Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

14.4.09

No te dejes uniformar por dentro

La Naturaleza, el Universo, combinan armoniosamente uniformidad y diversidad. La vida  nos regala el contraste entre especies e individuos y las fuerzas naturales se despliegan maravillosamente mostrando regularidades interrumpidas por anomalías. En nosotros los humanos eso tiende a expresarse culturalmente en la posibilidad de ser uno y diverso, excepto cuando surge un corporativismo enfermizo dirigido a uniformar a grupos o a toda una sociedad.

Somos testigos de una creciente intención de uniformar a Venezuela. El verde oliva no solo tiñe a todo componente de la Fuerza Armada, sino que se pasea por las calles en el cuerpo de miembros de las ahora llamadas Milicias. Los barrenderos y los ministros se tiñen de rojo, informándonos vistosamente que perciben sueldos y salarios provenientes del tesoro público (o sea, de todos los venezolanos) pero que obedecen a un solo patrono, una especie de rey modisto especialmente sensible al oficio de uniformar.

Con un Estado tan recrecido, los uniformes públicos de rojo o de verde oliva los terminan llevando por un tiempo cientos de miles de personas. Por eso este mensaje forma parte del camino hacia un profundo cambio democrático: ¡No te dejes uniformar por dentro! Si sucede que trabajas en el sector público o que incluso militas en el partido de gobierno: ¡No te olvides que tienes el derecho humano a tener tu propia manera de ver las cosas!

Hacerse parte de una masa adoctrinada y dogmática es convertirse en una carga para el resto de los venezolanos que utilizan su creatividad y flexibilidad para resolver de la mejor manera la gama de problemas que se presentan día a día. Un pensamiento único es lo mismo que decir que existe un único que piensa y, como humano, ese ser sólo tiene una limitada cantidad de neuronas y unas capacidades que le pueden permitir resolver cierta cantidad de problemas, pero con las que jamás podrá abarcar la variedad y la profundidad de lo que implica la vida en el siglo XXI.

Por éso países que han caido en las garras del corporativismo son sometidos a una castrante simplificación de la realidad, que le facilita la tarea al militar-dictador pero que a la gran mayoría de la población la condena a ocuparse sólo de sobrevivir. ¿Donde hay pollo, café, cebollas, dólares...? ¿Qué me puede regalar un turista, un vecino, o un simple desconocido? Es el final de la política, de la economía, del progreso cultural. Sólo existirá lo que el jerarca admita dentro de su limitada realidad (por ejemplo si “Bodies” no le gusta, entonces nos prohibe a los demás admirar esa exposición del cuerpo humano).

¿Me refiero solamente a una crítica al actual gobierno venezolano? No. También es válido aplicarla a cualquier “cultura corporativa” que se empeñe en uniformizar a personas por dentro, además de hacerle llevar por fuera un determinado uniforme. Ciertos elevados valores, como los religiosos, podrían auto-justificar la uniformidad total a través de dogmas pero, democráticamente hablando, no hay dogma que justifique renunciar a la diversidad y la pluralidad de pensamientos, creencias o puntos de vista que hacen resiliente y, al mismo tiempo, agradable vivir libremente en una sociedad democrática.

La pluralidad y la diversidad corren el riesgo de convertirse en bienes más escasos si sus defensores claudicamos ante el reclamo de una unidad total de la oposición influenciado por corrientes corporativistas de índole gerencial. Existen consultores que manejan en el terreno de la empresa privada los temas de Visión/Misión/Valores y demás rudimentos de cocción de una “cultura corporativa” que podrían secuestrar desde sus dogmatismos la libertad por la que luchamos. En todo caso, quizás podamos acordar uniformarnos por fuera, para facilitar el mensaje hacia esa vasta población que ya aprendió el código de los uniformes.

No nos dejemos, tampoco nosotros, uniformarnos por dentro.

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