Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

21.3.13

Estupidez tamaño oficio

Llego temprano a la Av. Francisco Solano con Pascual Navarro. Entre muchos papeles y calcomanías pegadas a los vidrios de la oficina pública a donde voy, dice en una hoja carta desteñida: "Horario: Lun-Vie 8am-4pm. Otorgamientos: 8:30am-2:30pm." Como a las 8:25, retrasado casi media hora, el portero abre la puerta, también de vidrio, y dice: "Pasen y siéntense."

Estoy allí para notariar un permiso de viaje corto para mi hijo adolescente. Ya exigir que "el escrito" vaya firmado por un abogado me parecía un exceso. "¿Qué complicación legal encierra esta gestión?" me preguntaba. En todo caso accedí y el día anterior pedí el favor a una vecina quien, amablemente, buscó su sello y lo estampó junto con su firma, por supuesto, luego de leer mi "opus legalae" (lo que escribí, humildemente, que pareciera que me quedó bien).

Carlo Cipolla escribió un genial Tratado sobre la Estupidez Humana que recordé luego de encontrarme ante lo que resultó ser una infructuosa gestión de papeleo. En ese tratado, Cipolla define la estupidez más o menos como lo que hacen personas que perjudican a los demás sin obtener ningún beneficio, o incluso incurriendo en perjuicios contra sí mismos.

Una gestión como la de sacar ese simple permiso me fue rechazada porque llevé "el escrito" en una hoja tamaño carta. "Ese escrito hay que entregarlo en hoja tamaño oficio" me indicó sádicamente el portero sin terminar de chequear todos los recaudos que había llevado (copias ampliadas de cédulas, partida de nacimiento, etc.). Una señora irrumpió para secundarlo, agregando que "todo abogado lo sabe, le han debido imprimir éso en una hoja oficio."

Intento argumentar que "el escrito" tiene tan pocas líneas que no hace falta un papel más grande. El portero, chorreando sarcasmo, me interrumpe para decir "si quiere se lo recibo, pero va a perder una hora, porque cuando salga de la revisión habrá sido de todos modos rechazado."

Tomo mi paquete de hojas. Salgo y camino por el Boulevard de Sabana Grande confirmando que Cipolla tiene también razón en otra de sus "leyes" que dice más o menos así: uno siempre subestima la cantidad de estúpidos en circulación. Quizás ese tipo de empleados no son exactamente los autores intelectuales de la "norma" que nos obliga a los ciudadanos a utilizar un tamaño de papel que, obviamente, no hacía falta para un escrito tan corto.

Es una estupidez tamaño oficio la que quizás se contagie por aire y también afecte a muchas oficinas en asuntos mucho más complejos como Control de Cambio, Compra de Armas, Sistema Eléctrico, etc., condenándonos a los venezolanos a una decreciente calidad de vida, pero sobre todo a una decreciente capacidad de diálogo, a un conformismo, a una fatalidad de tener que aceptar que se conduzca al país de una manera tan abusiva y eficientemente inútil.

Modificar las "normas" estúpidas podría incidir en un cambio de conducta de ese tipo de empleado que está para atendernos a los ciudadanos. Éso podría ocurrir, creemos, si presionamos a las autoridades para que cambien las normas. Y de pronto nos sacude Cipolla con otra ley que dice más o menos así: uno siempre sobre-estima su capacidad de lidiar con estúpidos.

Parece entonces que el camino será la lucha democrática por cambiar las actuales autoridades, pero asegurándonos de inocularles la lectura de Cipolla a las nuevas, para que les sirva como "vacuna" que impida que terminen haciendo lo mismo que le estamos criticando a quienes nos gobiernan hoy.

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