Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

20.9.08

Maletinicidio y Arepicidio

Personas de medios de comunicación oficiales y en los diferentes poderes (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Moral...) tienen más de un año intentando aparentemente hacer desaparecer un maletín que comenzó a tener vida propia en Buenos Aires, en Agosto de 2007. Su “nacimiento” ocurre luego de que sus “padres” lo enviaron en un avión alquilado por una empresa petrolera argentina, socia de PDVSA. Ese recién nacido traía mucho más que “una arepa bajo el brazo”. Su portentosa carga, calculada a tasa oficial, podría alcanzar para comprar suficiente harina como para preparar unas 35 millones de arepas...

Arepas suficientes para que una escuela de 1.000 alumnos les incluyera una en el desayuno a cada uno, durante los próximos 100 años. Pero estas magnitudes no parecen impresionar. Los niños venezolanos son frecuentemente relegados a un segundo plano, para atender “necesidades” de otros. Desde los insólitos subsidios de combustible a ciudades ricas como Londres y Nueva York, hasta ayudas a conmovedoras urgencias humanitarias de pobrísimos países como Haití o Bolivia, han tenido una mayor prioridad. Parece buscarse aparentar un inusitado desprendimiento respecto a lo material, mientras existen, paradójicamente, tantas necesidades básicas y urgentes en nuestra propia población.

Lo equivalente a 35 millones de arepas llegó a Argentina para atender algún tipo de necesidad. Si la necesidad hubiese sido relevante para los venezolanos, habría sido muy sencillo que el gobierno reconociera la existencia del maletín y, sobre todo, que hiciera lo posible por recuperarlo. Pero algo impropio, quizás ilegal, iba asociado al destino de esas potenciales arepas.

De allí que muchos parecen mantener la intención de perpetrar una especie de maletinicidio, o sea, desaparecer la evidencia o, al menos, ocultarla. Un Estado que se comporta de esa manera se encuentra en serios problemas. No hay argumento posible que, basándose en alegar un asunto de seguridad nacional, pueda justificar un arepicidio de esta naturaleza, a menos que se quiera prescindir de las leyes y del sentido común.

Para salvar su credibilidad, las instituciones venezolanas tienen la obligación de identificar a los maletinicidas y juzgarlos. Pero no deben olvidarse de los “progenitores” o autores intelectuales del maletín ¿A quién se le ocurrió mandar el equivalente a 35 millones de arepas a Buenos Aires, habiendo tantas necesidades básicas y urgentes en cualquier ciudad venezolana? Hay responsables tanto del maletín en sí mismo, como del haber pretrendido hacerlo desaparecer.

La Contraloría, la Fiscalía y la Asamblea tienen un rol protagónico que cumplir. No es suficiente con que logren activarse a un año de ignorar el asunto. Es indispensable que resuelvan este caso para que no se les considere cómplices de lo que sea que haya estado mal hecho. Un año de retraso sólo indica el nivel de presión al que han estado sometidas.

600 camiones transportando los 35 millones de arepas, copando la Av. Bolívar... Ese es el tamaño del maletín, ese es el tamaño problema que deben responsablemente resolver.

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