Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

10.2.11

Loctitud Incorrecta

Entre el chaparrón de leyes que azotó al país en Diciembre 2010, vino la reforma a la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI). El cambio aparentemente más importante que se aprobó es que ahora las empresas pierden la posibilidad de orientar sus aportes a proyectos específicos y deben darle al Gobierno los reales para que sea éste quien unilateralmente decida qué proyectos de innovación deben recibir financiamiento. Se ha argumentado que muchas empresas no orientaron correctamente sus aportes y, nuevamente, se obliga a los justos a pagar por lo que supuestamente hicieron algunos pecadores.

El criterio de hacer pagar a justos por pecadores es indiscutiblemente anti-científico. Es algo que típicamente aplicamos los papás cuando, desesperados, los chamos hacen un desastre en casa y, sindicalmente, se taparean entre ellos para no volverse (con toda razón) unos acusetos. Es precisamente la falta de criterio científico lo que provoca ese tipo de medida a rajatabla, dogmática, autoritaria, como la de haber bajado, hace años, de $3.000 a $400 el cupo de Internet porque habían unos aprovechadores que compraban cupos.

Que el Ministerio de Finanzas, el BCV o CADIVI no sean disciplinadamente científicos con sus medidas de política cambiaria es comprensible porque ni siquiera funcionan bien como economistas. Pero que sea el propio ministerio de Ciencia y Tecnología quien descaradamente renuncie a aplicar criterios científicos en sus decisiones estratégicas, lo convierte en una especie de candidato a la colección de colmos que tanto le gusta a los chamos contar (¿Cuál es el colmo de un político gordo? Tener que tragarse sus propias palabras). Sin mencionar el apuro de la Asamblea en aprobar esa reforma con la consecuente falta de consulta a quienes se ven afectados por los cambios propuestos.

Si la LOCTI original contemplaba medidas contra quienes no hicieran un uso correcto de los aportes, ¿Quién se responsabiliza por no haber aplicado oportunamente esas medidas? ¿Por qué no simplemente se hicieron más fuertes las sanciones para quienes no den el uso correcto a los aportes? Y, en definitiva, ¿Dónde está la evaluación de los resultados de aplicar la Ley que justifique una modificación tan drástica del espíritu con el que originalmente fue concebida?

Antes de la LOCTI las empresas venezolanas no estaban obligadas a invertir en desarrollo científico-tecnológico. La línea base con respecto a la cual evaluarlas era por lo tanto una linea '0', una dinámica que parte de unas semillas que se espera se conviertan en un frondoso bosque de cultura de innovación. ¿Qué diría usted de un agrónomo que recomienda arrasar con la plantación de Uverito porque a los 3 años los pinitos estaban muy bajitos comparados con bosques de 30, 60 o 90 años que hay en Japón, Francia o Estados Unidos?

El asunto del desprecio por la ciencia se exacerba al constatar que se aludieron cuestiones políticas o ideológicas. Decir que hay una ciencia del pueblo es como decir que hay una ingeniería, una poesía o una filosofía del pueblo, cosas que obviamente sólo existen como frases huecas y manipuladoras. El Socialismo es un dogma y como tal se resiente ante quienes le cuestionamos sus métodos y resultados. Mientras se ejecuta el dogma de eliminar las empresas privadas, la nueva LOCTI lo que hace es cobrarles, como las FARC, una vacuna para que colabore con la 'guerrilla científica'.

Es lamentable que existiendo tantas personas capaces y honorables en ese Ministerio, la Asamblea Nacional haya impuesto inconsultamente y anti-científicamente una ley que complace a las fuerzas más oscuras del país, a las que importan de todo antes que favorecer las compras nacionales, a las que prefieren que profesionales extranjeros vengan a trabajar acá mientras rechazan a tantos venezolanos capacitados y deseosos de trabajar, las que expropian destruyendo décadas de esfuerzo hecho en Venezuela...

Científicos sin ciencia. Esto es el colmo. ¿Pero pueden paliar la situación? Sí, corrigiendo loctitud (perdón, la actitud)...

Aceptemos que la nueva LOCTI se aplica. ¿Cuál es la línea base para comparar si con esta nueva ley se obtienen mejores resultados? Pues, el Ministerio debe hacer un 'corte de cuenta' y constatar cuánta innovación y cuánto desarrollo científico-tecnológico se obtuvo con la LOCTI original hasta Diciembre de 2010 (o sea, la estatura y robustez de los pinitos); luego, en Diciembre de 2011 compararemos si la nueva ley produjo mejores resultados (pinos más grandes y sanos) y así sucesivamente. Si la nueva ley lo logra, pues nuestra hipótesis habrá resultado falsa y reconoceremos que debemos aprender que esos cambios eran estrictamente necesarios y convenientes... Pero, si los resultados de la nueva LOCTI son iguales o peores a la línea base, el Ministerio y la Asamblea deberán reconocer que se equivocaron y deberán derogar por lo menos el cambio sobre la cuestión clave de cómo se decide el destino de los aportes.

Lo mismito debe hacerse con tantos otros asuntos, como el de las expropiaciones y nacionalizaciones. Si luego de un período de un año, las empresas expropiadas o nacionalizadas funcionan igual o peor que antes, no solamente deben revertirse esas decisiones sino cambiar toda esa política pública por inconveniente. Si este razonamiento se le explica al pueblo ¿Qué dirá?

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