Blog personal en el que...

Escribo sobre lo que me afecta, me gusta, me intriga: bastante sobre política y filosofía, también algo de urbanismo, diseño y temas diversos (desde hace un tiempo me apoyo en el uso de IA).

17.9.26

 Subjuntivamente

Cómo regañar, regañarse y volcarse solo a ejercer poder

Moisés P. Ramírez (ideas esenciales, estructura, texto y ajustes editoriales)
Claude Sonnet 5 (revisión y comentarios)



Un artículo basado en la película Frankenstein de Guillermo Del Toro, que publiqué a finales de 2025, tocó tangencialmente el tema del uso de verbos conjugados en modo subjuntivo. Específicamente, lo hice en un anexo a dicho artículo en el que exploré la relación entre el uso de ese modo y el tipo y grado de narcisismo que tendrían personajes de esa novela de Mary Shelley. Abordar el tema del narcisismo implica acercarse a cómo opera el poder y el control.

Si alguien le hace una encuesta a las personas que conforman mi círculo de relaciones más cercanas (familiares y amistades) y les preguntan si me han escuchado referirme al subjuntivo, les dirán que sí. Copiándome de la advertencia típica de los jóvenes que, ante la amenaza de que alguien les cuente sobre una película o serie que no hayan visto, gritan “¡spoiler alert!”, yo les grito a mis seres queridos “¡subjuntivo alert!”. Con esto busco darme cuenta y hacerles darse cuenta cuándo están conjugando algún verbo con ese modo.

¿Por qué es importante darse cuenta de estar usando el subjuntivo? Revisemos antes de responder, lo que ChatGPT y yo definimos como subjuntivo luego de conversar un poco:

“El subjuntivo nos permite separarnos momentáneamente de la realidad para imaginar lo deseado, lo temido, lo posible o lo que pudo haber sido. Amplía nuestra capacidad de pensar y aprender usando sanamente lo contrafactual. Pero usándolo de forma punitiva, puede convertir mundos imaginarios en instrumentos para juzgar, culpar o controlar a otros, o a nosotros mismos infligiéndonos malestar innecesariamente. El indicativo permite hablar principalmente del mundo que tenemos; en cambio, el subjuntivo permite hablar de mundos posibles. La cuestión está en cómo nos hacemos conscientes de esas capacidades.”

Está claro entonces que si alguien te dice «Si hubiéramos salido antes, quizá no habríamos perdido el avión» o peor «Si hubieras sido más responsable, esto no habría pasado», te está regañando. El detalle es que entre adultos, los regaños no tienen sentido. Por eso, siempre digo luego de gritar “¡subjuntivo alert!” que yo solo regaño a los regañones.

Estoy actualmente intentando crear, ayudado por Claude AI, una web app que me apoye en analizar artículos de opinión o textos que puedan extraerse de entrevistas o discursos. Partí de las reflexiones epistemológicas que hace David Deutsch en su libro The Beginning of Infinity, pero hacer una auditoría que identifique en un texto problemas y explicaciones (buenas o malas) de estos, requiere de herramientas de análisis explícitas, concatenadas, que una vez aplicadas produzcan un texto crítico, preferiblemente no sesgado. Eso bien construido sería como tener un asistente graduado en Estudios Culturales.

Me pregunto si mi teoría sobre el uso regañón del subjuntivo debería ser parte de ese pipeline de análisis. Si un analista cree que regañando a otros adultos va a tener mayor impacto en relación con los objetivos que tenga, yo diría que se equivoca. Sin embargo, creo que regañar a los regañones es necesario.

Sé que eso suena contradictorio: acabo de decir que entre adultos regañar no tiene sentido, y en la misma frase reconozco que sí debo regañar a los regañones. Pero no es una contradicción, es la misma excepción que Karl Popper identificó hace décadas para la tolerancia: ser tolerante sin límite con la intolerancia termina destruyendo la tolerancia misma, así que hay que reservarse el derecho a no tolerar al intolerante, precisamente para protegerla. Mi regaño a los regañones funciona igual: no es que haya vuelto a creer en el regaño entre adultos, es que la única forma de sostener un mundo sin regaños es no tolerar a quien insiste en regañar. La excepción no rompe la regla. La sostiene. 

Se lo planteé a Claude. Opina que detectar a regañones debe ser parte del pipeline de la app Agente Deutsch. De paso me ayudó con la referencia a la paradoja de la tolerancia de Popper que puse antes. 

Ya les contaré cómo queda esa app que, por cierto, decidí construirla usando por primera vez a Claude Code.


12.4.26

Mascotización: ¿Menos Cotización? El futuro parece menos (y a la vez más) complicado para la humanidad

Moisés P. Ramírez con apoyo editorial de Claude Sonnet 4.6 y referencias de Perplexity AI

Ilustración generada en Ideogram.ai

En las redes sociales aumenta cada día la cantidad y variedad de videos protagonizados por mascotas. Solo el tsunami de información a favor o en contra de la Inteligencia Artificial compite con esa tendencia. Un amigo que vive en Canadá me comenta que hay una conexión entre esos dos fenómenos. Según él, la cantidad de mascotas va a crecer exageradamente gracias al impacto de la IA. Le pregunto por WhatsApp: ¿Por qué crees Efrén que la IA va a provocar esa proliferación de mascotas? Me responde: Broder, responderte no es difícil, pero prefiero explicártelo por email porque no se trata de que las mascotas de siempre van a crecer en número, lo que ocurrirá es una mascotización, un proceso que describe la extraña conversión, en mascotas de otros seres vivos que convencionalmente no lo eran.

Aquí les comparto la mayor parte del contenido de su interesante email.


El concepto de mascota

Moisés, para tener un buen comienzo consulté a Perplexity AI sobre una definición aceptable del término. Me indica: La definición más precisa y completa de mascota es animal de compañía: un ser vivo que acompaña a las personas en la vida cotidiana, no para trabajo ni alimento, sino por afecto mutuo y beneficios emocionales, extendiéndose por analogía a símbolos representativos. Esta visión moderna resalta el vínculo afectivo sobre el origen mágico.

Antes me había aclarado la IA lo siguiente: La palabra mascota tiene un origen fascinante ligado a conceptos de suerte y protección. Su etimología proviene del francés mascotte, que significa amuleto o talismán, popularizado por la ópera La Mascotte de 1880, y deriva del idioma occitano mascòta (hechizo), relacionado con masca (bruja), de raíces germánicas o celtas. El término entró al español en el siglo XIX desde el francés, inicialmente para designar objetos o seres que traen buena fortuna, como en el deporte o eventos. Con el tiempo, evolucionó para incluir animales de compañía, ya que se les atribuía un influjo positivo sobre sus dueños, confirmado hoy por estudios psicológicos.

Este es nuestro punto de partida: una mascota es… compañía para la vida cotidiana (no algo eventual como una escort, que es una persona para acompañamiento social y, además, a cambio de dinero), no para trabajo ni alimento, sino por afecto mutuo y beneficios emocionales.

 

¿Domesticación? se acerca, pero es otra cosa

Sigo con Perplexity, para que veas que no invento. Sobre domesticación esta IA establece: ...es un proceso evolutivo a largo plazo mediante el cual los humanos seleccionan y modifican genéticamente a una especie salvaje para adaptarla a la convivencia y utilidad humana, generando cambios heredables en su comportamiento, fisiología y morfología.

La diferencia que veo es que hay razones productivo-utilitarias que llevan a los humanos a convivir con especies que originalmente son salvajes (no sé cuál especie no lo sería, ¡hasta los humanos fuimos y algunos todavía son!). El contexto en el que ocurre la convivencia cotidiana con otras especies es, en el caso de las domesticadas, productivo; y en el de las mascotas, afectivo.

 

Autodomesticación

Suena raro, pero ahora nos vamos acercando más al punto al que quisiera llegar con mis argumentos. La misma IA dice que ocurre cuando ...miembros de una misma especie seleccionan y reproducen a otros individuos más dóciles o cooperativos a lo largo de generaciones. También agrega que ...en contextos de cría en cautividad o estructuras sociales jerárquicas, donde individuos dominantes imponen selección por docilidad, como en hormigas que crían larvas para roles específicos, o en simios adoptando crías. No es domesticación externa por otra especie, sino intraespecífica mediante endogamia y preferencias reproductivas.

Y en el caso de humanos, afirma que ...seleccionamos compañeros con menor agresión reactiva y mayor prosocialidad, reduciendo rasgos violentos y modificando la morfología facial vía células de la cresta neural, similar a animales domesticados. Evidencia genética muestra redes neurales únicas en homo sapiens ausentes en neandertales, impulsadas por selección cultural desde el Pleistoceno. Aunque advierte que ...los humanos neandertales eran más robustos y agresivos, mientras que homo sapiens desarrolló menor reactividad emocional, cráneos más redondeados y comportamientos sociales menos violentos mediante selección natural contra la agresión reactiva, similar a perros vs. lobos. Esto no es domesticación externa, sino un proceso interno impulsado por cooperación grupal.

 

Lo siguiente es delicado

Moisés, a riesgo de simplificar demasiado en un tema complejo, quisiera que tomes en cuenta la relación entre esclavitud y lo que hemos dicho sobre domesticación y autodomesticación. La esclavitud ha sido un fenómeno histórico de larga data, anterior a la colonización moderna. Pero aparte de que la considero una aberración moral, fue también una solución funcional a la competencia por recursos limitados: ¿qué hacer con el derrotado? Eliminarlo sería un desperdicio. La respuesta fue convertirlo en recurso productivo. Una domesticación forzada, utilitaria, nacida de la escasez.

Las guerras pueden entenderse como métodos de apropiación. No importa si hablamos de hordas de homínidos en el Pleistoceno o de ejércitos sofisticados en el presente: la lógica es invariable. Quien gana, controla recursos escasos (agua, suelo fértil, metales, petróleo, data). Quien pierde, se convierte en recurso.

 

Los impactos de la IA

En las redes existe mucho alboroto en torno al acelerado progreso que parece estar teniendo la IA. Desde cambios sustanciales en las estrategias y tácticas en el mundo militar (ej. Palantir), hasta transformaciones de cualquier actividad productiva o cultural en el mundo civil. Generar código, diagnosticar enfermedades, resolver preguntas en casi cualquier disciplina, etc., hacen pensar en un impacto profundo en el funcionamiento de la economía y de las sociedades en general.

Ese impacto podría contemplar un incremento excepcional de la productividad y con ello de la prosperidad y riqueza de las naciones. Pero al mismo tiempo, podría haber masivos despidos de trabajadores. Y aquí está el giro que me parece revelador: la IA invierte la lógica de la guerra sin romperla. En un mundo de abundancia generada por su uso, el dominado ya no será explotado como fuerza de trabajo, será mantenido como acompañamiento. Cierta dependencia persistirá, aunque de otra forma y justificación.

Ya creo que vas entendiendo hacia dónde va mi argumentación. Tú me dirías algo como: ¡Claro Efrén! Esa referencia a seres vivos uno la relaciona con otras especies, pero nunca con los humanos; y tú me estás llevando a que crea que ¡nosotros mismos podríamos terminar siendo mascotas!

Justamente hermano, eso es lo que yo llamo mascotización.

El flujo es el siguiente: Precedentes de esclavitud, autodomesticación y domesticación → Crecimiento concomitante de riqueza y desempleo impulsado por la IA → Mascotización.

La idea de una Renta Básica Universal (RBU), un ingreso que permita a toda persona tener una vida vivible sin tener que trabajar, se impondrá. Eso pondrá a mucha gente a sentir que su rol es similar al de las mascotas. Unos experimentarán alivio y hasta un cierto goce cuando eso ocurra. Otros quizás no, porque sienten que terminarán siendo de menos cotización en el “mercado” del sentido de la vida.

 

La abundancia como pérdida de sentido

Los precios de la energía, la comida, la vivienda, el transporte, la salud y la diversión llegarán a casi cero. Se eliminará la escasez y con ello perderá sentido hacer análisis económico, administrar recursos, superar limitaciones. Pero es poco probable que el poder para controlar los recursos se redistribuya.

Podrás seguir viviendo, pero como mascota y como tal tendrás obligaciones tácitas. Deberás mostrar características como las siguientes: Simpatía, respeto, belleza, salud, etc. Quienes controlen la IA y los recursos no querrán convivir con un perro que muerda, que haga sus necesidades dentro del hogar, que sea feo y, de paso, sarnoso.

Las mascotas desagradables terminarán, en el mejor de los casos, abandonadas. Serán libres, pero también pasarán trabajo porque ya perdieron el instinto salvaje por haber estado antes domesticadas. Serán solo bestias que deben arreglárselas como puedan.

Así que la RBU va a tener su letra pequeña: la sociedad te mantiene, pero debes comportarte como una mascota ejemplar.

 

¿Extrañar tiempos de escasez y difíciles?

Esta reflexión me ha traído, Moisés, a un callejón que termina en un muro de contradicciones contra el cual siento que estoy a punto de estrellarme. No entiendo: Si vivir como mascota implica procurarse salud, belleza, respeto y simpatía…
¿Por qué me siento mal si los super productivos me van a mantener?
¿Será que me da envidia no ser parte del grupo de los solucionadores de problemas, los fajados, los que siguen trabajando para que pueda haber electricidad, comida, transporte, etc., casi gratis para todos?
¿Por qué si la vida en sí misma es un regalo, pareciera que no quiero que me sigan regalando lo que necesito para lidiar con mi metabolismo*?
¿Será que prefiero ser libre, aunque sea como bestia, hasta que reconquiste mi ser salvaje?
¿Es la libertad algo que estaría en ser salvaje o, por el contrario, en ser parte de una civilización curtida en la escasez y que está a punto de ser destruida?


*Metabolismo: Proceso que distingue a los seres vivos, de tomar permanentemente pedacitos del universo (aire, comida, experiencias, etc.) y devolver otros como desechos o productos.

21.1.26

Nueva Conversación en la Taquería: Conectando geopolítica, regalos y candor.

 Moisés P. Ramírez (ideas esenciales, estructura y ajustes editoriales, incluyendo selección de imágenes reales). ChatGPT 5.2 (textos, prompts para imágenes e imágenes generado).

Mi amigo William es demasiado inquieto como para sentarse a escribir y abusa de los mensajes de voz. Es como si en su mente se activara un algoritmo de recomendación, hace una búsqueda de un libro (por ejemplo, “Primal Intelligence” de A. Fletcher) y encuentra debajo de la descripción de ese item, un encabezado que dice “Artículos similares que pueden enviarse rápidamente”. Luego de enviarle un paper que escribí (y no ha sido todavía publicado), otro encuentro con Guillermo del Toro pareció dispararle esa especie de algoritmo que lo hace enviarme recuentos de sus conversaciones con el cineasta. Sería divertido que escucharas el relato como un rompecabezas auditivo, lo digo porque ya lo hice; pero para hacer un híbrido artículo-podcast no domino los detalles técnicos. Así que, en fin, acá te cuento cómo William se encuentra otra vez con uno de sus famosos amigos, para disfrute de otros como yo, que no tenemos fama de ser famosos.

 William leyó la entrevista en la pantalla de su teléfono mientras esperaba, a mediados de 2026, un vuelo atrasado en el aeropuerto de San José. Reconoció de inmediato el tono: era Guillermo del Toro hablando de geopolítica con la misma mezcla de pasión, ironía y dolor con la que hablaba de monstruos y niños abandonados.

El titular era incendiario, a pesar del filtro de la prensa: Del Toro critica duramente la actitud de EEUU hacia México. Pero lo que le llamó la atención no fue el encabezado, sino una frase enterrada a mitad de la conversación, dicha con una crudeza que no parecía calculada para el efecto mediático:

—No se conforman con todo lo que se les regaló. Ahora quieren cogerse hasta Cancún. Y lo peor es que hay muchos mexicanos que preferirían eso a mantener una soberanía sustentada por el narcotráfico. ¿Y si mejor se legaliza el consumo de drogas y la industria que lo hace posible?

William dejó el teléfono sobre la mesa del café y se quedó mirando por la ventana, hacia la pista, en la que un avión rodaba lentamente como un animal cansado. Conocía bien a Guillermo. Sabía que cuando hablaba así no lo hacía desde la provocación gratuita, sino desde una mezcla de rabia ética y lucidez histórica. Sin embargo, algo en el uso de la palabra regalo le quedó resonando como una nota mal afinada.

“Todo lo que se les regaló”.


William pensó en California, en Nuevo México, en Arizona, en Texas, en el mapa entero que había cambiado de color en la mitad del siglo XIX. Pensó en tratados firmados bajo presión, en guerras perdidas, en élites que habían aprendido rápido a hablar inglés y a enviar a sus hijos a universidades del Este. Pensó también en su propia biografía: migrante, profesor en Berkeley, ciudadano de un país que había crecido devorando territorios con una mezcla de fe, violencia y contabilidad. Relacionó todo con el paper de Moisés.

Abrió WhatsApp y, a diferencia de lo usual en él de enviar voices, le escribió a Guillermo:

Leí tu entrevista. Entiendo la rabia y la comparto en gran parte. Pero me quedé pensando en eso que llamas “regalo”. No creo que California ni el Oeste hayan sido exactamente un regalo. Hubo guerra, derrota, tratado. Y sí, después hubo una aquiescencia rápida de muchas élites locales al nuevo poder federal. Pero más que don, fue cálculo: alinearse con el poder que iba a dominar el continente. No es lo mismo dar algo gratis que adaptarse al vencedor.

Guillermo respondió horas después, con uno de esos mensajes de audio largos que mezclaban anécdota, intuición y teoría sin pedir permiso a la sintaxis:

—Claro, cabrón, no fue un regalo en sentido literal. Ya lo sé. Pero dime si no hay algo obsceno en que un país construido sobre anexiones forzadas hable ahora de “regalos”, de “oportunidades”, de “integraciones voluntarias”. Me duele que se use el mismo lenguaje para el despojo y para el amor.

William escuchó el audio dos veces. No respondió de inmediato. Sabía que esa conversación no iba a resolverse en WhatsApp. Como tantas otras veces, intuía que necesitarían una mesa, comida, tiempo, ruido alrededor y silencio entre frases.


Pasó un par de meses. El mundo siguió girando con su mezcla habitual de catástrofes, avances tecnológicos y declaraciones altisonantes. Comenzando otoño, William viajó a San Diego para una conferencia. Guillermo estaba en Los Ángeles, en la postproducción de una película. Decidieron verse a mitad de camino, en un lugar que ninguno de los dos había elegido por razones estéticas, sino por una simple combinación de conveniencia y gusto: un local de burritos al norte de San Diego, de esos donde la comida es demasiado buena para ser comida rápida y demasiado informal para ser restaurante (Serranos Mexican Food - ENCINITAS).

El lugar olía a carne asada, cilantro y café recién colado. En una pared había un mural con una Virgen de Guadalupe estilizada, rodeada de surfistas. En otra, una televisión sin sonido mostraba un noticiero con imágenes de la frontera, drones sobrevolando el desierto, declaraciones de políticos hablando de seguridad, de muros, de soberanía.

Se sentaron con bandejas de plástico, burritos envueltos en papel aluminio y vasos grandes de horchata.

—Siempre me ha parecido irónico —dijo Guillermo, desenvolviendo el suyo— que en la frontera la comida sea lo más mezclado y la política lo más obsesionado con separar.

William sonrió.

—La comida entiende de flujos mejor que los Estados.

Comieron en silencio unos minutos. Luego Guillermo retomó la conversación donde la habían dejado meses antes.

—Me quedé pensando en lo que me dijiste del “regalo”. En que no fue un don, sino una alineación con el poder vencedor. Pero dime algo, William: ¿no hay también una fantasía cultural en Estados Unidos de haberse hecho a sí mismo? De no haber recibido nada, de haber conquistado todo a pulso.

William asintió lentamente.

—El mito del self-made man. El país como un individuo que se levanta solo, sin deberle nada a nadie. “No free lunch”, “no pain, no gain”. Como si la historia, la geografía, los recursos, incluso el clima, no hubieran sido condiciones dadas, regalos en el sentido más elemental.

Guillermo lo miró con atención.

—Ahí es donde la palabra “regalo” se vuelve peligrosa —dijo—. Porque sirve tanto para ocultar la violencia como para negar la gratuidad. O todo fue robo, o todo fue mérito. No parece haber espacio para algo que simplemente… fue dado.

William tomó un sorbo de horchata y, casi sin darse cuenta, dijo:

—Tal vez porque no sabemos qué hacer con un regalo que no tenga intención.

Guillermo frunció el ceño.

—¿Cómo así?

—Piensa en el Sol —continuó William—. Nos regala energía todos los días. Sin intención, sin contrato, sin esperar nada. Pero ese “regalo” no entra en nuestras categorías morales ni económicas. No lo agradecemos, no lo contabilizamos, no lo vemos como don. Es solo… un telón de fondo.

Guillermo se recostó en la silla.

—Estás yéndote muy arriba, ¿no? De Trump a la fusión nuclear.

—O muy atrás —corrigió William—. A lo que hace posible que haya algo que conquistar, algo que regalar, algo que perder.

Guillermo guardó silencio un momento. Afuera, una pareja con un niño pequeño pasaba frente al local. El niño señalaba todo con una curiosidad sin filtro: un perro, una bicicleta, una paloma.

—Cuando dices “regalo sin intención” —dijo Guillermo al fin— me haces pensar en mis monstruos. En la Criatura de Frankenstein, por ejemplo. Nadie le pregunta si quiere existir. La vida le es dada, y luego se le niega el amor. Es un regalo envenenado.

William sonrió levemente.

—O un regalo que no sabemos cómo recibir.

Guillermo levantó la ceja.

—¿Estás diciendo que existir es un regalo?

—Estoy diciendo que existir es estar sostenido por una red de condiciones que no elegimos y que no controlamos. Energía, gravedad, química, lenguaje, cuidado. Algunas vienen con amor, otras con violencia. Pero todas son dadas antes de que podamos decir “yo”.

William pensó en voz alta:

—En The Gift, Lewis Hyde dice que el don verdadero es el que debe circular, el que se estanca se pudre. Que el arte, por ejemplo, no pertenece del todo a quien lo crea, sino al flujo que lo atraviesa.

William asintió y continuó diciendo:

—Y Mauss diría que en las sociedades arcaicas el don crea obligación: dar, recibir, devolver. Pero aquí estamos hablando de algo anterior a toda obligación. De un don que no puede ser devuelto porque no tiene destinatario consciente.

—O como una madre que ama antes de saber si el hijo la amará de vuelta —dijo Guillermo—.

William lo miró con interés.

—O como un perro —añadió—. Que te recibe todos los días como si tu existencia fuera un milagro, sin preguntarse si lo mereces.

Guillermo rió suavemente.

—Siempre terminas volviendo a los animales.

—Porque son maestros del candor —respondió William—. Y creo que el candor es la condición para reconocer el regalo.

Guillermo guardó silencio. En la televisión, ahora sin sonido, aparecía la imagen de un político hablando de “integración”, de “acuerdos”, de “oportunidades históricas”. La palabra gift aparecía en un cintillo, en referencia a algún tratado, a algún gesto diplomático.

—Tal vez —dijo Guillermo finalmente— el problema no es que confundamos el robo con el regalo, sino que, como tú dices, hemos olvidado cómo se siente un regalo verdadero.

William pensó en la frase. Luego dijo, casi como para sí mismo:

—O que hemos olvidado que vivimos dentro de uno.

El ruido del local, las voces, el choque de platos, el siseo de la plancha, creaban a su alrededor una burbuja extraña, una intimidad construida por el exceso de estímulos. Como en aquella taquería de la Roma un año atrás cuando Guillermo invitó a William al prestreno de Frankenstein, sentía que algo importante estaba a punto de tomar forma, no como una conclusión, sino como una pregunta que se abre.

—¿Y si la conciencia misma fuera un regalo? —preguntó William.

Guillermo lo miró, y supo que la conversación no se terminaría allí.

Se despidieron en el estacionamiento, con un abrazo largo, de esos que no son protocolo sino promesa tácita de continuidad. No dijeron “seguimos hablando de esto”, pero ambos sabían que la conversación no había hecho más que abrir una grieta por donde ahora entraba demasiada luz como para volver a cerrarla.

Pasaron unas cuantas semanas y llegó diciembre.


Las luces comenzaron a colonizar las ciudades con su coreografía de exceso: renos eléctricos en balcones, árboles imposibles en centros comerciales, villancicos que repetían la misma promesa de paz sobre un fondo de consumo frenético. La Navidad, ese ritual anual del regalo, se desplegaba como una liturgia global: dar, recibir, agradecer, envolver, sonreír, fotografiar.

Y en las noticias, como si alguien hubiera querido escribir una parábola demasiado obvia, aparecía una imagen que ambos vieron casi al mismo tiempo: la bandera de barras y estrellas ondeando en Nuuk. Groenlandia, ahora oficialmente territorio estadounidense. Trump, en conferencia de prensa, agradeciendo a Dinamarca por “su generoso regalo al pueblo americano y al mundo libre”.

William le escribió a Guillermo esa misma noche:

“Something smells rotten in Denmark.”

Guillermo entendió de inmediato la alusión. Hamlet, el padre muerto, el reino corrompido, la verdad que no puede decirse sin que todo el orden tiemble.

Se vieron de nuevo, esta vez en Ciudad de México, en una taquería que queda en lo que era un taller mecánico (El Vilsito, Narvarte). Afuera, vendedores ambulantes ofrecían nacimientos de yeso, piñatas con forma de superhéroes y gorros de Santa hechos en China.

Los mejores tacos al pastor de Ciudad de México se sirven en un taller  mecánico | EL PAÍS México

—Trump agradeciendo un “regalo” —dijo Guillermo, sin siquiera sentarse—. ¿Te das cuenta del cinismo semántico? El lenguaje del don usado para legitimar la absorción, la fuerza, la asimetría absoluta.

William asintió.

—El problema no es solo político. Es ontológico. Cuando se pervierte la noción de regalo, se pervierte la percepción misma de lo que es recibir.

Pidieron tacos y ponche caliente. En la mesa de al lado, una familia abría regalos adelantados para un niño que no podía esperar al 24.

—La Navidad es interesante —dijo Guillermo—. Es la institucionalización del regalo. El calendario obliga a dar. El mercado se apodera del gesto. El candor queda atrapado en envoltorios y expectativas.

William miró a través de la ventana. Un grupo de jóvenes se tomaba selfies frente a un árbol iluminado.

—El candor es escaso —dijo—. En Estados Unidos. En Europa. En casi todas partes. Vivimos en una cultura de sospecha, cálculo, ironía defensiva. Todo tiene precio, intención, estrategia. El regalo verdadero, el que no pide nada, se vuelve casi incomprensible.

Guillermo bebió un sorbo de ponche. William sigue:

—Y sin embargo, el universo sigue regalando como si nada. El Sol no se ha vuelto cínico. La gravedad no factura. El tiempo no exige un contrato. Ahí está la paradoja. Vivimos inmersos en una abundancia ontológica y actuamos como si estuviéramos en una escasez existencial.

Hubo un silencio. En la televisión del local apareció un reportaje sobre Ray Kurzweil. El subtítulo decía: “2027: Año de la Singularidad, según el futurista”.

William señaló la pantalla.

—Mira eso. Conciencia artificial, inteligencia exponencial, fusión hombre-máquina. Todo muy prometeico. Muy Victor Frankenstein.

Guillermo sonrió.

—El creador que corre más rápido que su capacidad de amar a su criatura.

—Exacto. Pero hay algo que me intriga —dijo William—. Angus Fletcher, en Primal Intelligence, habla de formas de inteligencia que no son calculadoras, sino narrativas, empáticas, míticas, afectivas. Inteligencias que operan no por reconocimiento de patrones, sino por el ejercicio vital de la intuición, la imaginación, la emoción y el sentido común.

Guillermo asintió con interés.

—Sí. Parece una idea sobre que la mente humana evolucionó más para navegar emociones, historias, vínculos, que para resolver ecuaciones. Que el núcleo de nuestra cognición sería pre-racional, relacional, incluso… candoroso.

Guillermo apoyó los codos en la mesa y lo siguió escuchando.

—Ahora imagina esto: LLMs, LWMs, sistemas de IA entrenados no solo con datos y patrones, sino con narrativas, afectos, mitos, dilemas morales, tragedias, gestos de cuidado. No solo inteligencia instrumental, sino algo impregnado de las ideas de Fletcher sobre la inteligencia.

—¿Estás sugiriendo —dijo Guillermo lentamente— que la tecnología podría, paradójicamente, ayudarnos a recuperar el candor?

—No ingenuamente —aclaró William—. Sino con una forma de presencia no cínica. Una inteligencia que no empiece por la sospecha, sino por la comprensión. Que no vea al otro como recurso, sino como parte de un relato común.

William miró al niño de la mesa vecina, que acababa de abrir un regalo: un perro de peluche. Lo abrazó como si fuera real, como si su vida dependiera de ese gesto.

—Mayor candor per cápita —murmuró—. Como indicador civilizatorio. No solo PIB, productividad, o capacidad de cómputo… sino también crecer en nuestra capacidad de dar sin un cálculo retributivo. Una Singularidad distinta. No de poder, sino de gratuidad consciente.

Guillermo pensó en Groenlandia, en la palabra “regalo” usada como coartada imperial. Pensó en el Sol, en la sangre circulando, en los perros, en los niños, en los monstruos de sus películas que solo querían ser amados.

—Si la conciencia es un regalo —dijo—, tal vez la próxima etapa no sea hacerla infinita, sino hacerla… más transparente a su propio origen. Más capaz de reconocer que todo lo que es, existe y está dado.

William sonrió.

—Eso sería una Navidad de verdad.

Las luces parpadeaban. Afuera, alguien cantaba villancicos desafinados. Y, por un momento, entre tacos, ponche y teorías imposibles, ambos sintieron que quizá, solo quizá, el candor podrá crecer en uno de los futuros que aún tenemos como posibilidad.

 

Referencias:

Ramírez, Moisés P. “An Ontological Theory of Gift and Candor.” In Adjacent Theories: Essays on Consciousness, Gift, and Presence, curated by David Whyte. 2027. Forthcoming.

1.12.25

Una teoría sobre el error: De cómo errar es útil, si sucede a partir de una acción consciente y de buena fe

Moisés P. Ramírez (ideas esenciales, estructura, ajustes editoriales y selección de fotos)
Claude Sonnet 4.5 (textos, referencias y prompt para imagen) / ChatGPT 5.1 (imagen)

Encontrar que un médico o un ingeniero muestre devoción religiosa, siempre me ha parecido como inapropiado; excepto cuando la persona es un amigo querido, un hermano del alma. Mi amigo Ronald F. es ingeniero y a la vez muy comprometido con lo sagrado. Sin ánimo de querer evangelizarme me envía un texto que encontró en su viaje reciente a España. Hizo el Camino de Santiago sin perderse de entrar en todas y cada una de las iglesias y capillas que encontró. Escogió hacerlo por la ruta “Del Norte” que comienza en Irún. Atravesando San Sebastián, curioseó una tienda de antigüedades, en la que pudo revisar incunables, muchos de ellos de temática religiosa. Allí se topa con ese texto arriba referido. Lo hojea. Se acordó de mí y decidió adquirirlo para su colección de “objetos históricos” que celosamente alberga en un cuarto climatizado de su mansión, en la zona residencial que se conoce como Punta Pacífica, Ciudad de Panamá. Al regresar a casa lo envió a escanear con un especialista para que su nueva y valiosa adquisición no sufriera ningún daño. Me envió el PDF y luego de agradecérselo con un delivery de carimañolas que tanto le gustan, he decidido compartir con ustedes esta maravilla escrita en 1687 (la presencia de referencias al Antiguo Egipto se entiende al leer la nota del autor ubicada al final de este tratado).


Theoria del Yerro: Lo Inevitable es Explicable y Provechoso

I. De la Naturaleza del Yerro

Difínese el yerro como aquello que un agente haze o dexa de hazer con consciencia y buena fe, sin intención de causar daño alguno, mas que produce mal funcionamiento en las cosas o maliestar en los seres vivientes. Esta difinición distingue el yerro de la malicia deliberada, pues el yerro nace de nuestras limitaciones como criaturas finitas y no de perversidad del coraçón. El yerro es, por tanto, inherente a la condición del hombre después de la Caída, y no puede ser eliminado completamente en esta vida mortal, aunque sí puede ser entendido y, en cierta medida, atenuado mediante el coñocimiento y la prudencia.


El yerro surge de la discrepancia entre nuestra capacidad limitada de coñocer y la complejidad casi infinita del universo que Dios Nuestro Señor ha criado. Los mortales no podemos prever todas las consequencias de nuestras acciones, por muy cuidadosos que seamos en nuestras deliberaciones y por mucho que consultemos con varones sabios. Esta impossibilidad no nos excusa de responsabilidad ante Dios y ante los hombres, mas sí nos recuerda que somos seres que obran en la escuridad parcial, guiados por luzes que no siempre alcanzan a iluminar todos los caminos que nuestros actos abren. Cuéntase de los antiguos architectos del Pharaón Cheops que, al calcular la inclinación de las piedras para la grande Pirámide, yerraron en pequeña medida al principio, mas este yerro, multiplicándose en cada hilera que se alzava, causó que la cumbre no quedase perfectamente centrada, aunque la falta era tan leve que solo los medidores más diligentes pudieron después descubrirla.

Por ello, el sabio reconoce dos verdades que ha de tener siempre presentes: primera, que el yerro es inevitable dada nuestra naturaleza caída; segunda, que esta inevitabilidad no nos condena a la pasividad ni al desaliento, sino que nos llama a la prudencia y a la vigilancia. El coñocimiento de nuestra falibilidad es el primer passo hazia la sabiduría, pues quien se sabe falible procede con mayor cuidado y humildad que quien se cree infalible y perfecto. Assí, la theoria del yerro no es doctrina del pessimismo que desespera, sino del realismo christiano que coñoce los límites del hombre y por ello busca en Dios la luz que le falta.

II. Del Sufrimiento y del Dolor

Es menester hazer distinción entre el dolor y el sufrimiento, pues aunque relacionados y muchas vezes confundidos en el hablar vulgar, no son lo mesmo en su naturaleza ni en sus remedios. El dolor es aquella afección que tiene causas observables y soluciones que pueden venir de fuera mediante el arte de los phísicos y boticarios, o de dentro mediante los processos naturales de sanación que Dios puso en nuestros cuerpos. El sufrimiento, empero, es interpretativo y pertenece al ánima, de suerte que solo quien lo padece puede resolverlo, pues persiste aun quando el dolor del cuerpo ha cessado, y nace de cómo el paciente interpreta su experiencia y le da significación.

El dolor puede ser causado por yerros que afectan el cuerpo o las circunstancias externas de una persona, y admite remedios proporcionados a sus causas materiales, así como el médico cura la herida y el emplasto alivia la quemadura. El sufrimiento, en cambio, se produce quando la persona construye significaciones sobre su dolor, diziendo en su coraçón: "esto prueba que soy indigno y merezco castigo", o "esto significa que el mundo es injusto y que no hay orden ni razón", o "agora mi vida nunca será la mesma y he perdido para siempre mi felicidad". Estas interpretaciones, que son como narraciones que el ánima compone sobre sus experiencias, convierten el dolor transitorio en sufrimiento que puede perpetuarse indefinidamente, independiente de que la causa original haya sido removida.


Refiérese en las crónicas de Egypto que cierto escriba del Pharaón Ramsés, aviendo perdido su mano derecha en un accidente durante la construcción de un obelisco, sanó de la herida en pocas semanas; mas el sufrimiento de su ánima, por creer que sin su mano no era digno de su oficio y que los dioses le havían castigado, perduró hasta su muerte, aunque havía otros escribas mancos que continuavan sirviendo con la mano que les quedaba.

Esta distinción es crucial para entender cómo los yerros se propagan en cadenas hazia la tragedia, pues actúa de la siguiente manera. Un yerro inicial causa dolor a alguien; esse dolor, convertido en sufrimiento, degrada las capacidades de juizio y menoscaba el entendimiento; essa degradación facilita que ocurran nuevos yerros que causan dolor y quizás también sufrimiento a otros; y assí la cadena continúa su curso fatal. Por tanto, parte de interrumpir las cadenas trágicas consiste en aprender a no convertir todo dolor en sufrimiento, tarea que requiere sabiduría para interpretar nuestras aflictiones y cómo damos significación a nuestros males, virtud que los Santos llaman resignación christiana y aceptación de la voluntad divina.

III. De las Creencias y de las Passiones

Las creencias son sistemas de interpretación que determinan qué reconocemos como amenaza a nuestro ser, qué respuesta consideramos apropriada y proporcionada, y qué consequencias somos capaces de prever o que permanecen ocultas a nuestro entendimiento. Estas creencias no son neutras ni casuales, como piensa el vulgo ignorante, sino que filtran nuestra percepción del mundo y guían nuestras reacciones ante los sucessos. Muchas creencias permanecen implícitas en el fondo del ánima, operando sin que nos apercibamos de su influencia sobre nuestros juizios y acciones, assí como el ayre que respiramos obra en nuestro cuerpo sin que lo sintamos.

Las passiones, y especialmente el miedo que es la más poderosa dellas en lo tocante a nuestra conservación, interactúan con las creencias de manera complicada y muchas vezes peligrosa. El miedo es verdadero como experiencia y afección del ánima: quien teme realmente experimenta la urgencia de protegerse y su cuerpo responde con mudanças que lo preparan para huir o pelear, según los philósophos naturales han observado. Sin embargo, el miedo puede mentir acerca de aquello a lo qual responde, confundiendo amenazas symbólicas (a nuestra dignidad, nuestro honor, nuestra posición entre los hombres) con amenazas phísicas (a nuestra vida corporal y subsistencia). Esta confusión lleva a respuestas desmesuradas y desproporcionadas: quien se siente amenazado en su honor puede reaccionar con violencia mortal, como si su vida biológica estuviese en peligro cierto. Cuéntase en los anales de Egypto que un noble de la corte del Pharaón Amenhotep, sintiendo que otro cortesano le havia desayrado delante de la asamblea, ordenó que le matassen aquella mesma noche, causando con esa dessmessuura no solo un homicidio, sino una enemistad entre familias que duró tres generaciones.


La combinación de creencias inservibles y passiones reactivas cría las condiciones propicias para que pequeños yerros escalen hazia grandes catástrophes. Una creencia falsa sobre qué constituye amenaza mortal, combinada con miedo intenso que ciega el entendimiento, produce respuestas automáticas que no dexan espacio para la deliberación ni para el consejo de varones prudentes. Por ello, el cultivo de creencias más exactas y conformes a la verdad sobre la naturaleza de las amenazas, juntamente con el aprendizaje de cómo reconocer nuestras passiones sin ser dominados por ellas ni arrastrados a su capricho, son prácticas que reducen la posibilidad de yerros graves, y pertenecen al oficio de la educación christiana que busca formar hombres templados y prudentes.

IV. De la Propagación de los Yerros

Los yerros no ocurren aislados como successos singulares sin conexión, sino que se encadenan unos con otros formando una sucessión de causas y efectos: un yerro inicial produce mal funcionamiento o malistar, este resultado causa que alguien intente corregirlo con buena intención, mas ese intento de corrección (hecho también de buena fe mas con entendimiento imperfecto) produce un nuevo yerro, y assí sucessivamente va creciendo la cadena. Esta propagación ocurre porque el sufrimiento causado por el primer yerro degrada las capacidades de quien lo sufre: su percepción se estrecha como si mirara por una rendija, su juizio se nubla como cielo cubierto de nubes espessas, sus passiones se intensifican hasta ofuscar la razón. En este estado degradado y menoscabado, es más probable que cometa yerros en sus intentos de remediar la situación que le aflige.


La transmissión del yerro entre personas sigue un patrón que puede identificarse mediante observación diligente. El agente A comete un yerro que causa sufrimiento a la víctima B; B, sufriendo y con su juizio turbado, intenta responder mas su respuesta (mal calibrada por su estado de perturbación) causa sufrimiento a C; C responde a su vez y afecta a D, y assí la cadena se extiende de persona en persona como pestilencia que se contagia. Cada eslabón involucra personas que obran de buena fe según sus limitadas capacidades y coñocimiento del momento presente, mas el todo en su conjunto se mueve hazia mayor desorden y mayor sufrimiento colectivo, assí como nave que ha perdido el timón. Refieren las historias que durante el reynado del Pharaón Akhenaton, aviendo este mudado la religión del reino y prohibido el culto a los dioses antiguos, un sacerdote del viejo culto, queriendo preservar ciertas imágenes sagradas, las escondió en un templo; mas otro sacerdote, temiendo que el Pharaón descubriera el sacrilegio y castigara a todos, denunció al primero; el primero, sintiéndose traicionado, acusó al segundo de otros delitos; y assí el miedo y la desconfiança se propagaron entre los sacerdotes. Muchos terminaron muertos violentamente y los templos quedaron desolados.

La velocidad de la propagación es variable según las circunstancias: hay cadenas de cocción rápida que llevan a la catástrophe en breve tiempo, como quando el fuego prende en casa de madera seca; y cadenas de cocción lenta que se dessarrollan durante generaciones enteras de hombres. Las cadenas rápidas dexan poco tiempo para corrección y están dominadas por respuestas emocionales automáticas que no admiten deliberación; las cadenas lentas permiten más oportunidades de intervención y enmienda, mas también más puntos donde pueden incorporarse nuevos yerros que van acumulándose. Ambos tipos de cadenas son peligrosos para el bien común, aunque sus dinámicas y movimientos difieren en aspectos importantes que el sabio governador deve coñocer si ha de guiar a su pueblo con prudencia.

V. Del Tipo y Proporción de las Respuestas

Quando un yerro produce mal funcionamiento o malistar, quien lo padece responde según dos dimensiones que, aunque relacionadas, son independientes una de otra: el tipo de la respuesta y la proporción de la respuesta. El tipo se refiere a si la respuesta es phísica (acción corporal, violencia de manos, reparación de daño material), symbólica (palabras de reprensión o disculpa, gestos de reconciliación, actos de reconocimiento), o mixta participando de ambas naturalezas. La proporción se refiere a si la intensidad y magnitude de la respuesta se ajusta al tamaño del problema que la originó, o si por el contrario es desmmesurada, exagerada y excede lo razonable.

Una respuesta apropriada y conforme a razón es aquella cuyo tipo corresponde a la naturaleza de la amenaza: phísica ante amenaza phísica que pone en peligro el cuerpo, symbólica ante amenaza symbólica que afecta el honor o la posición social. Además, su proporción deve ajustarse a la magnitude del problema sin excederla: no es justo matar a un hombre por un empujón leve, ni destruir una hazienda entera por una ofensa menor de palabras. Quando se confunden los tipos (respondiendo phísicamente a lo que era amenaza symbólica) o se yerra en la proporción (respondiendo con violencia extrema a provocación pequeña), el yerro se amplifica grandemente y la cadena se acelera hazia la tragedia como piedra que rueda cuesta abaxo. Cuéntase que en tiempos del Pharaón Pepi II, un architecto que dirigía la construcción de un canal para las aguas del Nilo, aviendo recibido crítica de un inspector sobre pequeños defectos en el traçado, respondió ordenando cambios tan extremos que el canal quedó inservible para su propósito, causando pérdida de cosechas y hambre en varios nomos del reino.


La dificultad surge porque baxo sufrimiento o miedo intenso, perdemos la capacidad de distinguir bien entre tipos de amenaza, assí como el enfermo con calentura no distingue bien los colores ni los sonidos. Lo symbólico se siente tan urgente y terrible como lo phísico; la ofensa al honor duele en el ánima tanto o más que una herida duele en el cuerpo. Esta confusión perceptiva, natural a nuestra condición de criaturas passionales, es una de las principales fuentes de respuestas desproporcionadas que engendran males mayores que los que pretendían remediar. Por tanto, cultivar la capacidad de distinguir entre tipos de amenaza y calibrar con tiento las proporciones de respuesta es parte essencial de aquella prudencia práctica que los antiguos llamavan phronesis y que nosotros llamamos discreción christiana, virtud que los Santos recomiendan y que previene el escalamiento trágico.

VI. De la Tragedia como Acumulación

No todo yerro conduce a tragedia ni toda desventura merece esse nombre terrible; haze falta una massa crítica de yerros acumulados para que algo escale al nivel trágico que mueve a horror y piedad. Un solo episodio de yerro, dolor y respuesta puede contribuir a que ocurran nuevos episodios, mas si se detiene allí y no passa adelante no alcança la densidad necessaria para ser tenido por tragedia en sentido propio. La tragedia implica acumulación suficiente de males que producen desenlaces de magnitude desproporcionada: muertes prematuras e injustas, destrucciones irreparables de aquello que dava sentido a la vida, pérdidas de tales que mudan enteramente el curso de una familia o de un pueblo.


La densidad crítica se alcança quando se combinan varios factores en concurso funesto: número suficiente de yerros encadenados unos tras otros, sufrimientos que generan nuevos yerros en retroalimentación continua como rueda que gira sobre sí mesma, y tiempo suficiente para que el ciclo se refuerçe a sí mesmo mas insuficiente para que pueda ser corregido por la prudencia. El resultado es un desenlace cuya magnitude y horror no corresponden a la culpa inicial que dio principio a todo: personas que obraron de buena fe terminan destruidas, familias enteras quedan deshechas, comunidades se fragmentan en bandos enemigos. La injusticia de la proporción entre yerros iniciales (que muchas vezes fueron pequeños y veniales) y consequencias finales (que son gravíssimas e irreparables) es marca distintiva de lo trágico que mueve a compassión. Refieren las crónicas de Egypto que en tiempos del Pharaón Tuthmosis, una disputa entre dos familias nobles sobre los límites de sus tierras, que comenzó con un yerro en las mediciones hechas por los agrimensores reales, escaló durante tres generaciones hasta que en una emboscada perecieron los varones principales de ambas cassas, quedando viudas e huérfanos sin amparo y perdiéndose las tierras que ambos disputavan, las quales passaron al patrimonio real.

Por ello, la tragedia no es simplemente mala fortuna ni sufrimiento ordinario que aflige a los mortales, sino un processo específico de acumulación que transforma yerros manejables y corregibles, en catástrophes que exceden toda medida. La muerte natural en su tiempo, quando el hombre ha vivido sus días y llega al término que Dios le señaló, no es trágica aunque sea dolorosa, pues es inevitable y parte del orden de la naturaleza caída. La tragedia ocurre quando la cadena de yerros acelera injustamente la muerte o produce destrucciones equivalentes a ella: locura que priva al hombre de su razón (que es su bien más precioso), exilio perpetuo que le arranca de su patria y familia, pérdida total de identidad o sentido que haze su vida más penosa que la muerte mesma. Esta aceleración injusta de lo inevitable, esta precipitación de males que no correspondían al tiempo ni a la culpa, es lo que haze trágico un desenlace y mueve el ánimo de quien lo contempla a horror y piedad.

VII. De lo Contingente y lo Inevitable

Aquí reside una de las paradoxas más profundas de la theoria del yerro, la qual ha de ser bien entendida para no caer en desespero ni en presumpción: lo contingente es inevitable por lo impredecible. Pero esto no significa que retrospectivamente, después de que la tragedia ha tenido lugar, no podamos ver con claridad meridiana lo que explique lo sucedido. Mirando desde el momento en que los agentes obrarvan y tomavan sus decisiones, dado el estado de sus entendimientos limitados, su coñocimiento parcial de las circunstancias, sus creencias (algunas inconvenientes), y el estado de sus passiones que turbavan su juicio; se comprende lo sucedido y por lo tanto, en situaciones parecidas algo podemos hazer para evitar que la tragedia se genere.


Esta doble naturaleza de la tragedia—contingente en quanto fue ineviitable dadas las circunstancias en quanto pudo no aver sido, mas explicable—haze qué su estudio sea útil y provechoso, aunque no se pueda prevenir una tragedia específica ya acaecida. No podemos mudar el passado que ya está escrito en el libro de los tiempos, ni podemos aver prevenido aquello que ya sucedió, pues para los agentes en su momento era inevitable dadas sus circunstancias y limitaciones. Mas podemos aprender la estructura de cómo cada tragedia particular se dessarrolla: qué creencias filtraron las percepciones de los agentes, qué passiones aceleraron sus respuestas sin dexar lugar a la prudencia, qué confusiones de tipo o proporción amplificaron los yerros hasta hazerlos fatales. Refieren los sabios de Egypto que durante el reynado de la Reyna Hatshepsut, quando se construía su grande templo en Deir el-Bahari, un error en los cálculos de los ingenieros causó el colapso de una columna que mató a varios obreros. Los ingenieros sobrevivientes estudiaron con diligencia qué havia fallado, no para ressucitar a los muertos (lo qual es impossible a los hombres) mas sí para asegurar que en las demás columnas no se repitiesse el mesmo yerro, salvando assí muchas vidas futuras.

Este aprendizaje sirve para situaciones estructuralmente análogas que puedan presentarse en el porvenir, aunque no sean idénticas en sus accidentes particulares. Quando enfrentemos circunstancias que comparten la mesma estructura causal que una tragedia passada, podemos reconocer los patrones y señales que anuncian peligro, y obrar differentemente guiados por la memoria de lo sucedido. Assí, el estudio de tragedias passadas no es exercicio de vana curiosidad ni entretenimiento ocioso, sino technología de aprendizaje colectivo (si es lícito usar tal término): cada tragedia explicada y entendida es una lección sobre nuestra falibilidad que, si se toma en serio y se guarda en la memoria de los pueblos, puede evitar que tragedias similares se repitan en otras circunstancias y otros tiempos, aunque no hemos de esperar eliminar la tragedia del mundo enteramente, porque siempre sucederán nuevas circunstancias para las quales no se dispone referencia o patrón que valga, excepto la fe en Nuestro Señor.

VIII. Del Testigo y la Explicación

Toda tragedia requiere de un testigo que observe y construya la cadena de causa y efecto, haziendo visible lo que de otra manera permanecería oculto e incomprensible. Este testigo puede ser interno (un sobreviviente que narra lo sucedido aviendo sido parte de los acontecimientos) o externo (un investigador, un chronista, un poeta trágico) que reconstruye retrospectivamente cómo los sucessos se encadenaron desde el principio hasta el fin. Sin esta reconstrucción narrativa que da orden y sentido, la tragedia permanece como chaos incomprensible: una sequencia de desgracias sin connexión apparente, como cuentas de rosario esparzidas que han perdido el hilo que las ordenava.


La función del testigo es identificar las causas y consequencias, mostrando cómo el Yerro primero produjo Malistar, que llevó a Respuesta primera, que contenía en su seno Yerro segundo, que también produjo Malistar, y assí sucessivamente hasta el desenlace fatal que cierra la cadena. Esta explicación no muda lo ocurrido (pues lo passado ni Dios lo puede hazer no-passado, como dizen los philósophos), mas transforma su significación: de evento incomprensible que parece obra del hado ciego o de la fortuna caprichosa, passa a ser sequencia comprensible de causas y efectos naturales. La capacidad de explicar es lo que distingue tragedia de mero azar: el azar puro no puede explicarse (pues no hay cadena causal identificable sino solo coincidencia fortuita), mas la tragedia sí puede y deve explicarse si ha de servir de enseñança. Cuéntase que después de la grande inundación que en tiempos del Pharaón Amenemhat destruyó varios pueblos a orillas del Nilo, los escribas reales estudiaron con diligencia todos los reportes y testimonios para entender qué havia causado tal catástrophe: si havia sido solo el capricho de los dioses o si ciertos errores en la construcción de diques y en la planificación de las siembras havían contribuido al desastre; y de su estudio resultaron nuevas ordenanças para la construcción de diques que salvaron a muchos de inundaciones futuras.

Por tanto, cultivar la capacidad de ser testigos atentos—de nosotros mesmos y de nuestras comunidades—es parte de la sabiduría práctica que todo christiano deve buscar. Quien puede reconstruir honestamente cómo sus propios yerros se encadenaron, sin caer en auto-flagelación estéril, ni en negación cobarde de su culpa, esse ha dado el primer passo para no repetir la mesma cadena fatal en el futuro. Y quien puede ayudar a otros a ver las cadenas causales en sus tragedias, sin juizio condenatorio mas con espíritu investigativo y caritativo, esse cumple función de genuina caridad intelectual y obra de misericordia spiritual, pues ayuda al próximo a entender sus males y assí a enmendarse, lo qual es obra grata a Dios que desea no la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.

IX. Del Aprendizaje que Previene

Del estudio profundo de los yerros y su propagación hazia tragedias emergen dos géneros de aprendizaje que, aunque relacionados, difieren en su naturaleza y su fin último. El primero es práctico y mecánico: mejoramos procedimientos y reglas, corregimos fallas en nuestros artificios, perfeccionamos sistemas y ordenamientos para que funcionen con menor probabilidad de yerro, assí como el artífice que lima las imperfecciones de su obra. El segundo es existencial y contemplativo: comprendemos mejor la condición humana en su fragilidad, reconocemos nuestros límites como criaturas, dessarrollamos humildad para lo que coñocemos sobre la complejidad del mundo que Dios ha criado, y aprendemos a no confiar en nuestras propias fuerças sino en la Divina Providencia que todo lo governa.

Ambos géneros de aprendizaje son valiosos y tienen su lugar en el ordenamiento de las cosas, mas el segundo es más fundamental porque atañe a cómo entendemos nuestra naturaleza como criaturas falibles después de la Caída. El aprendizaje práctico puede volverse presumpción y sobervia si no está acompañado del aprendizaje existencial: creemos que al perfeccionar nuestros artificios hemos vencido el yerro y dominado la fortuna, quando en realidad solo hemos reducido su probabilidad en ciertos dominios limitados, permaneciendo siempre sujetos a nuestra condición de mortales ignorantes. El aprendizaje existencial nos mantiene alertas ante la possibilidad permanente del yerro, no con ansiedad paralizante que impide obrar, sino con prudencia vigilante que es propria del sabio, assí como el navegante experto que coñoce los peligros del mar mas no por ello dexa de navegar. Los sacerdotes del antiguo Egypto, que guardavan los archivos de las inundaciones del Nilo por siglos y siglos, no pretendían controlar enteramente las aguas (lo qual es impossible a los hombres) mas sí aprender de cada inundación para prevenir daños en lo possible, reconociendo siempre que los límites últimos de su coñocimiento y poder dependían de fuerzas que excedían su comprehensión.

Las prácticas que reducen la probabilidad de tragedias no son meros protocolos técnicos que puedan escribirse en ordenanças y mandamientos, sino cultivos culturales de larga duración que han de arraigarse en las costumbres de los pueblos. Cultivar buena fe y consciencia en las acciones cotidianas sin dexar lugar a la negligencia; practicar communicación explorativa y caritativa ante yerros detectados sin importar cuán pequeños sean, evitando el regaño áspero que engendra rencor; realizar simulacros y exercicios que familiaricen con situaciones extraordinarias para que no cunda el pánico quando sobrevenga el peligro verdadero; revisar periódicamente las creencias implícitas que guían nuestras interpretaciones del mundo; dessarrollar consciencia de las proprias passiones y cómo afectan el juizio. Estas prácticas, mantenidas en el tiempo con constancia y diligencia, crían culturas menos propensas a las cadenas trágicas que hemos descripto, aunque nunca las eliminarán completamente pues ello excede las fuerças humanas.

X. De la Utilidad Final desta Doctrina

El título deste tratado promete que lo inevitable es explicable y provechoso, y agora, aviendo recorrido sus principales doctrinas, cumple mostrar por qué assí es. Hemos mostrado por qué lo inevitable (dado el momento presente y las circunstancias de los agentes) es explicable (mediante reconstrucción causal que haze el testigo mirando hazia atrás). Réstanos mostrar por qué es provechoso y útil: no para deshazer lo ya hecho, que es impossible aun a Dios según los Doctores de la Iglesia, sino para iluminar el porvenir con las lecciones del passado, assí como la antorcha ilumina el camino del viajero nocturno.


La utilidad no consiste en eliminar completamente el yerro de este mundo sublunar, lo qual es impossible dada nuestra naturaleza caída y la corrupción que el Pecado Original introduxo en todas las cosas humanas. La utilidad consiste en reducir la frequencia y severidad de las cadenas trágicas mediante comprehensión más profunda de cómo se forman, se propagan y se acumulan hasta produçir grandes males. Consiste en dessarrollar capacidades colectivas para reconocer quando estamos entrando en dinámicas peligrosas que presagian mal fin, y cómo interrumpir las cadenas antes que alcançen aquella densidad crítica que las haze imparables. Consiste en cultivar sabiduría práctica sobre nuestra falibilidad que no nos paralice con miedo ni nos hunda en desespero, sino que nos guíe en el camino estrecho de la prudencia que evita tanto la presumpción como la pusilanimidad. Cuéntase que los sacerdotes de Thoth en el templo de Hermópolis Magna guardavan en sus archivos no solo las memorias de los éxitos y glorias de los Pharaones, mas también y muy especialmente las memorias de los desastres y tragedias que havían afflicto al reino, juzgando (y con razón) que de los males passados se aprendían lecciones más útiles que de los triumphos, pues el éxito muchas vezes enseña sobervia, mas el fracasso enseña humildad y prudencia.


Colophón

Assí, este antiguo tratado, salvado por la Divina Providencia del fuego que consumió tantos saberes en aquella Bibliotheca de Alexandria que fue maravilla del mundo antiguo, cumple su función si ayuda a quien lo lee a ver con mayor claridad la estructura del yerro y la tragedia, y a reconocer en su propria vida y en la de su comunidad los patrones que conducen al mal. No promete perfección ni invulnerabilidad, pues tales promessas serían falsas e imprudentes, contrarias a la doctrina christiana que enseña nuestra radical dependencia de la Gracia divina. Promete solamente lo que es possible en este valle de lágrimas: comprehensión más profunda de nuestra condición de criaturas falibles que han de obrar en la escuridad parcial, y con essa comprehensión, possibilidad de obrar con mayor sabiduría y menor daño ante los inevitables yerros que nuestra naturaleza finita nos impone. Que esta sea recompensa suficiente para quien ha tenido paciencia de leer hasta el final, y que Dios Nuestro Señor, en cuya luz no hay tinieblas ni yerro alguno, nos conceda la Gracia de obrar con prudencia en este mundo y merecer la Gloria del otro donde no havrá más llanto ni tragedia.

He completado este sumario según mis capacidades y según mi comprehensión del texto latino, que reconozco puede ser imperfecta como toda obra humana después de la Caída. Muchas noches he passado en vela estudiando este tratado, consultando con hermanos de nuestra Compañía más doctos que yo en lenguas antiguas, y rezando para que el Espíritu Santo iluminara mi entendimiento en la tarea que se me encomendó. He procurado reducir un volumen de más de trezientas páginas a este breve sumario sin traicionar el sentido original, lo qual no es empresa pequeña ni fácil, pues como dize el refrán castellano: "lo bueno, si breve, dos vezes bueno", mas también es verdad que abreviar sin mutilar requiere grande arte y juizio.

Ofrezco este trabajo a la consideración de mis superiores en la Compañía de Jesús, especialmente a nuestro Padre Provincial que me encomendó esta tarea confiando en mi diligencia más que en mi talento. Ofrézcolo también a todos los varones doctos que quisieren leerlo con ánimo caritativo, rogándoles que si hallaren en él algún yerro de traducción o interpretación, lo corrijan con mansedumbre y me instruyan en lo que devo emendar, pues ningún hombre es tan sabio que no pueda aprender de otros, ni tan perfecto que no necessite corrección. Y si hallaren que algo de provecho ay en este trabajo, sea toda la gloria para Dios Nuestro Señor, de quien viene toda sabiduría verdadera y sin quien nada bueno podemos hazer.

He puesto particular cuidado en que esta doctrina del yerro y la tragedia se entienda dentro del marco de nuestra Santa Fe Cathólica, y no como doctrina separada o contradictoria a ella. Pues bien es verdad que el tratado original fue escrito por un philósopho gentil que no coñoció la luz del Evangelio, mas ello no impide que contenga verdades naturales que, bien entendidas, confirman y complementan las verdades sobrenaturales que la Revelación nos enseña. La doctrina del Pecado Original nos enseña que el hombre, después de la Caída, quedó inclinado al mal y al yerro; esta doctrina antigua sobre la falibilidad humana no contradize aquella enseñança sino que la ilustra con observaciones detalladas sobre cómo se maniffiesta nuestra naturaleza caída en lo cotidiano de nuestras vidas.

Si este pequeño trabajo puede ser de alguna utilidad para prevenir males y ayudar a los hombres a vivir con mayor prudencia—especialmente a nuestros hermanos missioneros que han de gobernar comunidades de neóphitos en tierras remotas, y a todos aquellos que tienen cargo de almas—entonces todo el esfuerço y los desvelos havrán valido la pena. Mas si resultare que he yerrado en mi juizio al juzgar este tratado digno de ser resumido y divulgado, acepto con humildad la corrección de mis superiores y me someto a su juizio, reconociendo que mi entendimiento es limitado y que puedo haverme engañado en la apreciación de la utilidad de esta obra.

Ruego finalmente a Dios Nuestro Señor que, assí como permitió que este texto se salvara de las llamas que consumieron la Bibliotheca de Alexandria, assí también permita que las verdades contenidas en él sirvan para salvar almas del fuego eterno mediante la práctica de la prudencia y el reconocimiento humilde de nuestras limitaciones. Que Él, que es Luz Verdadera en la qual no hay tinieblas ni sombra de mudança, nos guíe en nuestro caminar por este mundo obscuro hasta que lleguemos a Su presencia donde toda tragedia cessa y todo llanto es enjugado. Y que la Santíssima Virgen María, Nuestra Señora, interceda por nosotros ante Su Hijo para que tengamos la Gracia de obrar con sabiduría en esta vida y merecer la Gloria de la otra.

Acabado en el Monasterio de San Sebastián, en la fiesta de San Ignacio de Loyola, fundador de nuestra Compañía, año del Señor de mil y seiscientos y ochenta y siete.

Padre Ignacio de Gaztelu
De la Compañía de Jesús
Indigno siervo de Nuestro Señor Jesu-Christo


Nota del Autor-Traductor: Acerca de la Historia deste Documento y las Razones que me Movieron a su Reducción

Llegó este singular tratado a mis manos por medio de nuestro Padre Provincial, quien lo recibiera de un anticuario de conocida probidad y trato honesto con nuestra Orden. Refirió el mercader que el texto latino había sido trasladado de un original griego, rescatado por un guarda de aquel espantoso incendio que consumió la Gran Bibliotheca de Alexandria. Este, siendo iletrado mas no falto de entendimiento para conocer el valor de los volúmenes, vendió varios textos salvados del fuego a un mercader syrio que traficaba en el puerto, el qual los transportó por las aguas del Mare Nostrum hasta la ciudad de Venecia, donde un docto varón los vertió al latín en tiempos del Dux Enrico Dandolo.

El manuscrito latino pasó después a la bibliotheca del Monasterio de Cluniacum, donde permaneció olvidado entre volúmenes de theologia y exposiciones de las Sagradas Escrituras hasta que un hermano archivista, hombre diligente y curioso, lo descubrió durante aquella reorganización que el Abad mandara hazer para mayor gloria de Dios y provecho de los studiosos. Reconociendo el valor que para la instrucción de muchos pueblos tenía este saber, los monjes encargaron traslados a la lengua francesa, a la alemana y a la italiana, con esperanza de que sus enseñanzas pudiesen servir a toda la Christiandad. Mi Superior, considerando la utilidad deste conocimiento para nuestros hermanos que trabajan en las missiones de las Indias Occidentales y Orientales, me encomendó componer este sumario en nuestra lengua, tarea que he cumplido no sin grande trabajo, procurando la mayor fidelidad possible al sentido que el texto original encierra.

Aunque el texto original refiriese a los falsos dioses del Egypto y de Grecia, sus observaciones sobre cómo los hombres yerran y cómo sus yerros se encadenan hasta producir grandes males, son verdades universales que no contradicen nuestra Fe sino que la confirman.

¿Qué es, en efecto, la doctrina del Pecado Original sino el reconocimiento de que nuestra naturaleza, después de la Caída de nuestros primeros padres, quedó inclinada al yerro y a la falta? ¿Qué nos enseñan los Santos Padres de la Iglesia sino que debemos reconocer nuestra flaqueza y nuestra ignorancia, y no confiar en nuestras propias fuerças sino en la Gracia divina? Somos criaturas limitadas, nuestro entendimiento es corto, nuestras passiones nos ciegan, y solo mediante la humildad y el reconocimiento de nuestros límites podemos aspirar a obrar con prudencia. Hízelo pensando especialmente en nuestros missioneros que han de llevar la luz del Evangelio a tierras remotas, donde han de tratar con pueblos diversos y donde la comprensión de cómo los yerros se propagan entre los hombres puede ayudarles a prevenir conflictos y desaventuras. Pensé en los superiores de órdenes religiosas, en los gobernadores de pueblos y ciudades, y en todos aquellos que tienen a su cargo el gobierno de otros, pues a todos ellos puede servir de provecho entender cómo pequeños yerros, si no son conocidos y corregidos a tiempo, pueden crecer hasta convertirse en grandes tragedias.

Ruego a Dios Nuestro Señor que, si este pequeño trabajo puede ser de alguna utilidad para prevenir males y ayudar a los hombres a vivir con mayor prudencia, sea toda la gloria para Él, pues del hombre no viene sino el yerro, y solo de Dios viene toda sabiduría verdadera.


Luego de esta lectura en Castellano cervantino, sentí la necesidad de conectarla con nuestra contemporaneidad. Para ello recurro a un truco quizás no demasiado original, pero pertinente: la letra de la canción de los Beatles “Dear Prudence” y un link a YouTube para quienes no la conozcan ejecutada, especialmente para los jóvenes que van quedando cada vez más distanciados de esos faraones del rock, así como la Humanidad fue perdiendo rastro de lo valioso que haya podido heredar del Antiguo Egipto.


Dear Prudence (1968)

Dear Prudence, won't you come out to play?
Dear Prudence, greet the brand new day
The sun is up, the sky is blue
It's beautiful and so are you
Dear Prudence, won't you come out to play?
Dear Prudence, open up your eyes

Dear Prudence, see the sunny skies
The wind is low, the birds will sing
That you are part of everything

Dear Prudence, won't you open up your eyes?
Look around, round (round, round, round, round, round, round, round)
Look around, round, round (round, round, round, round, round, round, round)
Look around

Dear Prudence, let me see you smile?
Dear Prudence, like a little child
The clouds will be a daisy chain
So let me see you smile again

Dear Prudence, won't you let me see you smile?
Dear Prudence, won't you come out to play?
Dear Prudence, greet the brand new day
The sun is up, the sky is blue
It's beautiful and so are you
Dear Prudence, won't you come out to play?

Compositores: Paul Mccartney / John Lennon. Letra de Dear Prudence © Sony/atv Tunes Llc, Mpl Communications Inc

https://youtu.be/M-2lMstw6qs?si=U90FT8MNOGrohIO-