Ser pragmatista implica...

Que las consecuencias nos acerquen al logro de nuestros objetivos, tomando en cuenta el contexto interactivo en el que ocurren. Enfocarnos en el para qué y no en el por qué decimos o hacemos lo que digamos o hagamos.

12.2.15

Lucha contra razonar linealmente

Ante la compleja situación venezolana, es inevitable participar en conversaciones o debates, sean estos en la calle, en nuestra casa o en reuniones especialmente convocadas para ello. La gran pregunta es la misma que Lenin se hacía hace un siglo: "¿Qué Hacer?". La pregunta está bien, lo que creo que falla es la manera como intentamos darle respuesta.

Lo más común a la hora de producir respuestas es darle uso a nuestro aparato de razonar, nuestra mente. Una de las maneras como la educación tradicional influye en la fabricación de ese aparato, es colocándole un "software" que nos conduce por default a pensar linealmente. Pensar linealmente afecta de muchas maneras nuestra forma de razonar, pero una de las principales es que nos lleva a hacer sólo cierto tipo de asociaciones: por similaridad, por oposición o por contiguidad (cercanía) en el tiempo y/o el espacio (o sea en el espacio-tiempo, pues).

Por ejemplo, ante la descarada conducta delincuencial del actual gobierno, se propone actuar de la misma manera; es decir, tenemos que ser tan malandros como ellos. Esto es razonar la respuesta por similaridad, o como ocurre en medicina alternativa, a la enfermedad atacarla con más enfermedad, homeopáticamente. Otro ejemplo: ante la indiferencia de muchos se proponen campañas para generar empatía; o ante la polarización, se propone reconciliación. Este es un enfoque más relacionado con la medicina alopática, pues ante la emergencia de un síntoma se busca suprimirlo y así recobrar el equilibrio perdido. Finalmente, por contiguidad se agrupan las respuestas reactivas: si el gobierno dijo "A", entonces hay que salir a decir "No A"; a cada iniciativa, una reacción... y por ese camino terminamos cansados y sin iniciativas propias. La metáfora subyacente sería entonces que vemos la política como una enfermedad y nos proponemos buscar una cura. ¿Qué tal si concebimos la política de otra manera?

Pero esto no es lo peor. El pensamiento lineal nos encasilla y nos hace predecibles. Ante la expectativa de provocar un gran impacto con lo que hagamos, pensamos que debemos emprender cambios tan grandes como el impacto a lograr. Si, por el contrario, alguien propone un cambio pequeño, inmediatamente lo descalificamos porque suponemos que su impacto será igualmente pequeño. Escogemos entonces provocar grandes cambios y si el impacto que producen es pequeño, nos sentiremos frustrados. Así, por seguir pensando linealmente, repetimos nuestras frustraciones y olvidamos que es posible que pequeños cambios pueden en efecto sorprendernos al producir grandes impactos (ver gráfico).

Cambios en nosotros mismos los consideramos usualmente como "pequeños" y los despreciamos o posponemos hasta que la mayoría cambie. Fantaseamos con que eso podríamos lograrlo a través de los contenidos en los medios de comunicación social (TV, radio, prensa) y en los medios sociales de comunicación (redes sociales). Pero el reto está en pensar no linealmente para concebir cambios tanto pequeños como grandes; y eso implica incorporar otro "software".

¿Dónde se consigue ese software? Se consigue en la poesía, el arte, la literatura, la meditación, la contemplación de la naturaleza, la música, el movimiento corporal, la escucha, el diálogo, el uso de metáforas, el rechazo a marcos de referencia impuestos por el poder (frames), el rechazo a dogmatismos. Se consigue dándonos cuenta de qué funciona y qué no funciona.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por el comentario! Podrá ser publicado una vez revisado...