Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

26.1.11

Un balde de agua congelada

A finales de Diciembre pasado, hubo señales de que 2011 iba a comenzar muy movido. El abuso descarado de poder que impúdicamente desplegó la anterior AN, aprobando leyes express igualmente abusadoras, parecía activar una inevitable respuesta contundente de los ciudadanos. Ya casi terminando Enero, observamos que este mes no ha sido tan movido como se esperaba. ¿Qué pasó?

Pareciera que Esteban, más que un balde de agua fría, echó a la ciudadanía un balde de agua congelada. Devolver la LEU desmovilizó a las universidades y evitó que los estudiantes lo derrotaran en la calle como en 2007. Siguió en esa línea de desmovilizar cuando habló hipócritamente de democracia y diálogo en su supuesta rendición de cuenta ante la nueva AN. Sin embargo, agazapado, siguió aprovechando la situación de los damnificados para avanzar con sus ataques estratégicos a la democracia. Mientras la oposición, desconcertada, se confunde pensando que la AN es un parlamento normal y, luego, convocando a celebrar algo que no se sabía si era marcha o concentración, ni si era en un sitio o en otro, sin claridad, obteniendo como resultado un 23 de Enero que nada tuvo que ver con una movilización contundente ante el abuso de poder militarista recrecido el pasado diciembre.

Un balde de agua congelada es un proyectil. El objetivo militarista de lanzarlo es liquidar, no enfriar, la democracia. Los rasgos dictatoriales del gobierno son cada vez más inocultables. La AN no solamente es disminuida en sus funciones para impedirle el juego democrático de chequear y contrabalancear las decisiones de otros poderes, sino que es intencionalmente burlada. Los estebanistas militaristas aparentan aceptar que puede funcionar la oposición, pero lo que realmente quieren es desmantelarla como opción clara de poder.

No existe democracia sin independencia de poderes y si se impide el cambio político que vendrá en 2011, dejando como única posibilidad un cambio violento. No existe democracia si no se respetan las consultas electorales y si se obstaculiza el trabajo de autoridades electas con votos opositores. No existe democracia si se cultiva el monólogo dictatorial en lugar del diálogo abierto y asertivo.

El estebanismo es una especie de franquismo, con la diferencia de que la guerra civil en España fue literal y no esencialmente mediática como lo ha sido acá. En ambos casos se trata de gobiernos militaristas y, tal como ocurrió allá, aquí el gran reto también es hacer que lo militar se subordine al poder civil. Esto implica que la AN y los demás poderes civiles, tengan autoridad y fuerza institucional para impedir desmanes de una minoría militarista que ambiciona controlar por siempre al país.

La Habilitante es una bota militarista pisando la cara de los diputados y por éso debe derogarse ya. El Reglamento de Debates es un toque de queda para someter a los diputados y por éso debe modificarse ya. La amenaza con milicias a venezolanos desarmados que eligieron la nueva AN y junto a ella quieren luchar para resolver graves problemas de seguridad, vivienda, empleo, etc., es una creciente intimidación y por éso debe modificarse la asignación presupuestaria que la sustenta.

No es posible una democracia uniformada o cuartelaria. La democracia es una experiencia exclusivamente civil, en la que los ciudadanos se someten sólo al imperio de la ley, pero con leyes que constituyan un marco para que libremente trabajen, piensen, se reúnan y ejerzan el poder. No sirve si la obediencia es a leyes que los persigan, los acosen, los consideren culpables hasta que se demuestre lo contrario o los sometan al capricho de un dictador.

Muchos estebanistas no son militares y, quizás, la mayoría de ellos tampoco sean militaristas. La eliminación total de la democracia y, con ella, la del poder civil también los afectará a ellos. Los sindicatos, los centros de estudiantes, los consejos comunales, las empresas y cualquier organización que controlen pasarán a tener un estatus de club de amigos, sin ningún poder real para influenciar la marcha institucional del país. Si los estebanistas no-militaristas no actúan, también les tocará su balde de agua congelada.

A muchos diputados estebanistas les molesta que su poder civil se vea disminuido. A muchos gobernadores y alcaldes estebanistas les molesta que su autoridad y su capacidad de acción sean usurpadas por el poder central. A muchos estebanistas de a pié les molesta que el país tenga tan graves problemas y ni siquiera puedan expresar su descontento sin ser tildados de traidores. El próximo 23 de enero debemos celebrarlo uniendo a todos los venezolanos, sean o no de la oposición, en contra del militarismo, o de cualquier tipo de dictadura, y a favor de la democracia para consolidar un poder civil al que se subordine lo militar.

Celebrar el poder civil es la esencia del 23 de Enero. Otra cosa es lo cínico-militar, como dicen por ahí.

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