Blog personal en el que...

Escribo sobre lo que me afecta, me gusta, me intriga: bastante sobre política y filosofía, también algo de urbanismo, diseño y temas diversos (desde hace un tiempo me apoyo en el uso de IA).

23.11.25

Conversación en la Taquería: Conectando cine, tacos y narcisismo

Moisés P. Ramírez (ideas esenciales, estructura y ajustes editoriales, incluyendo selección de imágenes)
Claude Sonnet 4.5 (textos)

William N. me envió varias notas de voz. Transcribirlas sería absurdo. He preferido contarles a mi manera lo que le sucedió recientemente, porque esta historia merece más de contexto y atmósfera que la que permitiría lo que una grabación de WhatsApp proporciona.

William es uno de esos amigos cuya agenda parece diseñada por algún algoritmo de optimización social: siempre está en el lugar indicado, conociendo a la persona indicada, en el momento indicado. No es casualidad. William ha construido durante décadas una red de contactos que abarca desde Silicon Valley hasta los círculos culturales y de negocios de América Latina y Europa. Es empresario, es profesor en la Universidad de California en Berkeley, y, sobre todo, es un conversador nato. El tipo de persona que puede hablar de finanzas corporativas con un inversionista en la mañana y de música con un director de orquesta en la noche, sin que ninguno de los dos sienta que está invadiendo su disciplina improvisadamente.

México es uno de sus destinos frecuentes. Va tan seguido que ya tiene lugares favoritos en Ciudad de México, rutas predilectas, un mapa mental que solo construyen quienes han dejado de ser turistas para convertirse en algo intermedio entre visitante habitual y residente temporal.

Esta vez, como tantas otras, William estaba en la ciudad por asuntos de negocios. Lo que no esperaba era recibir, una tarde de mediados de julio, un mensaje de WhatsApp de Guillermo del Toro.

Se conocían de un encuentro anterior en un festival de cine en Guadalajara, uno de esos eventos donde las conversaciones en los pasillos son más valiosas que las proyecciones oficiales. Del Toro había quedado impresionado por los comentarios de William sobre la relación entre narrativa cinematográfica y arquitectura de software. Habían intercambiado contactos, como se hace en estos casos, sin saber bien si volverían a cruzarse.

El mensaje era directo: "William, si te encuentras en México estos días, te invito a una función privada de mi nueva película: Frankenstein. Es para un grupo muy pequeño. Es mañana por la noche. ¿Te animas?"

William respondió que sí sin pensarlo dos veces.

El Cine Tonalá no es un lugar que encontrarías buscando "cines en Ciudad de México" en Google Maps, con expectativas convencionales. Ubicado en la calle Tonalá 261, en plena Roma Sur, es uno de esos espacios multiculturales que definieron el renacimiento cultural del barrio en la última década. Por fuera parece una casona cualquiera. Por dentro es bar, restaurante, sala de proyección, escenario de teatro, espacio de exposiciones y refugio de cinéfilos que huyen de las salas comerciales.

Su programación es deliberadamente excéntrica: cine independiente europeo, documentales experimentales, funciones de medianoche de terror de culto, directores mexicanos alternativos que no encontrarían pantalla en ningún otro lugar. Es exactamente el tipo de sitio donde un director como Del Toro elegiría hacer un pre-estreno íntimo.

Cuando William llegó esa noche, la pequeña sala ya estaba ocupada por una veintena de personas. Había caras del mundo del cine mexicano, críticos especializados, un par de académicos de la UNAM. Del Toro lo saludó efusivamente y lo presentó brevemente: "William es profesor en Berkeley, pero sobre todo es alguien que piensa el cine de formas que me sorprenden."

La película comenzó. Dos horas después, cuando terminaron los créditos, había un silencio denso en la sala. No el silencio incómodo de quien no sabe qué decir, sino el silencio pesado de quien acaba de presenciar algo que requiere tiempo para procesarse.

Del Toro agradeció a todos por acompañarlo, respondió un par de preguntas generales, y luego, como quien hace una invitación espontánea pero calculada, dijo: "Algunos vamos a ir a comer algo cerca. Quien quiera sumarse, bienvenido."

El grupo se redujo a seis personas. Caminaron las pocas cuadras hasta la Taquería Orinoco, en Álvaro Obregón 179, Roma Norte. Es de esas taquerías que los defeños recomiendan con orgullo: auténtica sin ser pretenciosa, popular sin ser descuidada, llena a cualquier hora porque la comida es realmente buena. Tacos de guisado que respetan las recetas tradicionales, salsas que no necesitan gritar para hacerse notar, ese equilibrio perfecto entre simplicidad y sabor que define lo mejor de la comida mexicana.

Se sentaron en una mesa larga al fondo. Llegaron las órdenes: tinga, picadillo, rajas con queso, nopales. Cervezas. Aguas frescas. El ruido ambiental de la taquería creaba una intimidad paradójica, ese fenómeno donde el bullicio ajeno hace que tu propia conversación se sienta más privada.

La conversación comenzó, como suele ocurrir después de ver una película, con comentarios generales sobre actuaciones, fotografía, decisiones narrativas. Pero eventualmente, como era inevitable, llegaron al tema de fondo.

Del Toro dijo: "Tú, William, que piensas tanto estas cosas, ¿qué te pareció?"

William masticó su taco de tinga, tomó un trago de su cerveza, y dijo: "Es poderosa. Visualmente impresionante. La relación padre-hijo está muy bien construida." Hizo una pausa. "Pero tengo una lectura diferente de la que imagino es tu intención."

"Cuéntame," dijo Del Toro, inclinándose ligeramente hacia adelante con esa curiosidad genuina que caracteriza a los buenos directores.

"Tú planteas Frankenstein como una crítica del romanticismo a la racionalidad científica deshumanizada, ¿no?" dijo William. "Victor Frankenstein como el científico que juega a ser Dios, que viola los límites naturales, y la Criatura como consecuencia de esa arrogancia. Una advertencia sobre los peligros de la ciencia sin ética."

Del Toro asintió. "Sí, ese es el corazón. Cuando leí el libro a los 11 años, me di cuenta de que Jesucristo era Frankenstein. Una creación abandonada por su creador, rechazada por el mundo, sufriendo por existir. La Criatura es Cristo invertido: en lugar de redimir, destruye. Pero ambos son hijos no deseados buscando el amor del padre."

William sonrió. "Es una lectura hermosa. Pero yo creo que Frankenstein no es solo Cristo. Frankenstein somos todos."

Hubo un silencio. Los otros en la mesa dejaron de masticar.

"Explícate," dijo Del Toro.

"Victor Frankenstein toma partes de cadáveres, las ensambla, y crea vida," comenzó William. "Nosotros, cada uno de nosotros, somos creados exactamente igual. No de forma literal, claro, pero sí conceptualmente. Cuando un embrión se forma, está siendo 'ensamblado' a partir de instrucciones genéticas heredadas. Esas instrucciones no son nuestras, son de nuestros ancestros. Algunos vivos, la mayoría muertos."

Del Toro lo miraba fijamente.

"Tenemos dos padres," continuó William. "Cuatro abuelos. Ocho bisabuelos. Dieciséis tatarabuelos. La red de ancestros crece exponencialmente hacia atrás. Cada uno de ellos contribuyó fragmentos de información genética que terminaron en ti, en mí. Somos mosaicos de partes heredadas. Frankenstein fue hecho de brazos, piernas, órganos de distintos muertos. Nosotros fuimos hechos de genes de ancestros distintos, la mayoría ya extintos."

"La embriología como laboratorio de Victor Frankenstein," murmuró uno de los críticos en la mesa.

"Exacto," dijo William. "Y va más allá. Esas instrucciones genéticas no son solo de nuestros abuelos. Van mucho más atrás. Tenemos genes que vienen de cuando éramos peces, de cuando éramos reptiles, de formas de vida que existieron hace millones de años. Esos genes todavía están ahí, algunos silenciados, otros reinterpretados. Llevamos dentro las instrucciones para hacer escamas, para hacer cola, para hacer un montón de cosas que ya no usamos. Somos bibliotecas ambulantes de todas las formas de vida que nos precedieron."

Del Toro se recargó en su silla. "Entonces tu lectura es que Mary Shelley, sin saberlo, escribió una metáfora perfecta de la herencia genética."

"Sí," dijo William. "Pero no solo eso. También escribió sobre la angustia existencial de saberte ensamblado. La Criatura sufre porque sabe que no es 'natural', que fue construida, que es un artefacto. ¿No sentimos todos algo de eso cuando descubrimos que somos portadores de traumas intergeneracionales, de genes que no elegimos, de historias familiares que no ayudamos a construir pero que nos constituyen?"

"Victor como el padre ausente que no asume la responsabilidad de lo que creó," añadió uno de los académicos. "Igual que muchos padres biológicos. Te dieron genes, te ensamblaron, pero luego te abandonaron a tu suerte."

"Pero hay algo más inquietante," dijo William, pidiendo otra ronda de tacos. "Si Frankenstein somos todos, entonces Victor Frankenstein también somos todos. Porque ahora, con CRISPR y edición genética, nosotros sí podemos ser el doctor Frankenstein. Ya no solo heredamos pasivamente, podemos diseñar activamente. La pregunta de Mary Shelley ya no es solo filosófica, es práctica: ¿qué pasa cuando el creador y la criatura se encuentran cara a cara?"

Del Toro se quedó callado un largo momento. Luego dijo: "Nunca lo había pensado así. Siempre vi a Victor como el científico arrogante, pero tienes razón. Todos somos Victor en potencia ahora. Y todos seguimos siendo la Criatura, ensamblados de partes que no elegimos."

"Lo que me lleva a otra cosa," dijo William. "Hay una dimensión psicológica en Frankenstein que creo que no se ha explorado suficientemente."

"¿Cuál?" preguntó Del Toro.

"El narcisismo," respondió William. "Victor Frankenstein es un narcisista grandioso clásico. Cree que las reglas no aplican para él, que puede trascender los límites de la naturaleza, que él solo descubrirá lo que nadie ha descubierto. Y cuando su fantasía colapsa, cuando la Criatura no es la maravilla que imaginó, Victor no asume responsabilidad. Huye. Se victimiza. Culpa. Ese es el ciclo narcisista completo: inflación grandiosa, fracaso, colapso, victimización."

"¿Y la Criatura?" preguntó uno de los críticos.

"Ah, la Criatura es el narcisista vulnerable perfecto," dijo William. "Sufre genuinamente, es realmente rechazado, pero usa ese sufrimiento para justificar cualquier atrocidad. 'Soy malicioso porque soy miserable.' No es una explicación, es una licencia para matar. El vulnerable no asume responsabilidad porque siempre puede culpar a quien lo hirió primero."

Del Toro lo miraba con una mezcla de fascinación y sorpresa. "Nunca pensé en Frankenstein como un estudio del narcisismo."

"Yo creo que Mary Shelley capturó, sin tener el lenguaje psicológico moderno, los tres tipos principales de narcisismo: el grandioso, el vulnerable, y..."

"¿Y?" preguntó Del Toro.

"El vicario," dijo William. "Los que habilitan al narcisista. Alphonse Frankenstein, el padre de Victor, es el vicario perfecto. No interviene, no cuestiona, no establece límites. Su forma de habilitar la grandiosidad de Victor es precisamente su ausencia. Y la universidad, los profesores, la sociedad ginebrina entera. Todos son vicarios institucionales que apoyan al narcisista dándole herramientas, para que las use a su antojo, sin cuestionamiento ético."

La conversación se extendió otra hora. Hablaron de epigenética, de trauma intergeneracional, de libre albedrío versus determinismo genético, de si la Criatura pudo haber elegido no asesinar. Los tacos seguían llegando. Las cervezas también.

Finalmente, pasada la medianoche, el grupo se disolvió. Del Toro y William intercambiaron un abrazo en la calle.

"Me diste mucho en qué pensar," dijo Del Toro. "Deberías escribir sobre esto."

"Tal vez lo haga," respondió William.

Se despidieron. Cada quien tomó su Uber.

Pero William sí lo hizo. Durante las siguientes semanas, cuando regresó a Berkeley, no podía quitarse de la cabeza la conversación en la taquería. Decidió hacer lo que mejor sabe hacer: investigar.

Consiguió una copia del texto original de Frankenstein en inglés. Lo leyó con atención analítica, no como lector casual. Y se le ocurrió algo: ¿qué pasaría si analizara lingüísticamente el uso del modo subjuntivo en los personajes? El subjuntivo es el modo gramatical de lo irreal, de lo que debería ser o hubiera sido. ¿Podrían ser los verbos conjugados de esa forma un marcador del narcisismo?

Diseñó un análisis computacional. Escribió código en Python para detectar patrones lingüísticos. Clasificó a los personajes. Los resultados lo sorprendieron: Victor Frankenstein usaba el subjuntivo 174 veces. Elizabeth, 27 veces. La proporción era abismal.

Escribió dos reportes. El primero, cuantitativo: frecuencias, porcentajes, distribuciones estadísticas. El segundo, cualitativo: análisis psicológico de cada personaje, momentos de transformación, la trampa existencial del subjuntivo como destino.

Cuando terminó, tenía un paper académico completo con dos reportes anexos: un análisis lingüístico-cuantitativo y un análisis cualitativo-narrativo del narcisismo en Frankenstein.

Retomó por WhatsApp la conversación con Del Toro. Le envió un resumen de sus hallazgos. "¿Recuerdas nuestra conversación en la taquería? Lo investigué. El narcisismo está literalmente codificado en el lenguaje de los personajes. Mary Shelley lo capturó sin saberlo."

Del Toro respondió horas después: "Increíble. Me encantaría leer eso completo. Me diste una perspectiva totalmente nueva. De hecho, te cuento algo: mi próxima película va a abordar el mito de Narciso, pero con un tratamiento contemporáneo de los personajes. Después de nuestra conversación, tengo clarísimo cómo quiero hacerla."

William le deseó suerte. Y luego, porque somos amigos desde hace años y sabe que este tipo de temas que combinan arte y ciencia me obsesionan, me envió notas de voz y los archivos de los dos reportes.

El primero es un análisis lingüístico-cuantitativo de narcisismo en Frankenstein, detectando patrones grandiosos, vulnerables y vicarios. El segundo es un análisis cualitativo que explora la psicología profunda de los personajes y la relación entre evolución, libre albedrío y el subjuntivo como trampa existencial. Acá van los links a la nube para quienes quieran leerlos:
Reporte 1 y Reporte 2.

Son documentos académicos rigurosos, pero también son, a su manera, la continuación de una conversación que comenzó en una taquería de la Roma después de ver una película sobre un doctor que jugó a ser Dios y creó un hijo que no podía amar.

Como dijo William esa noche: Frankenstein somos todos. Y quizás, solo quizás, entender cómo fuimos ensamblados —genéticamente, lingüísticamente, psicológicamente— nos ayude a ser mejores doctores de nosotros mismos.

 

17.11.25

LAS CARTAS DE DANERI: ¿Tiene sentido hablar de Lingüística Cuántica y Semántica Evolutiva?

LAS CARTAS DE DANERI

¿Tiene sentido hablar de Lingüística Cuántica y Semántica Evolutiva?

Moisés P. Ramírez (ideas esenciales, estructura y ajustes editoriales)
Claude Sonnet 4.5 (textos, referencias científicas y prompts para imágenes) / ChatGPT 5 (imágenes)


ACLARATORIA

Estas cartas aparecen por una serie de coincidencias que Borges habría llamado "fatales" y que Carlos Argentino Daneri, sin duda, habría atribuido a la semiosis ilimitada y secreta del universo.

A mediados de este año un amigo físico venezolano graduado en la USB, trabajando como migrante en un servicio de courier en Buenos Aires, encontró, entre paquetes extraviados destinados a ser destruidos y dentro de una caja de zapatos de niño marca Grimoldi bastante deteriorada, unos papeles. Al curiosear y encontrar referencias a "el punto en el sótano de Garay", su curiosidad literaria (porque además de físico teórico, es lector de Borges) lo impulsó a escanearlos antes de seguir el protocolo de destrucción. Decidió, además, hacerme cómplice de su curiosidad.

El contenido de esa caja podría agruparse en cuatro tipos:

1. Cartas en copias al carbón (todas las de Daneri a Fischer):
Era práctica común en la década de 1940 hacer copias de cartas referidas a asuntos de trabajo o similares, usando papel carbón. Daneri, meticuloso hasta la obsesión, conservó copias de las cartas a Fischer, identificables por su tono azulado y tipografía de máquina de escribir Underwood.

2. Cartas originales manuscritas (todas las de Fischer a Daneri):
Fischer envió desde Montevideo, cartas escritas a mano en papel del membrete de la Facultad de Ingeniería y Ramas Anexas de la Universidad de la República Oriental del Uruguay. Los sobres llevan sellos postales uruguayos. La caligrafía de Fischer es pequeña, apretada, con correcciones frecuentes en forma de palabras tachadas, no borradas.

3. Un borrador no enviado (la Carta VI, fragmentaria):
Este documento requiere explicación especial. Es un borrador manuscrito de Fischer, inconcluso, en papel arrancado de un cuaderno. Al reverso, Daneri escribió: "Fischer me dio esto antes de cruzar el Río de la Plata de vuelta, cuando vino a ver el Aleph en agosto de 1942. Después de contemplarlo dos horas, lo escribió aquí, en mi casa. Salió temblando y tomó el vapor de regreso esa misma noche, luego de entregármelo sin despedirse."

4. Un apéndice a las cartas (escrito por Adolfo Bioy Cáceres)
Este papel fue agregado por quien “salva” la caja, en un intento de conservar algo que incomprensiblemente fue descartado por su legítimo dueño.


CARTA I

Carlos Argentino Daneri al Dr. Juan Martín Fischer
Buenos Aires, 17 de agosto de 1941
Calle Garay 3007

Estimado Doctor Fischer,

Usted me preguntó, en nuestra última conversación en el Café Tortoni (cuando vino a Buenos Aires para aquel congreso en julio), por qué insisto en que cada palabra de mi poema La Tierra debe leerse simultáneamente en todos sus sentidos posibles. Permítame confesarle algo que no he revelado ni siquiera a Borges, quien se burla sistemáticamente de mis innovaciones métricas.

En el sótano de esta casa de la calle Garay - propiedad que perteneció a mi prima Beatriz Viterbo, de imperecedera presencia en mis recuerdos - existe un punto del espacio que contiene todos los puntos. Algunos que lo han visto lo llaman Aleph, por la letra hebrea que simboliza el infinito enumerativo. No voy a describir aquí ese objeto abominable y perfecto; ya lo haré en su momento, si la prudencia me lo permite.

Lo que quiero compartir con usted es otra cosa, Doctor Fischer. Algo que creo que ese punto me reveló sobre la naturaleza del lenguaje.

Cuando escribo ROSA, la palabra no denota solamente la flor preferida de los poetas mediocres. En ese instante de inscripción gráfica, ROSA contiene simultáneamente:

  • RASO (por mutación de una de las vocales)
  • OSA (por sustracción del principio)
  • AROS (por permutación circular)
  • ORAS (por añadidura de morfema)
  • Y ASOR (por inversión especular)

Todas estas palabras existen al mismo tiempo en ROSA, hasta que el ojo del lector efectúa una observación que colapsa las posibilidades en un significado único.

Usted, que ha estudiado la nueva física de Heisenberg y Bohr, reconocerá en esto algo análogo a lo que llaman "superposición de estados". ¿No le parece que las palabras tienen algo parecido a como se comportan las partículas elementales en Física?

Le ruego me escriba. Espero ansioso su respuesta desde Montevideo. Tengo la certeza de que esto no es una fantasía de poeta, sino una exploración fundamental de territorios en los que podemos encontrarnos para trabajar conjuntamente.

Su servidor,
Carlos Argentino Daneri


CARTA II

Dr. Juan Martín Fischer a Carlos Argentino Daneri
Montevideo, 3 de septiembre de 1941
Facultad de Ingeniería, Universidad de la República

Querido Daneri,

Su carta del 17 de agosto me llegó hace tres días (el correo entre nuestras ciudades sigue siendo caprichoso). Me ha perturbado más de lo que imagina. Llevo tres noches sin dormir bien, no por el "punto mágico" del sótano que usted menciona (el cual lo atribuyo a los efectos del coñac y la sugestión literaria), sino por su intuición sobre las palabras.

Permítame explicarle por qué esto me inquieta.

En 1927 participé como estudiante avanzado en el Congreso de Solvay, donde presencié los debates entre Einstein y Bohr sobre la interpretación de la mecánica cuántica. La pregunta central era: ¿existe la realidad independientemente de la observación?

Heisenberg formuló su Principio de Incertidumbre: no podemos conocer simultáneamente la posición y el momento de una partícula. Pero esto no es simple ignorancia; es una propiedad fundamental de la realidad. Antes de la medición, la partícula realmente existe en múltiples estados a la vez.

Ahora usted propone algo análogo para las palabras. Déjeme formalizarlo:

ANALOGÍA ESTRUCTURAL

Sistema Físico (Átomo)

Sistema Lingüístico (Palabra)

Núcleo (protón/neutrón)

Raíz/Lexema

Electrones orbitales

Morfemas flexivos

Fuerza nuclear fuerte

Cohesión silábica

Fuerza nuclear débil

Fronteras entre morfemas

Estado cuántico superpuesto

Potencial semántico

 

Su palabra ROSA sería entonces un sistema con:

  • Núcleo: ROS- (raíz)
  • "Electrones": -A (morfema de género)
  • Estados superpuestos: {rosa, raso, osa, ora, aros...}

La pregunta física sería: ¿En qué momento colapsa esta superposición? ¿Es el acto de leer una verdadera medición cuántica?

Esto me lleva a una especulación más arriesgada. Si las palabras tienen estructura cuántica, entonces el significado no reside en las palabras mismas sino en la interferencia entre las expectativas del lector y las palabras del texto.

Como en el experimento de Young con doble rendija: el patrón de interferencia desaparece cuando observamos por cuál rendija pasa el fotón. Análogamente, ¿el significado "desaparece" cuando intentamos analizarlo demasiado?

Propóngame un experimento. Necesito datos empíricos, no son suficientes las visiones poéticas.

Dr. J.M. Fischer
Profesor Asociado, Instituto de Física


CARTA III

Carlos Argentino Daneri al Dr. Juan Martín Fischer
Buenos Aires, 12 de enero de 1942

Estimado Fischer,

¡Su carta me ha electrizado! Perdone la demora en responder; he estado ocupado diseñando el experimento que usted solicitó.

He aquí mi protocolo:

EXPERIMENTO SOBRE DENSIDAD CUÁNTICA DEL LENGUAJE

Hipótesis: Textos con mayor proporción de "fuerzas semánticas fuertes" (grupos consonánticos, diptongos, palabras polimorfémicas) producen en los lectores una sensación mensurable de "peso" o "resistencia cognitiva".

Materiales:

  • Texto A: Fragmento de Soledades de Góngora (1613). Seleccioné los versos:

"Era del año la estación florida
en que el mentido robador de Europa
—media luna las armas de su frente,
y el Sol todos los rayos de su pelo—"

  • Texto B: Instrucciones de uso del calefón marca "Orbis", recién comprado para esta casa.

Método: He pedido a ocho lectores (profesores de la Facultad de Filosofía y Letras) que lean ambos textos y los califiquen según:

  1. Dificultad (escala 1-10)
  2. "Peso" o "densidad" percibida (1-10)
  3. Tiempo de lectura
  4. Número de relecturas necesarias

Además, yo mismo analicé la estructura interna:

TEXTO A (Góngora):

  • "FLORIDA": FL- (fuerza fuerte), -O-, -RI-, -DA
  • "MENTIDO": MEN- (fuerza fuerte), -TI-, -DO
  • "ROBADOR": Tres sílabas con ataques consonánticos fuertes
  • Índice de Fuerzas Fuertes (IFF): 73% de las letras en posiciones de alta cohesión

TEXTO B (Instrucciones):

  • "Gire la llave de paso"
  • "Espere tres minutos"
  • Palabras simples: GI-RE, LLA-VE, PA-SO
  • IFF: 12%

Resultados preliminares:

  • Góngora: Promedio de "peso" = 8.3/10
  • Instrucciones: Promedio de "peso" = 2.1/10
  • Tiempo de lectura: Góngora 3x más lento
  • Relecturas: Góngora promedio 2.3 veces, Instrucciones 1 vez

Fischer, he medido algo. No sé qué, pero lo he medido.

Propongo que esto que llamo IFF sea análogo a la densidad nuclear en física. Textos con alto IFF son como núcleos pesados: estables pero densos, difíciles de "fisionar". Textos con bajo IFF son como gases nobles: atraviesan la mente sin resistencia.

Pero falta algo en mi teoría. No logro explicar por qué un verso simple de Antonio Machado ("Caminante, no hay camino") tiene bajo IFF pero alto impacto emocional. ¿Existe otra variable?

Aguardo su respuesta con ansiedad.

C.A. Daneri


CARTA IV

Dr. Juan Martín Fischer a Carlos Argentino Daneri
Montevideo, 8 de febrero de 1942

Querido Daneri,

Su experimento es metodológicamente defectuoso (muestra pequeña, falta de grupo de control y sesgo de selección), pero los resultados son... inquietantes.

Permítame introducir conceptos que creo resolverán su paradoja de Machado.

En física cuántica distinguimos entre:

  1. Propiedades estructurales (masa, carga, spin)
  2. Propiedades dinámicas (energía cinética, momento)

Análogamente, propongo que el lenguaje tiene:

  1. DENSIDAD CUÁNTICA (su IFF): Estructura interna, cohesión morfológica
  2. VALENCIA SEMÁNTICA: Potencia de interacción con el lector

Su error es asumir que ambas propiedades se correlacionan. No es así.

Góngora tiene alta densidad Y alta valencia (por su complejidad metafórica).
Las instrucciones tienen baja densidad Y baja valencia (puramente denotativas).
Pero Machado tiene baja densidad Y alta valencia.

¿Cómo? Por el fenómeno que en física llamamos resonancia. En 1940, el puente de Tacoma Narrows en EEUU, colapsó porque el viento generó una frecuencia que coincidió con la frecuencia natural del puente. Pequeñas fuerzas, efecto catastrófico.

Las palabras de Machado son estructuralmente simples, pero entran en resonancia semántica con experiencias universales humanas (el paso del tiempo, la mortalidad, el camino). Por eso su impacto es desproporcionado a su complejidad.

Formulo entonces dos variables independientes:

IFF (Índice de Fuerzas Fuertes): 0-100%
Mide cohesión morfológica interna

VS (Valencia Semántica): 0-10
Mide potencial de resonancia con el receptor

El IFF de un texto puede ser:

  • Alto IFF, Alta VS: Góngora, Lezama Lima
  • Alto IFF, Baja VS: Jerga técnica, neologismos vacíos
  • Bajo IFF, Alta VS: Machado, haiku japonés
  • Bajo IFF, Baja VS: Prosa periodística, listas de compras

Pero falta formalizar la VS. ¿Cómo medirla? Aquí es donde su teoría se torna verdaderamente especulativa...

Le propongo lo siguiente: La VS no reside en las palabras sino en el espacio de interferencia entre texto y lector. Como en mecánica cuántica, donde el estado del sistema no está en la partícula ni en el detector, sino en la función de onda que los conecta.

¿Me sigue? Estoy postulando que el significado es un fenómeno de interferencia cuántica.

Necesito pensar esto más cuidadosamente. Le escribiré pronto con una formulación matemática preliminar.

Por favor, mantenga esta correspondencia en privado. Mis colegas ya me consideran excéntrico por leer poesía.

J.M. Fischer

P.D.: ¿Ese "punto" en su sótano realmente existe? A veces pienso que está usted demente. Otras veces, temo que esté cuerdo. Si realmente existe, me gustaría verlo. Pero no sé si tendré el coraje de cruzar el Río de la Plata para comprobarlo.


 CARTA V

Carlos Argentino Daneri al Dr. Juan Martín Fischer
Buenos Aires, 29 de marzo de 1942

Fischer, amigo mío,

Su postdata me ha afectado más que todo el contenido técnico de su carta. Sí, el Aleph existe. Y no, no estoy demente. O quizás ambas cosas sean ciertas simultáneamente, como sus malditas partículas de Schrödinger.

La invitación está hecha. Cuando quiera venga a Buenos Aires, mi casa está abierta. Le mostraré el Aleph. Después, usted decidirá si soy un visionario o un loco.

Pero vayamos a lo importante. Su concepto de "resonancia semántica" es brillante. He estado experimentando con él.

Anoche, después de contemplar el Aleph durante dos horas (uno no mira el Aleph; uno es atravesado por él), tuve una epifanía sobre la Valencia Semántica.

LA VALENCIA SEMÁNTICA NO ES UNA PROPIEDAD DE LAS PALABRAS, SINO DE SU HISTORIA EVOLUTIVA.

Déjeme explicar con una analogía biológica. Un depredador (el tigre) tiene alta valencia en el ecosistema porque su presencia afecta a múltiples especies. Una hoja de pasto tiene baja valencia; desaparece sin consecuencias sistémicas.

Del mismo modo, ciertas palabras son "depredadoras semánticas": tienen alta valencia porque han "sobrevivido" miles de años de uso, acumulando significados, connotaciones, resonancias culturales.

Compare:

  • MUERTE: Palabra antigua, presente en todas las lenguas indoeuropeas, cargada de significado ritual, religioso, existencial. VS = 10
  • DECESO: Eufemismo moderno, técnico, sin carga emocional. VS = 3

Ambas denotan lo mismo. Pero MUERTE es un depredador semántico que ha "devorado" siglos de uso. DECESO es una palabra-presa, débil, reciente.

Propongo entonces una TEORÍA EVOLUTIVA DE LA VALENCIA SEMÁNTICA:

Las palabras compiten por sobrevivir en el ecosistema del lenguaje. Las que sobreviven son aquellas que:

  1. Tienen alta utilidad (frecuencia de uso)
  2. Tienen alta fertilidad (capacidad de generar derivados: amor→amar→amante→enamorar...)
  3. Tienen alta adaptabilidad (pueden usarse metafóricamente)

La VS de una palabra = f(edad, frecuencia de uso, fertilidad morfológica, carga metafórica)

Fischer, creo que hemos descubierto dos cosas:

  1. LINGÜÍSTICA CUÁNTICA: Las palabras tienen estructura interna análoga a átomos (IFF)
  2. SEMÁNTICA EVOLUTIVA: Las palabras evolucionan y compiten como organismos (VS)

Necesitamos un experimento que combine ambas variables. Propongo:

Seleccionar cuatro textos en una matriz 2×2:

  • Alto IFF / Alta VS: Góngora
  • Alto IFF / Baja VS: Manual técnico de ingeniería
  • Bajo IFF / Alta VS: Machado
  • Bajo IFF / Baja VS: Instrucciones del calefón

Hipótesis: El impacto total en el lector = f(IFF, VS)

¿Qué fórmula propone? ¿Suma? ¿Multiplicación? ¿Alguna función más compleja?

Le confieso que voy a escribir un ensayo sobre todo esto. Lo llamaré "El Aleph Lingüístico: Ensayo sobre la Naturaleza Cuántica del Verbo". Por supuesto, lo publicaré bajo mi nombre, pero le daré crédito por las formalizaciones físicas.

Espero su respuesta. Y espero, si el coraje no le falta, su visita.

Carlos Argentino

P.D.: Cuando Borges vino le mencioné tangencialmente nuestras teorías. Se rio y dijo: "Carlos Argentino, usted convierte la física en metáfora y la metáfora en física. Es un talento singular." No supe si era elogio o insulto. Con Borges, nunca se sabe.


CARTA VI (FRAGMENTO)

Dr. Juan Martín Fischer - Borrador inconcluso
Buenos Aires, 18 de agosto de 1942
[Escrito en casa de Daneri, después de ver el Aleph]

Daneri,

Vine. Vi. Y ahora no puedo... no puedo...

Debo ser breve porque mi mano tiembla y mi mente...

He visto el Aleph. Usted no mentía. No está loco. O si lo está, yo también lo estoy ahora.

Dos horas contemplándolo. Vi todo. TODO. Cada punto del espacio. Cada momento del tiempo. Vi la muerte de mi madre que aún no ha ocurrido. Vi el origen del universo. Vi mi propia muerte en una calle de Montevideo en... no debo escribir la fecha.

Y vi las palabras. Todas las palabras. Todas a la vez.

Vi AMOR conteniendo ROMA conteniendo RAMO conteniendo MORA conteniendo... y cada una de estas palabras se desplegaba en todas sus instancias: cada vez que alguien ha dicho "amor", cada vez que alguien lo dirá, cada amor que ha sido y será...

Usted tenía razón. Las palabras existen en superposición. Pero no es una metáfora, Daneri. Es LITERAL. Cada palabra contiene un universo completo de significados.

Y el lector... el lector no "colapsa" la función de onda semántica. El lector es

[El fragmento termina aquí abruptamente]

 [Primera nota manuscrita de Daneri al reverso]:

"Fischer llegó en el vapor de las 9 AM del 18 de agosto. Lo llevé directo al sótano. Estuvo dos horas mirando el Aleph. Cuando subió estaba pálido, sudoroso. Me pidió papel y pluma. Escribió esto temblando, a veces llorando, mientras le preparaba un mate. De pronto se detuvo, dejó la pluma, y dijo: 'No puedo. No debo. Esto no debería existir.' Tomó el vapor de las 8 PM de regreso a Montevideo. Cada palabra es un aleph diminuto. - C.A.D., ago. 1942."

Luego Daneri añadiría la segunda nota, ya reseñada al principio.


CARTA VII

Carlos Argentino Daneri al Dr. Juan Martín Fischer
Buenos Aires, 31 de agosto de 1942

Fischer, querido amigo ausente,

Han pasado varios meses desde su visita. Creo que nunca leerá esta carta, pero la escribo igual, porque necesito completar lo que comenzamos juntos.

Le escribo porque destruirán esta casa. La municipalidad, con esa eficiencia burocrática que caracteriza al progreso, ha decidido que aquí debe levantarse un edificio de departamentos. Me han dado plazo hasta mañana, 1º de septiembre, para desalojar.

Esta noche pasé tres horas en el sótano. Probablemente sea la última vez que contemple el Aleph. Borges estuvo aquí hace unos días (vino a despedirse, aunque fingió que venía por otros motivos). Le mostré el punto. Lo vio. Sé que lo vio, aunque después lo negará en sus escritos. Los escritores siempre roban y luego niegan.

Pero no le escribo para quejarme de Borges, sino para compartirle mi teoría completa. La he terminado. Aunque nadie la publique, aunque se pierda con esta casa, quiero que al menos exista por escrito.

Acá va:

TEORÍA UNIFICADA DE LINGÜÍSTICA CUÁNTICA Y SEMÁNTICA EVOLUTIVA
por Carlos Argentino Daneri (con asistencia técnica del Dr. J.M. Fischer)

I. POSTULADOS FUNDAMENTALES

  1. Postulado de Superposición Semántica: Toda palabra existe simultáneamente en múltiples estados significativos hasta que el acto de lectura colapsa la función de onda semántica en un significado único contextual.
  2. Postulado de Complementariedad: Una palabra no puede ser analizada simultáneamente en su aspecto formal (significante) y su aspecto semántico (significado) con precisión arbitraria. A mayor precisión en uno, menor en el otro. (Análogo al Principio de Incertidumbre de Heisenberg)
  3. Postulado de No-Localidad: El significado de una palabra en un texto está entrelazado cuánticamente con todas las demás palabras del texto. Modificar una palabra altera instantáneamente el significado de todo el conjunto.

II. ESTRUCTURA ATÓMICA DE LA PALABRA

Definimos la palabra W como un sistema cuántico con:

Núcleo (N): Raíz léxica
Electrones (E): Morfemas flexivos y derivativos
Campo semántico (Φ): Espacio de significados posibles

Fuerzas de cohesión:

  • F_fuerte: Une letras dentro de una sílaba (0.8-1.0 unidades arbitrarias)
  • F_débil: Une sílabas entre sí (0.2-0.4 UA)

Índice de Fuerzas Fuertes (IFF):
IFF = ((Σ letras en grupos consonánticos + Σ letras en diptongos) / total de letras) × 100%

Ejemplo:
AMOR: A-MOR

  • "M-O-R" en misma sílaba: 3 letras con F_fuerte
  • IFF = 3/4 = 75%

III. DINÁMICA EVOLUTIVA

Cada palabra W tiene asociadas tres propiedades evolutivas:

α (alfa) - Fitness de supervivencia: Medida por frecuencia histórica de uso
β (beta) - Fertilidad morfológica: Número de derivados viables
γ (gamma) - Carga metafórica: Capacidad de uso figurado

Valencia Semántica (VS):
VS = f(α, β, γ, t)

donde t = tiempo de existencia en la lengua (en siglos)

Ejemplos calibrados:

Palabra

α

β

γ

t

VS

MUERTE

0.95

8

0.9

30

9.8

DECESO

0.45

2

0.1

1

2.1

ÓBITO

0.30

0

0

0.5

0.8

 

IV. ECUACIÓN DE IMPACTO TEXTUAL

El impacto total I de un texto T sobre un lector L está dado por:

I = ∫[IFF(w) × VS(w) × ψ(L,w)] dw

donde:

  • La integral se toma sobre todas las palabras w en T
  • ψ(L,w) es la "función de resonancia" personal entre el lector L y la palabra w
  • Esta función ψ no es determinista; depende de la historia vital del lector

Corolario: Dos lectores distintos experimentarán impactos diferentes del mismo texto porque sus funciones ψ son diferentes. Esto explica por qué Góngora deleita a unos y aburre a otros.

V. EL EXPERIMENTO CRUCIAL

Fischer, diseñé el experimento que usted pidió. Nunca pude realizarlo (me faltaron recursos, tiempo, colaboradores). Pero aquí está el protocolo:

Matriz 2×2 de textos:

Alta VS (>7)

Baja VS (<3)

Alto IFF (>60%)

Góngora: Soledades

Manual técnico de radiotelefonía

Bajo IFF (<20%)

Machado: Proverbios y cantares

Instrucciones del calefón

 

Muestra: 100 lectores, distribución por edad, educación, profesión

Mediciones:

  1. Tiempo de lectura
  2. Escala de impacto emocional (1-10)
  3. Escala de dificultad percibida (1-10)
  4. Número de relecturas
  5. Palabras recordadas a las 24 horas
  6. Sueños reportados esa noche (!)

Predicción:

  • Alto IFF + Alta VS = máximo impacto, máxima dificultad, máximo recuerdo
  • Bajo IFF + Baja VS = mínimo en todas las variables
  • Alto IFF + Baja VS = dificultad sin recompensa (frustración)
  • Bajo IFF + Alta VS = impacto desproporcionado a la simplicidad (¡el caso óptimo!)

VI. ESPECULACIÓN FINAL

Fischer, he contemplado el Aleph miles de veces. Y he comprendido algo terrible y hermoso:

El universo entero es un texto que se lee a sí mismo.

Cada partícula es una letra. Cada átomo es una palabra. Cada molécula es una frase. Y la consciencia - esa suya, esta mía, la de cualquier ser que observe - es el acto de lectura que colapsa las infinitas posibilidades en una realidad única.

El Aleph es el punto donde todo el texto puede leerse simultáneamente. Por eso es intolerable. Por eso vuelve loco.

Y quizás - óigame bien - quizás la razón por la cual usted y yo intuimos esta conexión entre lo cuántico y lo lingüístico es porque no hay conexión que intuir: son la misma cosa.

La mecánica cuántica es la gramática del universo.
El lenguaje es la mecánica cuántica de la mente.

Destruirán el Aleph. Pero no importa. Cada palabra que escribo contiene su propio aleph diminuto. Cada palabra es un universo comprimido.

ROSA contiene todas las rosas que fueron y serán.
AMOR contiene todos los amores.
MUERTE contiene todas las muertes.

Y esta palabra que escribo ahora - ADIÓS - contiene también su propia multiplicidad: A-DIOS (hacia Dios), A-DIÓS (negación de lo divino), y por supuesto, el simple acto de despedirse.

Adiós, Fischer. Gracias por haber creído, aunque fuera brevemente, en la locura de un poeta.

Carlos Argentino Daneri
Calle Garay 3007, Buenos Aires
Última noche en este sótano.


[Nota manuscrita, letra diferente, más pequeña]

"Encontré esta carta en el escritorio de Daneri el día de la demolición. Él ya se había ido. La guardé con otras cartas que están en una caja de zapatos, pensando que algún día se las devolveré. Tal vez nunca lo haga porque intuyo que contienen algo valioso. O quizás porque soy, como todos los escritores, un ladrón. - A.B.C., septiembre 1942"


APÉNDICE

4 de septiembre de 1942: "Nota sobre el Hallazgo de las Cartas"
Por Adolfo Bioy Casares
Fragmento del diario personal - tomado de la copia de ese día, facilitada a mi diligente e insistente amigo por el nieto de Bioy, quien afortunadamente no reclamó lo escaneado ni la caja que, para entonces en 2025, ya había sido destruida.

Tres días atrás fui a la casa de Garay. No pude evitarlo. Sabía que la demolición comenzaría al mediodía, y sentí una curiosidad morbosa por ver el Aleph una última vez. Carlos Argentino había partido ya; Borges me dijo ayer que lo vio subir a un taxi con dos valijas y una expresión de derrota absoluta.

Bajé al sótano y no pude evitar encontrarme con ese olor a humedad y olvido que tienen todos los sótanos del mundo. Pero en un rincón, detrás de la escalera donde está el Aleph, vi sobre un escritorio una caja de zapatos.

Dentro: cartas. Correspondencia entre Carlos Argentino y un tal Dr. Fischer, físico de Montevideo. Las leí con creciente asombro, olvidándome de mi intención de ver el Aleph por última vez.

No sé si lo que proponen es genial o delirante. Probablemente ambas cosas. Pero hay algo en estas cartas que me perturba. Una intuición de que Carlos Argentino - pobre Carlos Argentino, a quien Borges y yo siempre consideramos un poeta mediocre y pretencioso - había vislumbrado algo real.

¿Y si tenía razón? ¿Y si las palabras realmente tienen estructura cuántica? ¿Y si el lenguaje es la física de la consciencia?

Guardaré las cartas. No se las mostraré a Borges. Él las usaría para burlarse de Carlos Argentino en algún cuento. Yo prefiero preservar este misterio.

Quizás algún día, alguien más inteligente que yo y menos cínico que Borges, descubra si hay verdad en esta locura.

[Nota al margen, añadida años después]: Nunca mostré las cartas a nadie. Las dejé en su caja de zapatos - qué apropiado - en el desván de mi casa. Mi nieto Florencio las encontrará, espero, cuando yo ya no esté. Quizás para entonces la ciencia haya avanzado lo suficiente como para determinar si Carlos Argentino era un profeta o un loco. O ambos.


NOTA 1:
El amigo me envió posteriormente, hace apenas unos días desde Argentina, estas tres aclaratorias que agrego a la historia de las cartas y su apéndice.

SOBRE EL HALLAZGO DE BIOY CASARES:
Moisés, la nota manuscrita tiene la inconfundible letra de Bioy Casares (lo comprobé revisando manuscritos de su archivo en la Biblioteca Nacional). Esto me confirma que Bioy sin duda encontró estas cartas, como él lo afirma, en un escritorio de Daneri el día de la demolición, el 1º de septiembre de 1942. Escanear las cartas preserva la ortografía y puntuación originales. Eso me pareció indispensable hacerlo porque quedaba así el registro fiel de lo que llegó a mis manos.

SOBRE EL DR. JUAN MARTÍN FISCHER
Daneri y Fischer coincidieron en algún evento rioplatense de los años 40. La correspondencia sugiere una amistad epistolar que se profundizó cuando Daneri le comentó sobre el Aleph mientras buscaba que ese interlocutor científico tomara en serio sus raras experiencias e intuiciones. Los físicos somos particularmente “permeables” a influencias de todo tipo. Moisés, no me extraña para nada que se produjera esa especie de afinidad amistosa. De hecho, algo similar sucedió entre nosotros desde que nos pusimos una vez a conversar en el 1er piso de MYS, frente a la cartelera del MFL, en los 70s.

SOBRE CARLOS ARGENTINO DANERI:
Conocido principalmente - si es que eso vale como conocer - por su breve aparición en un cuento de Jorge Luis Borges publicado en 1949. Tú sabes que Borges crea personajes ficticios de tal manera que parecen reales.

Pero la calle Garay existe y hubo una demolición del inmueble 3007 en septiembre de 1942. No sé si el inmueble había sido propiedad de Beatriz Viterbo (pero existe una persona con ese nombre, fallecida en 1929). ¿Heredaría Daneri el usufructo vitalicio de esa propiedad? Difícil de comprobar, Moisés. Pero sin duda hubo un inmueble que fue expropiado y posteriormente derrumbado en esa fecha.

Fuentes de escasa credibildad afirman que Daneri publicó algunos poemas en revistas literarias menores de los años 20 y 30 (Martín Fierro, Proa, Nosotros), pero firmados con seudónimo o como miembro de colectivos poéticos. Su obra supuestamente más ambiciosa, el poema La Tierra, el cual trabajó durante décadas, nunca se publicó en forma completa. Un fragmento apareció en la revista Sur en 1941, con una firma de solo iniciales (C.A.D.) recibiendo críticas tibias. El crítico literario Enrique Anderson Imbert lo menciona de pasada en su Historia de la Literatura Hispanoamericana (1954): "..poeta menor de tendencias descriptivistas y enciclopédicas, más notable por una rara ambición que se ocupaba de divulgar en cafés, que por sus logros."

Algunos afirman que Daneri se ganaba la vida modestamente como empleado de un comercio especializado en equipos y repuestos eléctricos. De allí que su interés por temas relacionados con la física puede haber surgido de meditaciones que lo sorprendían en tardes húmedas y calurosas de verano, mientras pocos clientes llegaban graneados a la tienda. Después de la pérdida de su casa en 1942, viviría en una pensión de la calle Chile hasta su muerte en 1960. Nunca se casó.

Moisés, de paso, no hay registro de que publicara nada sobre lingüística o física. El ensayo El Aleph Lingüístico que menciona en una carta nunca vio la luz, si es que lo llegó a escribir. Pero en la caja sí agregó en una nota que "cada palabra es un pequeño Aleph."


NOTA 2:
He intentado re-verificar algunos hechos:

1. Dr. Juan Martín Fischer
Existió. Profesor de física teórica en la Universidad de la República (Montevideo) entre 1935-1952. Publicó trabajos sobre teoría cuántica aplicada a sistemas moleculares en el Boletín de la Asociación Física Argentina y los Anales de la Facultad de Ingeniería de Montevideo. Murió en 1953, sin haber publicado nada sobre lingüística.

De los archivos de la Universidad me enviaron dos datos significativos:

  • Una solicitud de permiso por "motivos personales urgentes" del 17 al 19 de agosto de 1942.
  • Una amonestación verbal registrada en su expediente: "Material especulativo no científico presentado informalmente a colegas, febrero 1942."

2. La demolición de la casa
Los registros municipales confirman que el inmueble de la calle Garay 3007 fue demolido el 1º de septiembre de 1942. Hoy existe allí un edificio de apartamentos construido en 1944.

3. Las ideas de Daneri y Fischer
He consultado con físicos, lingüistas y cognitivistas. Las reacciones son diversas:

  • Algunos físicos se ríen y hablan de "pseudociencia poética"
  • Otros admiten que el formalismo matemático de la mecánica cuántica se ha usado para modelar cognición
  • Los lingüistas están divididos; algunos ven analogías interesantes, otros consideran todo esto una metáfora elaborada sin contenido científico

Lo que nadie puede negar es que Daneri y Fischer anticiparon, en 1941-1942, conceptos que aparecerían muchas décadas después:

  • "Quantum Cognition" (años 2000s): uso de matemáticas cuánticas para modelar decisiones humanas
  • "Natural Language Processing" (años 2010s-2020s): modelos que capturan ambigüedad semántica
  • "Quantum Biology" (años 2020s): efectos cuánticos reales en sistemas biológicos

¿Eran profetas? ¿Eran locos? ¿O simplemente jugaban con un proto-sistema literario-científico que se salió de control?

No lo sé. Pero cada vez que escribo una palabra - ahora, por ejemplo, la palabra PALABRA - no puedo evitar pensar que contiene dentro de sí todas sus permutaciones posibles: PALABRA, ABRAPALA, LAPAABRA...

Y me pregunto: ¿En qué momento colapsó su significado único en mi mente?

¿Fui yo quien observó la palabra, o fue la palabra la que me observó a mí?


FIN