Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

12.10.10

¡Qué molleja'e monopolio!

Las expropiaciones y la hegemonía política son ríos, cauces que conducen las decisiones sobre los recursos del país hacia un solo lugar: la limitada cabeza de Esteban. Atención: no me refiero a que Esteban sea limitado desde el punto de vista de su coeficiente intelectual que, aparentemente, es de normal a superior. Me refiero a que el tiempo del que dispone va a ser el mismo, la cantidad de neuronas va a ser la misma y cada vez se llena con más y más asuntos sobre los cuales decidir.

Por ejemplo: 'Comandante, ¿Seguimos importando los químicos del barquito vikingo o comenzamos a traer de la India unos fertilizantes más bravos hechos con mierda de elefante? O sea, ¿Nos movemos del vikingo al elefante? - Mmmmhhh, mira chico vale, los vikingos son escandinavos, son blancos del norte y ahí está Noruega donde decidieron darle el Nóbel al mediático chino pitiyankee ése; en cambio los elefantes son No Alineados, más bien son símbolos de Africa e India. Nojoooo ¡No hay duda! ¡Cambiémonos en Agro Patria pa'l elefante, camarada!'

Y así podría decidir y decidir tantas cosas: modelos de línea blanca para importar de China, carros iraníes, rellenos de alfajores argentinos, color de las franelas para la selección de fútbol, zapatos brasileños, lo que sea que venga importado de USA, recetas que debemos usar para que cuadre lo que cocinemos con lo que se consiga en los abastos, tasa de interés y monto permitido para la tarjeta de crédito, textos escolares, hora en la que se emite el primer boletín electoral, acusaciones y juicios penales, leyes que deben aprobarse y cuándo... En fin, muy pocas cosas quedarían fuera de su oportuna injerencia si Esteban fuese ultra eficiente y, sobre todo, si tuviese la capacidad para escoger un excelente equipo de colaboradores y estuviese normalmente dispuesto a delegar.

Sin embargo, no hay duda de que, aunque Esteban no tenga el tiempo, método, aptitud, equipo o energía para decidir, demasiadas decisiones dependen de él. Y si algo garantiza la propiedad privada como institución es la capacidad de decidir sobre lo que es de uno. Podemos vender, modificar, utilizar, almacenar o regalar lo que es de nuestra propiedad, sin más limitaciones que las impuestas por ley, como, por ejemplo, lo que sucede en el caso de inmuebles que no podemos tumbar y construir allí algo que no sea autorizado por la ordenanza municipal de zonificación.

Pero dada la concentración de tantas decisiones en una sola persona, podemos argumentar que se trata de la formación, en una década, del monopolio más grande que jamás haya existido en el país: ¡Qué molleja'e monopolio!. Y lo paradójico es que Esteban dizque es el gran paladín anti-monopolio. Si él decide sobre tantas cosas, en la práctica él es quien es dueño de prácticamente todo.

Por lo tanto, la expropiación más importante que los venezolanos tenemos pendiente es la que destruya el super mega monopolio de Esteban. Eso no lo sabe nadie mejor que los propios Estebanistas. Ninguno de ellos decide nada, todo lo consultan al único dueño y sólo él tiene la última palabra.

No hay democracia sin propiedad privada. Y mientras más propietarios existan, más democrática será Venezuela. Las expropiaciones y la concentración del poder en una sola persona, que por más capacitada que sea, siempre tendrá limitaciones, son un insulto a la democracia, al pluralismo y a la libertad. No hay libertad sin propietarios y no hay propietarios sin prosperidad.

Si seguimos en manos del Estebanismo comunista, no habra prosperidad. Un solo dueño dispondrá de todo para su exclusivo beneficio. El monopolio comunista es el más perverso, ¡Exprópiese!

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