Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

3.11.08

La Metáfora de la Virgen Negra

La película ganadora este año del Premio del Público en el Festival de Cine de Mérida, La Virgen Negra, relata un cuento fantástico en el que todo un pueblo vive colectivamente la ilusión de poder lograr cualquier cosa que se le pida a una virgen nueva que una santera manda a colocar en la iglesia. Hasta el cura termina creyendo en los poderes de la recién encumbrada. Pero el jonrón de un estudiante los hace pisar tierra otra vez.

En una estructura social dada, irrumpe un nuevo elemento simbólico que facilita cambios, algunos buenos, otros cargados de arbitrariedad. El cambio mas importante era la súbita confianza de todo un pueblo en poder cambiar. Lo malo era que los cambios dependían de algo externo, en este caso, de los ruegos a un ídolo.

Dos eventos fortuitos terminan destruyendo la confianza y la ilusión. Un batazo de un estudiante-niño resquebraja la imagen de la virgen y una invasión de saqueadores siembra el terror justo después de que la virgen se destruye. Afortunadamente, el pueblo se había preparado para actuar y muchos logran sobrevivir. Pero la santera que se había retirado previendo que la vida del pueblo, si bien mejoraría, luego iría inevitablemente a empeorar,  reaparece en la escena final, indicándonos al público que el problema cultural de fondo sigue para rato.

El propio joven director de la película, Ignacio Castillo Cottin, afirmó en una entrevista que para él su película era una metáfora de Venezuela, su país, con todo lo bueno y lo malo. Habiendo escuchado este comentario y visto la película, no puedo dejar de pensar en lo que está ocurriendo: El personalismo dadivoso que ilusionó a tanta gente durante tantos años; la irrupción del movimiento estudiantil que el 2D terminó dándole un pelotazo en la cara a la revolución; el saqueo de las laptops, los maletines, etc.; y el regreso de tanto personaje que, habiendo ayudado en el pasado a colocar a “la virgen negra”, resulta que ahora reaparecen por motivo de la elecciones regionales...

Pero esas conexiones metafóricas no le restan nada a las formidables actuaciones del elenco nacional e internacional, de todas las posibles edades, para hacernos pasar un rato muy agradable. La actuación y los sutiles efectos especiales de esta película proporcionan el toque poético que, gracias a la virgen, comenzará a colocar al cine venezolano en una dimensión más universal sin que por ello nos apartemos de nuestras realidades como pueblo.

Hay detalles mejorables del guión y de la direccion de arte pero, en términos generales, vale la pena ver esta obra de un director que seguramente nos continuará brindando experiencias que combinan lo estético y lo reflexivo. No sólo por lo joven que es, sino por la magia que quizás Buñuel decidió compartir con él desde el cielo cinematográfico en el que vive rodeado de vírgenes de todos los colores y sabores, ángeles exterminadores, novicias ricas que retardan su juramento, tipos religiosamente ateos, etc. Lástima que ningún perro andaluz, o criollo, o algún otro animal no se cruzara por ningún rincón de la pantalla. Bueno, en fin, cosas mejorables sobre todo si se lo pedimos a “La Virgen Negra”.

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