acaso no están ya gobernando? ¿Qué les impide llevar adelante y bien sus planteamientos, respetando un marco de libertades democráticas? ¿Cuál es el problema si sufren alguna derrota electoral? ¿Por qué es que el mismo partido político tiene que gobernar para siempre? ¿Es una especie de blasfemia o herejía pensar el país de una manera distinta a la de ellos?

Definitivamente no entendemos, pero es evidente que los actuales gobernantes se resisten a soltar el coroto y para ello quieren acabar con la posibilidad de que tengan que soltarlo, modificando la Constitución. Quieren además acabar con los territorios del país que, como Táchira, han rechazado continuar siendo fieles creyentes a su religión política. Comienza entonces una situación en la que nos están forzando a unirnos a quienes el estar unidos no representa ningun estado natural, ni deseable, porque lo que nos encanta es competir y ganar.

Pero esta vez para ganar debemos cooperar y no competir. Debemos unirnos circunstancialmente para salvar la libertad y el respeto a todos los derechos humanos que, bajo la extraviada mirada de autoridades zombies, se encuentran a punto de desaparecer en manos del militarismo. Sin mencionar que económicamente Venezuela ha perdido nuevamente otra oportunidad de invertir con inteligencia los recursos provenientes de las exportaciones petroleras y las futuras generaciones se exponen cada vez más a vivir décadas de mucha carestía.

Un triunfo de los demócratas en las elecciones legislativas es estratégicamente necesario y la unidad es el medio para lograrlo. Luego, nuestro triunfo en las presidenciales sellará el final de esta oscura época de fanatismo y los laicos podremos luego competir, seguir cooperando o lo que sea, para beneficio de todos... Porque así son los sistemas políticos que generan más prosperidad y felicidad para todos: libres y plurales, o sea, democráticos.

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