Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

7.4.10

Hofstadter, Mandelbrot, Morin y la Banda Ancha

Ser parte de Internet desde sus inicios tiene sus ventajas, pero también me creó hábitos que de repente se me volvieron contraproducentes. Una de las condiciones a la que en cierto modo me habitué fue a navegar con un ancho de banda no demasiado amplio. Al darme cuenta recientemente que había superado hace rato esa restricción, estoy emocionado por llegar, aunque sea como con una década de retraso, a la Internet del Siglo XXI, a la Internet Audiovisual. Claro, audiovisual a mi manera porque al final la he relacionado más con libros que he leído. Pero comencemos por el principio.

En 1990 me asignan mi primera dirección de correo como parte del 'kit' del postgrado que estudié en USA y comienzo a usar el MAIL, a navegar por servidores de documentos FTP y a participar en los BBS. Era la época de la red Atarraya, una lista de discusión de venezolanos pertenecientes sobre todo al mundo académico que se parecía más a los posts de Noticiero Digital que a Facebook; no solamente porque no había fotos de nadie, sino porque las discusiones eran así de acaloradas entre izquierdas, derechas o ninis.

Luego, al regresar a Venezuela, obtuve mi primer mail del Saycit-Conicit, uno de los poquísimos servicios de mail existentes para ese momento. Faltaban todavía unos dos años y pico para que Tim Berners-Lee echara a andar desde el CERN en Suiza y, sin embargo, el sonido tipo fax de los 'veloces' modems de 2.400 kbps nos hacía a los fiebrosos sentir que estábamos conectándonos con el futuro. Y así fue.

En 1993 comenzaron a aparecer las páginas web y con ellas a crecer la infraestructura y los contenidos impulsados ambos por la burbuja financiera de las “.com”. La comunicación interactiva digital iba progresando y de una serie de modems que hacían más rápida la conexión dial-up, pasábamos a los modems de banda ancha que nos liberaban la línea telefónica para hablar al mismo tiempo que, mágicamente, estábamos conectados. Las páginas web estuvieron por muchos años compuestas por textos e imágenes y el uso directo de audio y video las ponía tan lentas que, ahí está el detalle, fue muy común desarrollar el hábito de huirle a esos formatos devoradores de ancho de banda.

La riqueza de contenidos disponibles en Internet nos abrumaba y abruma todavía. Acceder a tanto material desde nuestra oficina o casa nos ha metido más de una vez en problemas por el tiempo que terminamos restándole a otras actividades. Eso también nos distanciaba de lo estrictamente audiovisual por falta de tiempo. Sólo hacíamos excepciones para disfrutar videos cortos de cualquier cosa o, con un poco más de paciencia, de otros un poco más largos de conferencias o clases dictadas por profesores excepcionales en un sitio para ex-alumnos.

A partir de 2005 comienza la era de Youtube y se destapa tecnológicamente la posibilidad de colocar streams de video de manera gratuita y eficiente. Hoy en día existen innumerables fuentes de contenido audiovisual y crece a cada minuto la enorme videoteca planetaria en Internet con Youtube y otros servicios similares como Vimeo, o más editorializados como TED y Big Think. En todas esas plataformas hay de todo, pero lo que quiero destacar es que autores de libros que he leído y que admiro tanto, de repente me los he encontrado en entrevistas, conferencias o documentales, de cuerpo presente, hablando sobre sus formidables ideas, experiencias y hallazgos en la Internet Audiovisual.

Por ejemplo, al creador de la formalización de la teoría de los fractales, Benoit Mandelbrot, me lo encuentro en una entrevista en Big Think. O al extraordinario investigador de la mente Douglas Hofstadter, célebre por su libro “Godel Escher Bach”, me lo encuentro en Youtube en conferencias dictadas en Stanford o hasta en un curso online basado en su libro, de los que ofrece gratuitamente el MIT en su loable iniciativa OpenCourseWare. O me tropiezo con un documental sobre Edgar Morin, donde aparece este mismo intelectual francés famoso por abordar la complejidad como tema y que ha tenido tanta influencia en desmontar la excesiva departamentalización del conocimiento facilitando una mayor integración multidisciplinaria a la hora de comprender los desafíos a los que nos enfrentamos como especie humana. O videos donde aparecen otros extraordinarios pensadores y creadores contemporáneos como los chilenos Humberto Maturana, Francisco Varela, Fernando Flores, Alejandro Jodorowsky y Rolando Toro.

En fin, esto es apenas un piquito del iceberg de ese privilegio de poder ver y escuchar a personas reales que, como autores de libros que hemos leído y que nos han marcado a lo largo de décadas, antes sólo podíamos imaginar (sin mencionar que hasta, si queremos, podemos en muchos casos enviarles directamente un mail como si fuesen nuestros profesores... Na'guará).

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