Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

14.1.16

Hiperinflación o la estafa de hablar de cifras que ocultan asuntos más graves

¿Quién le teme al "coco" de la hiperinflación? Usted, yo... todos, ¿Cierto? Además: ¿a quién le indigna que el BCV no revele hoy día las cifras de inflación? A todos otra vez, ciertamente.

Sin embargo, cuando sí se publicaban las cifras, cuando la inflación era "mediana" o ubicada en niveles "aceptables", eso era más grave. Niveles de inflación de dos dígitos son mucho más inaceptables que los correspondientes a una hiperinflación. No es broma sino que, pareciese que al tratarse de un mal, lo natural es suponer que exacerbar sus niveles, va a resultar necesariamente peor que mantener niveles inferiores del mismo. Nos mete miedo la cifra más alta de inflación, pero paradójicamente las más bajas resultan ser, en realidad, las que causan el daño más grave.

Es algo como la amenaza nuclear en contraste con la permisividad en la tenencia de armas (incluyendo la satisfacción de la enorme demanda de AK-47 en el tercer mundo): mete mucho más miedo la devastación puntual que produciría un hongo nuclear, que la matanza cotidiana de miles de personas, aunque esto último sea mucho más grave.

Pero regresemos al tema económico. Si observamos el impacto de la inflación sobre la Pérdida del Poder Adquisitivo (PPA) de una moneda, nos encontramos con una función asintótica: a medida que la inflación crece, al comienzo su impacto erosiona rápidamente a la moneda, pero luego se irá acercando lentamente al deterioro teórico total del 100% (ver gráfico).


Una inflación de 300%, parecida a la que actualmente hemos sufrido en Venezuela, causa deterioro de la moneda en un 75%, mientras que pasar de 300% a 3.000%, el deterioro que causa es de solo un 20% adicional. Pregunta: ¿Cómo será el escándalo en la opinión pública ante ambas situaciones? ¿Será proporcional a la magnitud de las cifras de inflación? De hecho, es lo que ocurre. De allí la reticencia del BCV a dar las cifras de 2015. Pero el daño de la PRE-HIPERINFLACIÓN ya había sido consumado: las inflaciones medianas estuvieron haciendo su cruel tarea; pero, perdón, ¡esa última frase es un eufemismo! La tarea de destruir la moneda la realizó directamente quien tiene la responsabilidad constitucional de protegerla, o sea, el propio BCV, lo cual equivale a estar ante un policía que robe y asesine, un militar que contrabandee, o un juez que viole leyes con sus dictámenes (¿suena conocido?).

La aceleración del daño inflacionario sobre el poder adquisitivo es causado por los niveles medianos de inflación. Viéndolo más de cerca entre 0% y 500%, tenemos que...


son los niveles de menos de 100%, los que causan el peor daño a la moneda, pero son esos niveles los que al BCV no le preocupaba publicar en años previos cuando la inflación era de dos dígitos.

Es comprensible que el público general no se de cuenta de la estafa que existe en la interpretación cotidiana de las cifras de inflación. Es natural que la mayoría nos asustemos. Pero que se alarmen o se asusten muchos economistas o analistas políticos es difícil de entender. Sólo se me ocurren dos explicaciones sobre ese fenómeno de analistas alarmados:

a.) Son ignorantes e ingenuos

b.) Son cínicos y cómplices

Los cínicos dirán que el daño al PPA se compensa con aumentos de salarios, e idealmente indexándolos. Aunque si PPA significase Pérdida del Poder AHORRATIVO (en lugar de ADQUISITIVO) se les enredaría el papagayo, porque no existiría tasa de interés que pudiese compensar tal deterioro de los ahorros, cuando la inflación supera los dos dígitos.

Lo que además hacen los cínicos en ese caso, es recomendar que nos "refugiemos" en moneda dura ($) (increíble: ¡en un país con control de cambio!). Pero plantearles que todos podríamos refugiarnos dolarizando la economía, los lleva a pegar un grito equivalente al del pánico que ellos mismos, cínicamente, hacen junto a la histeria alrededor de las cifras de hiperinflación.

Conclusión: analistas y economistas cínicos parecen cómplices de lo que sucede al intentar meternos miedo con un "coco" relativamente poco ofensivo (hiperinflación); simulando a la vez, hipócritamente, que se asustan con el insecticida (dolarización) el cual sí eliminaría al "coco" que es verdaderamente dañino (inflación de dos dígitos aceptada y promovida por el BCV).

Definitivamente, nos quieren asustados y confundidos para que no se nos ocurra impulsar un cambio que les "mueva el piso", tal como ocurrió en Ecuador a principios de este siglo... y que Correa, con todo su chavismo, no se ha atrevido a revertir.

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