Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

15.11.07

El lenguaje de la abstención

El fenómeno de la abstención, como respuesta política, encierra grandes misterios. Una parte importante de quienes la promueven y practican no han visualizado todavía sus consecuencias prácticas. Especialmente si la lista de Tascón sigue vivita y coleando (aunque a su creador lo hayan mandado recientemente a lavarse el paltó…).

Cuando se produzca el referendo este 2 de Diciembre, o después, si se posterga, van a darse dos posibles resultados (escenarios): la Reforma gana o pierde. En ambos casos, Chávez continuará como presidente y con un estilo de gobernar muy parecido al que hasta ahora ha tenido. Un estilo de gobernar parcializado y excluyente, un presidente sectario que no gobierna para todos. Esto se hace particularmente patente en la manera como trata a los funcionarios de la Administración Pública: todos deben ser políticamente rojos-rojitos o de lo contrario se les ignora, se les hostiga o se les expulsa.

La lista de Tascón surgió de la lista de solicitantes del referendo revocatorio del mandato presidencial y se ha aplicado para “limpiar de traidores” a la Administración Pública o para impedir que ingresen o que sostengan algún tipo de relación contractual con el Estado. Su origen como lista es preciso: “usted firmó contra el presidente.” Sin entrar a machacar lo fascistoide que ha sido este macabro invento del joven y tristemente famoso diputado tachirense, el nuevo referendo se ha convertido en una nueva oportunidad para actualizar la lista de Tascón… pero esa actualización solamente puede hacerse con precisión a través de la abstención.
El único dato cierto y preciso que hay sobre el acto de votación es si la persona fue o no a votar. Si fue a votar, aparecerá su huella y firma en el cuaderno de votación y cargará su dedito con tinta. No importa cómo votó, porque el voto es secreto y a menos que todos lo que votan en una mesa lo hagan por una sola opción (todos SI, o todos NO, evento muy poco probable), no hay manera de saber con certeza como votó cada quien. En cambio, si alguien se abstiene y no acude al acto de votación, se sabe con certeza que no votó y, en consecuencia, se sabe con certeza que no favoreció ninguna de las opciones.

Pero, ¿Qué ocurre si usted está en la lista de Tascón y no vota? Pues Chávez se lo agradecerá y quizás lo considere ahora un aliado porque sabiendo que lo más probable era que usted votara NO, usted no fue… por lo tanto fue un NO menos, o sea, un apoyo indirecto al SI. En cambio, si usted es todavía empleado público o no está en la lista de Tascón y decide abstenerse… prepárese porque pasará a la lista Tascón II y quién sabe si por no votar lo terminan botando. Chávez sabrá que usted, siendo para él un SI casi seguro, decidió no votar y por lo tanto le dio un apoyo indirecto al NO (esto será particularmente grave si gana el NO porque los “Tascones” estarán verdes de la rabia). En cambio si usted va a votar, podría hasta votar NO (si se lo dicta su conciencia) y no podrían meterlo en ninguna lista porque no tendrían información cierta que lo justifique.

Los votos tienen un lenguaje claro para indicarnos la opción que ganó, especialmente si podemos contarlos abriendo un porcentaje tan alto de las cajas (54%... ). Pero la abstención también nos dice cosas. Nos dirá mucho de aquellos que terminarán haciendo lo contrario a lo que proclaman: quienes rechazan la reforma la terminarán apoyando y quienes no van y se ocultan para no traicionar su conciencia… terminarán siendo descubiertos.

Recomendación: votemos y que gane la mayoría (que será el NO, por supuesto).

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