Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

29.4.10

Ahora tuitéame...

Tutéame vale... era lo que antes alguien mayor y con algún nivel de autoridad nos pedía que hiciéramos para que la conversación transcurriera, de allí en adelante, quizás bajo un formato más igualitario y de mayor confianza. En el mundo digital en el que nos movemos, solamente le agregamos una i y entonces encontramos que podemos tuitearnos hasta con el más pintao. O sea, ¡Hasta con Esteban!

El asunto es que tuitear es una especie de conversación múltiple y asincrónica difícil de entender. Normalmente a los más pintaos que llegan a Twitter lo que les provoca es seguir con sus hábitos de hablar todo el tiempo, sin preocuparse mucho por aprender a moverse en ese tipo de conversaciones, sin escuchar para poder sostener una mínima conversación con su audiencia. Definitivamente, hay muy pocas garantías de que al tuitear, a los ricos y famosos tradicionales, obtengamos respuestas.

Las focas (con el perdón de las que realmente pertenecen a la familia Phocidae) no han perdido tiempo en celebrar que Esteban va ahora a tuitear a quien se le atraviese por delante y se convierta en su follower o seguidor. La foca-obsesión se manifiesta en lo emocionados que están al ver la creciente cantidad de seguidores que ven como a una especie de guerrilleros comunicacionales que lo apoyarán siguiéndolo como devotos soldaditos. Aunque no parecen percatarse de que entre los seguidores también estarán los paramilitares comunicacionales que lo adversarán, rechazando de antemano cualquier cosa que diga.

La pregunta es ¿Para qué quieres tuitear si no quieres conversar? Esta pregunta es válida para que se la hagan los de uno u otro grupo. Es más, suponiendo que Esteban quiera conversar con todos sus seguidores... ¿A qué hora piensa trabajar? O si encarga a un equipo para que le escriba los tweets... ¿Tiene sentido creer que va a poder engañar a todos, todo el tiempo?

Es más, ¿Qué implicaciones legales habría si por esa vía un alto funcionario, confirmado por la misma empresa Twitter como él, afirma por ejemplo que cualquiera de sus seguidores tiene luz verde para invadir un determinado galpón industrial? Algo que no parecen haber tomado en cuenta sus asesores es que cada tweet queda almacenado como evidencia en bases de datos y, aunque lo borren muy rápidamente, puede que ya haya sido capturado, guardado y constituya una prueba o evidencia aceptable judicialmente o, por lo menos, políticamente.

Viéndolo desde lejos y de manera muy desprejuiciada, que un Presidente esté dispuesto a tuitear es algo tan loable como si hubiese decidido irse diariamente en bicicleta a su trabajo, cual primer ministro sueco, predicando con el ejemplo su apoyo auténtico al desarrollo sostenible y ecológicamente pacífico del país y del planeta.

Pero, con los antecedentes de gallineros verticales, rutas de las empanadas, recuperación de El Guaire, toma por asalto de la Cumbre de Copenhague, etc., lo del Twitter va a ser una travesura más del Niño Esteban quien, fastidiado de los apagones, ahora arremete contra un pueblo que se desahoga en apenas 140 caracteres para evitar deprimirse ante tanto desastre e incompetencia oficial, entre otros temas...

Porque seguramente no es lo único sobre lo que tuiteamos, ni tampoco lo más importante.

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