Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

2.6.10

Rojo: humildad y humillación

Por muchas razones el gobierno escogió al rojo como su color preferido. Los Diablos de Yare, el Comunismo, la Realeza, los Semáforos y los Avisos de Peligro pueden estar entre ellas o porque simplemente es bonito y atractivo. Pero el asunto es que lo han convertido en un humillante uniforme para funcionarios públicos de todo nivel, desde ministros hasta obreros.

Cuando veo personas con franelas rojas que barren calles y autopistas siempre pienso en que no está mal ese color porque destaca a la persona y eso ayuda a prevenir accidentes. Pero, también veo a empleados de oficinas públicas que no necesitan ese color para estar sentados detrás de una computadora. Mucho menos los ministros o el mismo presidente de la república.

En los casos innecesarios el color pasa a ser un distintivo sectario, un símbolo de pertenencia al grupo que tiene el poder, una manera de gritar 'soy guapo y apoyao'. Pero entre las casi 3 millones de personas que trabajan directamente en el Estado existen, digamos, distintos grados de vinculación ideológica con el PSUV como partido de gobierno y no todos quieren lanzar ese grito, sobre todo quienes ignoran lo que significa ser marxista o, sabiéndolo, no lo son. Por supuesto, también existen los que sí quieren hacerlo, como aquellos de buena fé que creen en esos postulados, o quienes por interés se hacen pasar hipócritamente por marxistas mientras amasan fortunas aprovechando la ventaja comparativa de estar enchufados.

Son humildes quienes llevan el rojo como parte de las condiciones que les permiten desempeñar su trabajo con seguridad y honestamente, como un bombero o un trabajador de una vía, indistintamente de su grado de vinculación con el PSUV. Pero el resto de los funcionarios públicos honestos son humillados porque rojo significa hoy en día muchas otras cosas: comida podrida, apagones, inseguridad, desempleo, irrespeto a los derechos humanos (por ejemplo, a F. Brito), retrasos o aceleraciones procesales, abuso de poder, inhabilitaciones, despilfarro de recursos, déficit de viviendas, pérdida de soberanía, llamados a la guerra, etc.

En la campaña electoral para el 26S se intentará volver a asociar el rojo con repartición de comida, electrodomésticos, becas, etc., en vastas zonas populares. Como le decía sabiamente Ocariz a la gente en Petare 'agarren pero después voten por el cambio' y así lo hicieron. Con tanta pelazón, es absurdo apostar a un estoicismo masivo.

Lo mismo puede hacerse con el rojo. Si te obligan a humillarte usándolo, llévalo sólo por fuera pero adentro cuida tu fuerza para votar por el cambio que crees que el país necesita: leyes que hagan valer los valores consagrados en la Constitución vigente como son libertad, seguridad, honestidad, propiedad, soberanía descentralización y reconciliación entre todos para trabajar juntos por una Venezuela cada vez más justa y más próspera.

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